WALTER BEVERAGGI ALLENDE
Abogado y Doctor en Economía, Presidente de la CONFEDERACION NACIONALISTA ARGENTINA
DEL YUGO SIONISTA A LA ARGENTINA POSIBLE
(Esquema económico de la DEPENDENCIA y la LIBERACION ARGENTINA)
Año 1976
INDICE DE MATERIAS
Cap. I - INTRODUCCION: El “cipayismo” o la
“servidumbre”, única alternativa actual. . . 13
Parte 1 - De la DEPENDENCIA
Cap. II -LA ARGENTINA POSIBLE Y LA AR¬ GENTINA ACTUAL . 17
1. Colonización ideológica y subordinación econó¬ mica.
2. Productores argentinos y comercializadores ex¬ tranjeros.
3. Florecimiento porteño y raquitismo nacional.
4. La “bélle époque” del colonialismo tradicional (1852-1930).
5. Las primeras reacciones nacionalistas frustra¬ das (1930-1955).
6. Cautiverio económico y frustración nacional.
Cap. III -ESQUEMA ECONOMICO DE LA DE¬ PENDENCIA . 27
1. “Proteccionismo nacionalista” versus “Liberalis¬ mo antinacional”.
2. Técnicas inglesas de dominación económica.
3. La Constitución de 1853: fundamento insti¬ tucional de ARGENTINA-COLONIA.
4. Agravamiento de la dependencia y la catástrofe inflacionaria: 1946-1975.
5. La agresión imperialista al desnudo: desnaciona¬ lización, desabastecimiento, vaciamiento ( 1955 -1975).
6. Técnicas contemporáneas del desmantelamien- to económico argentino.
Cap. IV -ESQUEMA POLITICO QUE INSTITU¬ CIONALIZA LA DEPENDENCIA . 49
1. El “tablado político” que oculta las “efectivida¬ des conduncentes” económicas.
2. Los “fuegos artificiales” de 1945-1955.
3. El retomo a la "verdad desnuda”: 1955-1975.
4. Complicidades por idiotez o por vanidad.
5. Los grandes accesorios del imperialismo econó-
mico: Universidad, medios masivos de difusión, estructuras gremiales.
6. Una acotación necesaria.
V - DE LA ARGENTINA-COLONIA A LA PO¬ SIBLE DESINTEGRACION NACIONAL. 70
1. Alternativas del desmembramiento: desde la “Andinia Israelí” a cualquier variante marxista.
2. Agresión económica “nuevo modelo” o la burla “Argentina potencia”.
3. La guerrilla marxista y sus efectos económicos.
4. Las coincidencias liberales y marxistas en cuanto al desmantelamiento de Argentina.
5. El debilitamiento de la Defensa Nacional.
6. El desguarnecimiento de nuestras fronteras.
7. La pertinacia “entreguista” de nuestras autori¬ dades económicas y políticas: el “descontrol de cambios”.
Parte II - De la LIBERACION NACIONAL
VI -ESQUEMA ECONOMICO DE LA LIBE¬ RACION NACIONAL . 87
1. El “ Ordenamiento Revolucionario Económico ‘Na¬ cionalista” (O. R. E. N.); decálogo de nuestra liberación:
1. DESMANTELAMIENTO DE LA USURA Y DE LOS EFECTOS CAUSADOS POR ELLA: MORATORIA GENERAL INTER¬ NA.
2. REORDENAMIENTO PATRIMONIAL NACIONAL.
3. IMPULSO DE LA PRODUCCION PARA ALCANZAR DE INMEDIATO LA PLE¬ NA OCUPACION: DERECHO AL TRA¬ BAJO.
4. INVESTIGACION Y DEPURACION DE LA DEUDA EXTERNA.
5. NACIONALIZACION DEL COMERCIO EXTERIOR ARGENTINO.
6. NACIONALIZACION DE LOS BANCOS PRIVADOS ARGENTINOS Y LIMITA¬ CION DE LOS BANCOS EXTRANJEROS
7. ORDENAMIENTO DE LA COMERCIA¬ LIZACION.
8. ESTABLECIMIENTO DE UN SISTEMA DE “SEGURO SOCIAL INTEGRAL” EN TODO EL TERRITORIO DE LA NACION
9, REORGANIZACION DE NUESTRO SIS¬ TEMA FISCAL E IMPOSITIVO.
10. RUPTURA CON EL “FONDO MONETA¬ RIO INTERNACIONAL” Y CUALQUIERA OTRA TUTELA TECNICA EXTRANJERA.
2. Algunas breves consideraciones sobre el O. R.
E. N.: nacionalismo no es “estatismo”, ni “libe¬ ralismo” es “libertad económica”.
Cap. VII -ESQUEMA POLITICO DE LA LIBERA¬ CION ECONOMICA NACIONAL . 111
1. Del “parloteo político” al Parlamento Econó¬ mico.
2. “Derechos” y “obligaciones” económicas de particulares y empresas.
3. Funciones económicas del Estado.
Cap. VIII -ALGUNAS CONSIDERACIONES ADI¬ CIONALES . 121
1. El “mea culpa” del régimen liberal, a través de uno de sus pocos exponentes excepcionales: Es¬ tanislao Zeballos.
2. La preservación nacional y la restauración eco¬ nómica argentina no es tema para “gallinas”.
3. Necesidad de una “estrategia nacional”.
4. Otra voltereta del régimen-, el pronunciamiento “reorganizador” del 24 de Marzo de 1976.
A la juventud argentina NACIONALISTA —civil y militar —, cuyos exponentes sean ca¬ paces de llegar a la madurez y mantener in¬ declinablemente su militancia combativa, sin “ aburguesarse ”, ni corromperse, frente a los halagos del soborno o la tentación de la moli¬ cie y la cobardía.
PREFACIO
En noviembre de 1974, el Comandante General de Marina, Alte. Massera, invitó al suscrito a pronunciar una conferencia en la Escuela de Guerra Naval. Días después, el mismo Almi¬ rante Massera formulaba una calurosa defensa de la “institu¬ cionalización ’, según él vigente, lo cual movió al suscripto a dirigirle una carta pública , entre cuyos párrafos podían leerse los siguientes:
“Cuando aún resuena el eco de su terminante aseveración, formulada hace pocos días en Puerto Belgrano, de que la Fuerza bajo su mando habrá de defender a todo trance la institucionalización en curso, una celebración de la ORGANI¬ ZACION SIONISTA ARGENTINA (diario La Razón, 3-XI-74, p. 4) pone de relieve el trágico pero real significado de esa ‘institucionalización’ para nuestro desventurado país. Por las siguientes razones:
”1 . Tal como lo demuestra incontestablemente el estupendo libro del Ing. Rinaldo Ubertalli —‘ALIANZA CONTRA EL EL PROGRESO’— recientemente aparecido, lo único verdadera¬ mente institucionalizado en nuestro país es la DEPENDENCIA más cruda y desembozada, respecto del imperialismo y los in¬ tereses extranjeros.
2. Esa DEPENDENCIA ha significado que nuestro país —relativamente el más rico y laborioso del mundo, con una sólida tecnología propia y una cultura popular tal vez sin parangón— se vea en una crisis de miseria, de estancamiento, de corrupción y de caos, como ningún otro país civilizado en las actuales circunstancias.
”4. Ya en 1966, un prominente corresponsal europeo ra¬ dicado en nuestro país, el Sr. Enrique Kirschen, sostenía en sus publicaciones que 'VEINTE MILLONES DE ARGENTI¬ NOS TRABAJABAN PARA DOS O TRES MIL USUREROS”.
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”5. Y está demostrado, Sr. Almirante, que quienes dirigen y usufructúan la expoliación masiva del pueblo argentino son los JUDIOS-SIONISTAS, tal como lo viene sosteniendo, entre otros, un valeroso autor judío, el Sr. Jacques Zoilo Scyzoryk, en sus libros ‘INVASION SIONISTA’, ‘EL IMPERIALISMO JUDEO-SIONISTA Y LA DESINTEGRACION ARGENTINA’ y ‘LA SINARQUIA SIONISTA CONSPIRA CONTRA LA PAZ MUNDIAL’.
”6. Más aún: en 1966, un alto funcionario del gobierno del Presidente Illía y destacado dirigente del Radicalismo del interior del país, Sr. Enrique Sorasio, entonces Vicepresidente de la Junta Nacional de Carnes, oyó de labios del propio Mi¬ nistro de Economía de Israel que nuestra Economía (la ar¬ gentina ) ‘estaba manejada por 3.000 financistas’ y que el 80 % de los mismos eran hombres de ellos’ (vale decir, judíos-sio¬ nistas). Véase este testimonio, reproducido ne mi libro “EL DOGMA NACIONALISTA’, y nunca desmentido por nadie.
”7. No por casualidad José Ber Gelbard, Julio Broner, Adolfo Madanes, Caraballo Hirsch, Bunge & Born y toda la constelación Sionista ha estado, y sigue virtualmente en el pleno control de la Economía nacional y desde ese privilegiado sitial continúan promoviendo la inflación, el mercado negro, el blan¬ queo de capitales, la desvalorización incesante de nuestro peso y todo un descalabro planificado que sólo favorece a los tene¬ brosos que lo manejan y a los designios de la organización internacional que sirven.
”8. Pues bien, Sr. Almirante, estas cosas que ya no son secreto para nadie, no le han impedido a dos máximos expo¬ nentes de nuestras ‘instituciones’ políticas, Dres. José Antonio Allende y Antonio Trócoli (representantes del oficialismo y la oposición, respectivamente), concurrir al ágape de la OR¬ GANIZACION SIONISTA ARGENTINA y expresar sus plᬠcemes a los verdugos de la Nación y del pueblo argentino.®
° Por una inadvertencia, el suscripto omitió señalar, en aquella oportunidad, otra presencia importante y reveladora en el ágape de la O.S.A. : la del Senador Nacional peronista Italo Luder, poco tiem¬ po después elegido Presidente del Senado de la Nación y candidato virtual a la sucesión presidencal por la vía “institucional”.
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”9. En consecuencia, yo le pregunto al Señor Comandante General, si con el trasfondo de intereses económicos que hoy manejan a su antojo la política nacional, nosotros podemos hablar de una 1NSTITUCIONALIZACION’ DIGNA DE SER DEFENDIDA?
”10. No vacilo en afirmarle, por otra parte, que el terro¬ rismo y la subversión, con toda su monstruosa secuela de crí¬ menes e inmoralidades, consisten tan sólo en un ‘juego psico¬ lógico’ manejado e instrumentado por el IMPERIALISMO SIO¬ NISTA aludido, para distraer a la opinión pública del panorama de latrocinio, genocidio económico y vaciamiento del país en que están empeñados, conjuntamente con sus grandes cóm¬ plices y sirvientes locales.”
Y como si premonitoriamente temiera, luego de la expre¬ sión de tales conceptos, por la viabilidad del evento impor¬ tante para el cual había sido oficialmente invitado, agregaba, al término de dicha carta pública:
“Espero, Sr. Almirante, que esta carta no sea óbice para que oportunamente se concrete la amable invitación que Usted recientemente me extendiera, para disertar el año próximo en la Escuela de Guerra Naval.”
Lamentablemente, la carta fue óbice para la conferencia, que nunca se pudo concretar, pese a mis reiteradas notifica¬ ciones a la Dirección de dicha Escuela, en el sentido de que estaba listo para cumplir con mi compromiso.
Y creo que esa frustración ilustra uno de los problemas de que adolecen los conductores ‘‘liberales” de nuestras Fuer¬ zas Armadas (y desde luego, también, de todas las restantes áreas del quehacer nacional) : LO GRAVE NO ES —A JUICIO DE ELLOS- LA DOMINACION SIONISTA QUE NUES¬ TRO PAIS PADECE, SINO EL QUE ALGUIEN SE ATREVA A SEÑALARLO!!...
De todas maneras, en las páginas que siguen, con algunos agregados posteriores, se encontrará la médula de aquella con¬ ferencia que nunca llegó a pronunciarse.
W. B. A.
Córdoba, 25 de mayo de 1976.
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CAPITULO I
INTRODUCCION
"La economía es la ciencia del amor a la Patria ”
(G. Pecchio)
El “cipayismo” o la “servidumbre”: única alternativa actual
Los argentinos somos libres: sólo que, por ahora, nuestra libertad se ejercita en las siguientes alternativas: 1) ser cipa- yos imbéciles”,1 2) “cipayos resignados” o, 3) “siervos del im¬ perialismo”.
La primera —cipayos imbéciles— consiste en que nosotros, pudiendo ser ciudadanos pletóricos 2 de un país opulento, en razón de una ignorancia deliberada de nuestras enormes posi¬ bilidades de progreso y justicia económica, nos limitemos a vivir prácticamente en la indigencia o en la miseria. Esa igno¬ rancia deliberada, o “intencional”, supone simplemente imbe¬ cilidad.
La segunda —cipayos resignados— supone llegar a la mis¬ ma condición, pero no por ignorancia deliberada, sino por sim¬ ple resignación; o sea, que en este caso, el ciudadano conoce su estado de inferiorización frente a un dominador o explo¬ tador extranjero, pero lo acepta dócilmente, y aún alegremente.
La tercera —siervos del imperialismo— no significa el alla¬ namiento voluntario a la condición de cipayo, o sirviente del explotador extranjero, sino una suerte de acatamiento fatalista
1 Cipayo era el apodo dado en la India a los nativos que se ponían al servicio de los conquistadores ingleses y luchaban bajo su mando, aún en contra de sus propios connacionales.
- Al decir “pletóricos” queremos significar satisfeohos o colma¬ dos, en el sentido, esencialmente, de las necesidades materiales. Evi¬ tamos la palabra “felices”, como alternativa de “pletóricos”, porque en un país de raíz cristiana y por consiguiente de sustancia espiritua¬ lista, la felicidad está mucho más asociada —lo creemos— con la ple¬ nitud espiritual que con las satisfacciones materiales, por respetables que éstas sean.
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de la condición de servidumbre a que el imperialismo nos ha condenado, desde hace más de un siglo.3
La libertad que no nos está 'permitida a los argentinos es la de convertirnos en ciudadanos dignos de un país próspero y justo. Porque para que tal libertad pudiera alcanzarse, ten¬ dría que darse primero la condición de que los argentinos rea¬ sumiéramos el control de nuestro país y la determinación propia en todos los asuntos que nos conciernen como Nación, reasu¬ miendo así el perdido "poder de decisión”.
En este trabajo no pretendemos, tal vez, decir cosas ente¬ ramente novedosas, ni revelar informaciones espectaculares. En gran medida, lo que decimos en él lo hemos anticipado ya, fragmentariamente, en otros precedentes: “Argentina: cautive¬ rio económico y frustración nacional (1967), ‘‘El Dogma Na¬ cionalista” (1969), “Contenido y justificación del Nacionalismo Económico” (1971), “La inflación argentina, 1946-1975” (1975). Lo que aquí pretendemos es, simplemente, sistematizar la ex¬ posición de cómo y por qué llegamos a la dependencia y nos mantenemos en ella, a pesar de que ésta se agrava permanen¬ temente y sus efectos nos resultan cada vez más insoportables.
No pretendemos escribir un libro, ni un tratado sobre la materia por más que tal intención se encontraría plenamente justificada y sobraría material para desbordarlo sino exponer, lo más abreviadamente posible, una explicación que posibilite a todos los argentinos que saben leer y escribir, la comprensión del estado de “dependencia” que padece nuestro país y los medios técnicos y políticos para liquidarla.
De esa manera, nadie podrá eximirse de "conocer la ver¬ dad”, en tiempos en que todos vivimos abrumados por pro¬ blemas y faltos de tiempo hasta para pensar y leer lo indis¬ pensable, pues bastará que, en un par de horas, se informe a través de esta síntesis acerca de la tragedia nacional vigente y de la manera de superarla.
3 Cabría discernir una alternativa adicional, además de las enun¬ ciadas, y sería la de cómplices activos del imperialismo, pero creemos que esta abyecta condición asimila más —a quien es responsable de ella— al extranjero que a los argentinos, que es de quienes estamos hablando.
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PARTE I
DE LA “DEPENDENCIA”
CAPITULO n
LA ARGENTINA POSIBLE Y LA ARGENTINA ACTUAL
1. Colonización ideológica y subordinación económica
La “colonización ideológica” que el liberalismo permitiera y fomentara en nuestro país, nos llevó a concebir, desde la Independencia, que nuestro papel económico en un mundo cre¬ cientemente ‘'interdependiente” era el de país pastor y agrícola. La Providencia nos había dotado excepcionalmente bien para tal fin y, por ende, debíamos constreñimos a ser productores de granos y de carnes. Para ello se esgrimían dos argumentos poderosos: la ley económica que explica la conveniencia de la “división internacional del trabajo”, por una parte, y la explo¬ tación de nuestra vanidad nacional, por la otra, explicándonos que en corto tiempo, si obedecíamos los dictados de nuestros preceptores liberales, seríamos ‘'el granero del mundo”.
Y en cierto momento, casi lo fuimos. Nuestra sumisa es¬ tructura económica colonial —exportadores de materias primas e importadores de manufacturas— nos permitió florecer nota¬ blemente y, hacia comienzos de este siglo y hasta 1930, alcan¬ zamos un nivel destacado como proveedores de granos, de carnes y de lana.
2. Productores argentinos y comercializadores extranjeros
Lo que no se nos dijo, desde luego, fue que —dentro de aquel esquema— la fertilidad y el esfuerzo argentinos estaban destinados a disfmtar una parte reducida de lo que produ¬ cíamos; que el grueso de los beneficios de la producción estaba reservado a los que la “comercializaban: los ‘'acopiadores” de
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granos y “frutos del país”, en el caso de los cereales, lanas, cueros, etc. Los “frigoríficos” en el caso de las carnes.
Y este papel preponderante estaba reservado a los extranje¬ ros: Bunge & Born, Dreyfus, Weil, De Ridder, Wilson, Ar- mour, etc.
En nombre de las “sagradas libertades” constitucionales, impuestas por el liberalismo económico, los argentinos produ¬ cíamos; los extranjeros acopiaban, empacaban, comercializa¬ ban, exportaban y, en definitiva, manipuleaban el producto argentino en provecho de una “comandita civilizadora” que apa¬ rentemente facilitaba nuestro pujante desenvolvimiento agro¬ pecuario, pero que, en realidad, regulaba a su antojo nuestra economía, casi en su exclusivo beneficio y en el de una minoría terrateniente indolente y satisfecha que, en la mayoría de los casos, dejaba la atención de sus campos y empresas agrope¬ cuarias en manos de “mayordomos” y administradores nativos y disfrutaba los menguados dividendos de sus establecimientos en Europa, alternando con sus ‘‘benefactores”.
3. Florecimiento porteño y raquitismo nacional
Esto, por otra parte, suponía el desarrollo de la “Pampa húmeda” y el raquitismo y la postergación para el resto del país.
Nuestras inmensas riquezas minerales, nuestro vastísimo potencial energético, nuestras inagotables riquezas pesqueras, nuestro formidable potencial industrial, acreditado desde antes de la Independencia por un excepcional desarrollo artesanal, debía quedar diferido, en aras de un ‘librecambio” que nos había convertido en dócil satélite de las potencias económicas y financieras mundiales, particularmente Inglaterra y Estados Unidos de América.
La gran crisis mundial de 1929-1934 puso de relieve, no sólo los inconvenientes de un sistema en el cual nuestro país jugaba un papel subordinado, servil y desairado (algo así como el de la "cocotte”, humillada y explotada por el “macró”); sino también la inconsecuencia de nuestros preceptores “libe¬ rales” con sus propias y resonantes enseñanzas: ya que no
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bien la crisis mundial se hizo sentir, a través de la baja catas¬ trófica de los precios internacionales y de la creciente deso¬ cupación, los ‘librecambistas” europeos y norteamericanos ce¬ rraron sus puertas a nuestras exportaciones agropecuarias para proteger su propia producción; y así, privados de mercados para colocar nuestros granos y carnes, nos encontrábamos des¬ provistos de oro y divisas para solventar nuestras importacio¬ nes de manufacturas, y aun para atender el pago de los inte¬ reses y amortizaciones adeudadas en el exterior por reales o presuntos '‘préstamos e inversiones” realizados en nuestro país hasta entonces por los extranjeros.
4. La “belle epoque” del colonialismo tradicional (1852‘1930)
Así afloró en todo su esplendor la imbecilidad, miopía o complicidad de nuestro “procerato” político liberal, gobernante hasta 1930. La Revolución de ese año marcó una rencilla do¬ méstica entre “radicales” y ‘‘conservadores” que disentían, no ya en sus criterios en cuanto a cómo reorientar la economía del país sobre bases nacionales e independientes, sino en cuan¬ to a cómo zanjar mejor nuestras dificultades financieras inter¬ nacionales con menos perjuicio para los acreedores y explota¬ dores extranjeros.1
1 No se crea que, por el hecho de referirnos a radicales y con¬ servadores, estamos exceptuando a otras fuerzas políticas de la “par- tidocracria” liberal. Los socialistas, por ejemplo, resultaban tan bue¬ nos apóstoles del liberalismo económico como los antes nombrados. En 1926, el Diputado Enrique Dickmann, socialista, al discutirse una posible legislación de emergencia sobre carnes, decía entre otras cosas:
“El pueblo inglés, señor presidente, principal consumidor de nues¬ tras carnes y de nuestros cereales, no es proteccionista. No hay en Inglaterra preferencias para las carne ni los trigos de sus dominios. Nuestras carnes y nuestros trigos se introducen libremente en Ingla¬ terra. ¡Y no compliquemos las cosas, señores diputados...! lo que nos corresponde es suprimir los impuestos a la exportación, ya que eso depende de nosotros. . . ¡Qué podemos hacer nosotros en este asunto sino facilitar la entrada de productos ingleses en nuestro país para que así los ingleses nos compren mejor nuestros cereales y nues¬ tras carnes?” (Diario de sesiones. Cámara de Diputados de la Nación, 1927, tomo VI, págs. 819/20).
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Y en esa pugna ganaron los conservadores, aliados con ina parte de los radicales (‘'antipersonalistas’'’), quienes al suscribirse el Pacto Roca-Runciman, acuerdo comercial entre nuestro país y el Reino Unido, en el año 1933, consagraron lo que con toda razón el incipiente 'Nacionalismo Argentino (Sca- labrini Ortiz, Julio y Rodolfo Irazusta, Jauretche, Dolí, Osés, etc.) denominó el “estatuto del coloniaje”.
Así se continuó la marcha dentro de los viejos moldes liberales, con una dependencia de nuestra economía, perfec¬ tamente consolidada, en favor de los explotadores extranjeros, como lo pusiera de relieve la estructuración y control del Banco Central en 1935, 2 las diversas leyes que crean las ‘"Juntas Re¬ guladoras” de la producción, la “Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires ” y otras tantas disposiciones e instituciones establecidas entre 1930 y 1943.
5. Las primeras reacciones nacionalistas frustradas
La Revolución de 1943 fue el fruto de una gran reacción nacionalista popular y se plasmó, a nivel de conspiración cívico- militar, como un programa revolucionario, netamente con ese carácter.
Tomado el poder con el liderazgo de Ramírez, Farrell y Perón, y a medida que la preponderancia de éste último se fue haciendo sentir hasta convertirse en la figura dominante del proceso entre 1943 y 1955, el numen e ímpetu nacionalistas, que fuera causa originaria del pronunciamiento fue amenguán¬ dose rápidamente hasta desaparecer, consolidándose el statu quo liberal, sin que esa vigencia fuera alterada sino por la verborragia pseudo revolucionaria y nacionalista, y por algunos desplantes demagógicos del mismo signo, manifiestamente en¬ caminados a embaucar a millones de argentinos.
Muestra incontestable de esa técnica fue la compra o “na¬ cionalización” de los ferrocarriles; operación ruinosa para nues¬ tro país y ventajosísima para los ingleses, pero a la que se dio
2 Véase Jorge A. Difrieri, Moneda y Bancos en la República Argentina, Edit. Abeledo-Perrot, Bs. As., 1967.
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toda una aureola de “reivindicación nacional”. Y tan liberal y masónico fue el móvil subyacente, que los ferrocarriles “nacio¬ nalizados” fueron bautizados con los nombres de los más cons¬ picuos arquitectos intelectuales y materiales de la dependencia colonial argentina: Mitre, Sarmiento, Roca y Urquiza.
La ineficacia y corrupción del gobierno peronista, unido a sus torpes ataques contra la Iglesia y la fe Católica, fueron la causa de su caída en 1955. Y uno de los motivos determi¬ nantes más concreto fue la perspectiva de inminente suscrip¬ ción del contrato petrolero con la empresa California, que programaba Perón y que había de dar insólita injerencia a esa compañía norteamericana en nuestra explotación petrolera nacional, así como el control de un vasto sector del territorio argentino. Algo semejante a lo que ocurrió después con los “contratos petroleros” suscriptos entre 1958 y 1959 bajo la ba¬ tuta e inspiración de Frondizi y Frigerio.
Desde 1955 a 1975 no sólo se afianza el proceso de depen¬ dencia económica de la Argentina sino que asume graves y sostenidos contornos una nueva faceta: la desnacionalización del patrimonio físico y territorial del país, incluida su estruc¬ tura empresario. Esto coincide con dos nuevas modalidades fun¬ damentales en cuanto a la técnica operativa del extranjero invasor: por una parte, la. ingerencia desembozada de las agen¬ cias internacionales ( Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo) en los asuntos propios de la economía argentina y, por la otra, el estrangu- lamiento progresiva o "genocidio económico” que incluye dos aspectos igualmente graves y perniciosos para nuestra pobla¬ ción: primero, el estancamiento artificial de nuestra produc¬ ción y, segundo, el despojo de una proporción progresivamente creciente de dicha producción, a través del “vaciamiento” ( con¬ trabando, "desabastecimiento”, tráfico ilegal de divisas, expor¬ taciones e importaciones fraudulentas, etc.).
La prolongada expectativa que se fue incubando entre 1955 y 1973 acerca del “retomo de Perón” y la posible inver¬ sión del proceso, que pudiera conducir hacia una verdadera liberación y reconstrucción nacional, terminó en un fiasco su¬ perlativo, pues al "apogeo entreguista ” de los gobiernos mili-
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tares de Onganía y Lanusse, responsables del ingreso masivo de empresas multinacionales y del copamiento extranjero de bancos y estructuras financieras, se vino a sumar la orgia de venalidades, devaluaciones y liberalidades sin límite —todas en provecho del extranjero— que caracterizó las conducciones económicas de Gelbard, Gómez Morales, Rodrigo y Cafiero.
6. Cautiverio económico y frustración nacional
En síntesis, Argentina a principios del siglo pasado era una Nación en gestación, con posibilidades de recursos natu¬ rales, de clima, caudal humano-cultural y desarrollo económico, análogas, o quizás superiores, a los Estados Unidos de América.
Luego de transcurridos 150 o 160 años, éste se ha conver¬ tido en un país con 200 millones de habitantes y la economía nacional más poderosa del mundo, prácticamente autosuficien- te, con sustanciales créditos e inversiones en el exterior, luego de haber incrementado su territorio en 8 ó 10 veces, lo que fuera su dimensión originaria.
En el mismo lapso, Argentina, aparte de haber perdido cerca de la mitad de su territorio, a poco de su Independencia, ostenta una población de algo más de 25 millones de habitan¬ tes y una de las economía más precarias ( en atención al contingente histórico, actual y potencial de sus recursos, con una industrialización tan incipiente como carente de infraes¬ tructura y una angustiosa dependencia en su comercio exterior, no sólo para proveerse de bienes manufacturados y materias pri¬ mas, sino para asegurarse el saldo de divisas indispensable para solventar intereses y amortizaciones de una cuantiosa y creciente deuda externa.
La espectacular disparidad entre el desempeño norteame¬ ricano y el argentino, en el lapso de referencia, es enteramente atribuihle a la diferente actitud de sus respectivas clases diri¬ gentes en lo relativo a la política económica esencial: mientras Estados Unidos adoptó una rigurosa e inteligente política pro¬ teccionista que le permitió lograr plena y tempranamente una economía diversificada; nuestro país, orientado desde 1852 por conspicuos liberales, incurre en una especiálización total en
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la producción agropecuaria y una dependencia completa en el comercio exterior para procurarse manufacturas.
Pero no para allí el vía crucis de la Argentina, al calor de la concepción liberal adoptada dogmáticamente por sus gobernantes, desde 1852 hasta la fecha.
Hemos dicho que el desempeño económico de Argentina desde hace bastante más de un siglo es totalmente colonial y dependiente. Pero aun la subalternización colonial obedece a una diferencia de grados que puede llegar a ser, además de notable, trascendente. Por ejemplo, desde mediados del siglo pasado y hasta mediados, prácticamente, del presente siglo, la conformación económica de la Argentina es la de una típica colonia : productor y exportador de materias primas e impor¬ tador de bienes manufacturados, además de capitales para inversiones de todo tipo.
Sin embargo, dos circunstancias parecen respetarse rela¬ tivamente, por parte de los explotadores extranjeros de nuestro territorio: primero, la titularidad de los argentinos respecto de lo que constituye básicamente el patrimonio físico de la Nación, vale decir, esencialmente se permite a los nativos ser propietarios de la mayoría de las tierras y edificaciones del país; segundo, no se coartan artificialmente las amplias posi¬ bilidades de producción características de su economía, al menos en el orden de la actividad agropecuaria. A partir de la II Guerra Mundial no ocurriría lo mismo. Veamos a con¬ tinuación una demostración palmaria.
Hacia fines de la década del 20 (digamos, el quinquenio 1926-1930) nuestro país producía anualmente, término medio, 30 millones de toneladas de granos , no obstante la circuns¬ tancia de que para entonces, las condiciones eran relativamente desfavorables para la producción, comparativamente con las que prevalecerían medio siglo después, entre otras razones, por falta de mecanización agrícola, riego, fertilizantes, plaguicidas, transportes y almacenamiento adecuado, además de otra serie de razones que hacen al notable progreso tecno¬ lógico experimentado en los últimos cincuenta años.
En este último quinquenio (1971-1975), no obstante el cúmulo de factores en que se ha concretado el formidable pro-
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greso tecnológico acontecido, el promedio anual de nuestra producción granífera no sobrepasa los 15 millones de toneladas, o sea la mitad de lo que, g rosso modo, producíamos medio siglo atrás, en circunstancias mucho menos favorables.
No parece razonable que un país con 100 millones de hec¬ táreas de óptimas tierras agrícolas que podrían dar un rendi¬ miento promedio de dos toneladas como mínimo por cosecha, o sea que debiera estar produciendo un promedio anual de 200 millones de toneladas de cereales, ostente en la actualidad una producción anual apenas superior al 5 % de aquella mag¬ nitud, que podríamos considerar como la normal.
Otro ejemplo. Hasta fines de la II Guerra Mundial Ar¬ gentina no había experimentado insuficiencias en materia de vivienda y edificación en general. Desde entonces, el déficit progresivo en ésta ha hecho ascender los guarismos hasta más de dos millones de unidades, en la actualidad. Y este rubro, además de los dramáticos problemas sociales y demográficos que ha creado al país, ha servido a la vez para uno de los procesos más vergonzosos y escandalosos de carácter especu¬ lativo.
Dos conclusiones concretas podemos extraer de esta ojeada retrospectiva a nuestra economía argentina. Primero, el pro¬ ducto nacional es hoy una ínfima proporción de lo que debiera ser, no sólo por falta de variedad (seguimos siendo esencial¬ mente un país agropecuario) sino por la insignificancia de la producción en la que el régimen liberal nos ha obligado a espe¬ cializarnos. Segundo, el imperialismo al que estamos sometidos, ha conducido el proceso de tal manera que hoy hacemos frente a un cuadro pavoroso de desabastecimiento, desnacionalización y endeudamiento externo, mientras que, en líneas generales, hasta la gran crisis mundial y aun hasta fines de la II Guerra Mundial se nos había permitido, dentro de nuestra manifiesta condición de colonia económica, un desenvolvimiento relativa¬ mente próspero y un desahogo en nuestro nivel de vida, no exento de un margen de crecimiento parcializado, como con¬ secuencia obvia de nuestra estructura dependiente.
En el próximo capítulo analizaremos cuáles han sido los medios de que se ha valido el imperialismo para imprimir a
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nuestra economía distintos grados y modalidades de someti¬ miento, a la vez que un ritmo de marcha con notorios alti¬ bajos, que seguramente ha de obedecer a designios no sola¬ mente de carácter económico, sino también político.
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CAPITULO III
ESQUEMA ECONOMICO DE LA DEPENDENCIA
1. “Proteccionismo nacionalista” versus “Liberalismo antinacional”
Desde antes de 1810 se había planteado en nuestro país la polémica acerca del curso económico que debía seguir el Virreinato del Río de la Plata, base geopolítica de la República Argentina.
El Síndico del Consulado de Buenos Aires, Don Gregorio Yaniz, sostenía en 1809, frente a una petición de súbditos in¬ gleses a fin de que se les dejara ingresar mercaderías, una vigorosa y lúcida tesis proteccionista, en salvaguarda de la producción tradicional de “estas Provincias” y de su futuro desenvolvimiento.1 2 *
Es la misma tesis que Manuel Belgrano sostiene, dentro de lo que podríamos denominar un nacionalismo pragmático, o práctico, en sus escritos como Secretario del Consulado va¬ rios de ellos bastante anteriores al célebre y medular dicta¬ men de Yaniz, antes mencionado, y muchos otros posteriores.8
Contra este criterio, nacional y proteccionista, se yerguen, entre otros, Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia. El pri¬ mero con su célebre ‘'Representación de los hacendados”, ver¬ dadero alegato “librecambista”, netamente favorable a la estra¬ tegia liberal, que se acomodaba no sólo a los intereses expor-
1 Gaceta de Buenos Aires, 1809, Archivo Histórico Nacional. Conf. Andrés M. Carretero, Orígenes de la dependencia económiPa argentina, Ed. Platero, Bs. As., 1974, págs. 44/5.
2 Luis Roque Gondra, Ideas económicas de Belgrano, Bs. As.,
1923.
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tadores de los ganaderos de la Provincia de Buenos Aires, sino también y muy especialmente, a los de los comerciantes impor¬ tadores, ubicados en la ciudad portuaria, y que eran extran¬ jeros en su mayoría.3
Bernardino Rivadavia fue más cauteloso. No escribió nada comprometedor. El se limitaba a hacer: hacer todo lo necesario para afirmar la penetración inglesa y la conciencia liberal, como si de ésta hubiera de depender el progreso y la prosperidad de los argentinos.
En 1823, Rivadavia, siendo Ministro de Martín Rodríguez, crea la Cátedra de Economía Política en la flamante Universi¬ dad de Buenos Aires, fundada en 1821 bajo la dirección del presbítero Antonio Sáenz. E instituye como texto obligatorio para dicho curso el libro de James Mili,1 ‘'Elementos de Eco¬ nomía Política ”, publicado originalmente en Londres en 1821.
Adviértase la increíble prontitud con que un texto inglés, aparecido tan sólo dos años antes, es traducido y publicado en Buenos Aires por un ente oficial, la "Imprenta de la Indepen¬ dencia”.2
El libro de James (o ‘"Santiago”) Mili es, desde luego, un modelo de preceptiva económica liberal, en toda la extensión del término. Conforme a sus enseñanzas, nuestro país debía embanderarse abiertamente en la política comercial “librecam¬ bista”, produciendo y exportando cueros, astas, tasajo, crines, plumas de avestruz, lanas, etc.; e importar toda clase de manu¬ facturas, que el Reino Unido estaba en condiciones de proveer al más bajo precio como fruto del ‘"maqumismo” y la revolu¬ ción industrial que allí había empezado a concretarse desde
3 Se dice que la “Representación de los hacendados ” no habría sido escrita originalmente por Moreno, sino que éste se habría limitado a traducir el texto original provisto por los ingleses. Véase al respecto, Elias Giménez Vega, Cartas a un joven rosista, Ed. Lasserre, Bs. As., 1968.
1 Padre del renombrado economista inglés de mediados del siglo pasado, John Stuart Mili.
2 Con motivo de un invalorable presente del Dr. Osvaldo López Sande, el autor del presente trabajo posee una copia original del aludido libro de James Mili, en su primera edición en nuestro país, del año 1823.
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fines del siglo XVIII, en desmedro de las artesanías e inci¬ pientes industrias de las cuales dependía el bienestar y las economías de todas las provincias del interior.
Esta filosofía económica liberal, exacerbada hasta el delirio por casi todos los políticos porteños, con intereses estrecha¬ mente entrelazados con los comerciantes del puerto bonaerense, es la que nutre el pensamiento y la doctrina del “ unitarismo ” y de todos los que propugnan la injerencia extranjera en nues¬ tros asuntos internos, aún en el orden político, identificando el capital y la cultura extranjera con el progreso y la civiliza¬ ción argentina, a la vez que denostando lo criollo e hispánico como exponente de barbarie y atraso.
2. Técnicas inglesas de dominación económica
Por otra parte, es bueno señalar que el liberalismo no se limita a aconsejar, como planteo ‘'científico”, la libre impor¬ tación y exportación de mercaderías —en total contraposición con el “ proteccionismo ”, económico y comercial—, sino que exhorta a recibir capitales y préstamos en dinero de los centros financieros y comerciales europeos, a fin de "acelerar nuestro progreso y desenvolvimiento edilicio”. . . De ahí que fuera el propio Rivadavia el que negoció y contrató con la Banca Baring Brothers, de Londres, el primer empréstito extranjero contraído por nuestro país y cuyo costo nos resultó escandaloso, por la onerosidad de sus términos, sin perjuicio de las sabrosas comisiones que beneficiaron a los promotores y gestores de la operación.
Pero la penetración y presión inglesas, a favor de la tesis económica que circunstancialmente le convenía —el liberalismo económico—, no se limitaba a la “colonización mental” que po¬ día resultar de las obras de autores ingleses o de sus agentes políticos y comerciales en América del Sur. Todo eso no era más que el "aderezo” romántico de la real política de invasión imperialista inglesa. Sus ejércitos y sus barcos de guerra esta¬ ban siempre prestos para secundar la “acción psicológica” de los tratadistas y comerciantes ingleses. Las dos fallidas inva¬ siones armadas en el Río de la Plata, en los años 1806 y 1807,
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así lo demuestran. Y todos los recursos imaginables, incluyendo la intriga, el chantaje, el soborno y la extorsión diplomática cupieron en la estrategia británica para alcanzar, por ejemplo, el tratado "de amistad” suscrito con Argentina en 1825, preci¬ samente en época de Rivadavia.
Y cuando este tipo de asedio no dio frutos suficientes, como ocurriera a lo largo de las dos décadas en que el Briga¬ dier General Don Juan Manuel de Rosas los tiene a raya en el Río de la Plata, por lo menos respecto de sus pretensiones más insolentes y perjudiciales para nuestro país, no vacilaron en recurrir a la guerra, aliándose para tal fin con Francia, en el conflicto que culmina en 1845.
3. La Constitución de 1853: fundamento institucional de ARGENTINA-COLONIA
Para 1852 el jaqueo continuo del Imperio Británico en pos de una clara y definida “toma de posesión” de la Repú¬ blica Argentina, a través de sus agentes y asociados masónicos, enrolados sin reservas en el liberalismo, había dado sus frutos: obtuvieron que Urquiza traicionara la causa nacional y federal encabezada por Rosas; obtuvieron el concurso armado del Im¬ perio del Brasil y sumaron a todo ello la colaboración de la comparsa unitaria radicada de tiempo atrás en Montevideo. Así cayó en Caseros, más que el gobierno de Rosas, la pers¬ pectiva de una Argentina verdaderamente independiente y soberana; y no limitamos este aserto exclusivamente al orden económico, pues es bien sabido que detrás de la dominación económica que habría de instrumentarse a través del libera¬ lismo irrestricto, se había de estructurar también la dominación política, con la colaboración de las logias masónicas locales, el periodismo, la Universidad y otros resortes no poco vulne¬ rables a los contundentes argumentos del "poder económico”.
De 1853 en adelante, Constitución Nacional incluida, se organiza, callada y coherentemente, la ARGENTINA-COLO¬ NIA que viene hasta nuestros días. Los últimos arrestos contra la hegemonía inglesa, cuya sucursal mayor opera desde Bue¬ nos Aires, son los levantamientos heroicos y románticos del
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“Chacho” Peñaloza y Felipe Varela en el Noroeste argentino y del Gral. Ricardo López Jordán en la Mesopotamia. Los rebeldes son eliminados sin atenuantes —Ñaembé, última batalla del caudillo entrerriano, con cerca de 1.000 muertos en com¬ bate, es una de las más sangrientas de la historia militar argen¬ tina—, pues el régimen liberal, no obstante su aparente amor a la “libertad”, es implacable con los que no la interpretan a su modo. Y el progreso y la civilización “Made in England” no podían tolerar entorpecimientos a su apresurada forja del pais según ese modelo.
Implantada sin cortapisas la estructura colonial, el país crece con notable celeridad entre 1853 y 1930. Desde luego que sin apartarse un ápice del molde de la dependencia: se producen y se exportan más granos, más carnes, más lanas, más extracto de quebracho y otras materias primas; y se im¬ portan regularmente más bienes manufacturados —de consumo, de uso y de producción—, a la vez que se importan, o simulan incorporarse al país, abundantes capitales para inversiones en aquellos rubros que interesan estrictamente a los explotadores extranjeros (servicios públicos, transportes, empresas agrope¬ cuarias, etc. ) -1 El país se consolida así, a través de casi ochenta años, conforme al “modelo” de la dependencia económica más rigurosa.
Cómo será ésta, en todos los órdenes, que recién en 1923, al dictarse la Ley 11.226, primera norma sobre comercialización de carnes, y ordenar la inscripción en un registro de las firmas exportadoras, en su art. 13 se dispone “que los inscriptos esta¬ rán obligados a llevar libros (de contabilidad) en idioma na- cionan . . .
Un autor ha descripto con indudable acierto la mecánica colonial argentina de este período, denominándolo gráficamen-
1 Respecto de la simulación en materia de inversiones extran¬ jeras, al menos exagerando astronómicamente su verdadera magnitud, véase, por ejemplo, Julio Irazusta, Balance del siglo y medio, Ed. La Balandra, Bs. As., 1974, particularmente en lo tocante a las presun¬ tamente importantes inversiones británicas en el tendido de la red ferroviaria argentina.
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te como proteccionismo a la inversa, vale decir, por ejemplo, que se protegían las importaciones británicas de artículos ma¬ nufacturados, eximiéndolas de cualquier impuesto a la impor¬ tación, mientras se castigaba cualquier intento eventual de ins¬ talar industrias en nuestro país, sobre la base de materia prima elaborada o semi-elaborada, gravando onerosamente la impor¬ tación de tales materias primas. En otras palabras, se eximia de todo gravámen a la importación de casimires ingleses, pero si alguien pretendía importar hilados de Inglaterra para fabri¬ car aquí los casimires, dando así origen a nuestra propia indus¬ tria textil, el interesado encontraba prohibitiva la inmportación del hilado, en razón de los fuertes gravámenes aduaneros que prácticamente impedían su importación.1
Y según señaláramos en el capítulo anterior, los imperia¬ listas que habían modelado nuestra estructura económica y comercial, también administraban discrecionalmente el reparto de las utilidades o diferencias resultantes de nuestra produc¬ ción y de nuestras exportaciones, pues controlando a sus anchas la totalidad del proceso de comercialización, no solamente es¬ taban (y están) en condiciones de reservarse los márgenes propios del almacenamiento y la intermediación, frecuentemen¬ te especulativa, sino también —y esto es lo más importante— porque al manejar todos los extremos de la misma (desde la adquisición del bien al productor, hasta su venta final al con¬ sumidor), particularmente en el caso de bienes exportables, se está en condiciones de deprimir artificalmente el precio abonado al productor y elevar dicho precio con amplitud al consumidor, pretextando transferencias, acarreos, depósitos, impuestos, seguros y toda clase de contingencias, de manera tal que, lo que fuera pagado con estrechez al que lo produjo, llega a precios astronómicos al consumidor definitivo.
Por ejemplo, se han hecho célebres, como maniobras de despojo al productor argentino, las compras de carnes realiza¬ das durante décadas por los ''frigoríficos”, conforme a la mo¬ dalidad de “a fijar precio”, según las contingencias del
1 Félix J. Weil, El dilema argentino, Bs. As., 1944.
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mercado de Smithfield, en Inglaterra. De tal manera que lo que se pagaba, digamos, 50 centavos de dólar el "kilo lim¬ pio” al productor local, llegaba a manos del consumidor en Europa o en otros destinos al precio de 5 o 6 dólares, o más, sin que hubiera ninguna circunstancia de fletes enfriamiento, empaque u otras contingencias análogas que justificaran seme¬ jantes diferencias en perjuicio del productor argentino o, lo que es lo mismo, en favor del “industrializador” y comerciali- zador extranjero. Al punto que se ha estimado que las "uti¬ lidades” concretadas en materia de carnes, exclusivamente, por los intermediarios-comercializadores ingleses durante 50 años, en perjuicio y a costa de los productores argentinos, alcanzarían a la increíble suma de 50.000 millones de dólares Z1
El panorama en los demás rubros de la producción y ex¬ portación no variaba fundamentalmente, salvo en materia de grado y por razón de las circunstancias específicas de cada caso. En lo que se refiere a cereales y semiflas oleaginosas, el mecanismo del "acopio” y comercialización en manos de fir¬ mas extranjeras, permitió siempre realizar los más jugosos “márgenes” a los comerciantes en gran escala, a expensas de los productores agrarios. Y la Junta Nacional de Granos, con¬ cebida después de la crisis mundial para evitar tales abusos y darle un margen de estabilidad y seguridad a los agricultores en cuanto a los precios y la remunerativa colocación de sus cosechas, cumplió su cometido en una medida relativa, dado que nunca pudo desplazar del todo a las grandes firmas mono¬ polistas ya establecidas, las cuales, por otra parte, a través de sus deletéreas influencias políticas, ejercitaron siempre un apreciable control sobre la Junta y sus decisiones.
Todo ello sin perjuicio de que en años recientes, la Junta, más que un órgano de apoyo y estabilidad para los producto¬ res, se haya convertido en poco menos que su peor enemigo.
1 Si bien ésta es una estimación propia, puede verse también sobre el particular, R. y J. Irazusta, La Argentina y el imperialismo británico, Ed. Tor, Bs. As. 1934, y el meduloso comunicado “Unión Republicana” frente al racionamiento del pueblo argentino, de dicha organización política, del 31-VII-72.
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entre otras cosas, por la falta de cumplimiento o de puntuali¬ dad en el pago de las cosechas adquiridas.
Es que el problema, en última instancia, se reduce a los defectos y vicios intrínsecos de la estructura liberal, implan¬ tada en el país en desmedro de los argentinos y de sus inte¬ reses elementales. A saber: dicha estructura hace posible que los detentadores extranjeros del “poder económico” manejen o interfieran las más altas decisiones del poder político en los asuntos internos de la Nación. Y si a ésto se suma el hecho de que tales firmas, o bien manejan el mercado comerciali- zador ubicado en el extranjero, o bien están estrechamente entrelazadas con éste, tenemos el cuadro completo de cuán difícil resulta, bajo la aludida estructura, hacer nada impor¬ tante y coherente en beneficio del productor y de un desarrollo armónico de la economía argentina.
Por otra parte, la creciente y desembozada influencia que los monopolios extranjeros ejeroen desde principios de este siglo sobre las autoridades constituidas, perfeccionó sus técnicas de aprovechamiento económico, a merced de los productores, desde la implantación del control de cambios y más aún, con posterioridad al año 1945, cuando con el desarrollo del proceso inflacionario se inicia la era de las devaluaciones, que adquiere gran ímpetu a partir de 1955 y que culmina en el presente año, 1975, con una verdadera caída vertical de nuestro peso. Pues con motivo de las alteraciones en el valor de cambio de nues¬ tra moneda, las grandes firmas extranjeras, comercializadoras de nuestros productos en el exterior, compran a menudo las cosechas a un determinado precio a los productores y luego de una “estratégica” devaluación ven incrementadas notable¬ mente sus ganancias en pesos argentinos.
4. Agravamiento de la dependencia y la catástrofe inflacionaria: 1946-1975
Hasta aquí, hemos explicado suscintamente el “modelo de la dependencia argentina ” en la fase que podríamos llamar del “colonialismo tradicional’ y que dura, a nuestro juicio, poco más de un siglo: 1852-1955.
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A partir de esta última fecha, aquel proceso se ve seria¬ mente agravado, si cabe la expresión, por una serie de circuns¬ tancias y de abusos que no solamente comprometen drástica¬ mente el relativo bienestar de que, término medio, disfrutaba el habitante de nuestro suelo, sino que por añadidura amena¬ zan críticamente la integridad y supervivencia de la Nación misma.
Dijimos antes que dos son los síntomas fundamentales de esta nueva fase, a la cual podríamos llamar del ‘'COLONIA¬ LISMO-DESINTEGRADOR”. La primera consiste en el es- trangidamiento deliberado de la producción, y se ejercita fun¬ damentalmente a través de una rigurosa contracción crediticia bancaria, acompañada del consiguiente auge de la usura orga¬ nizada, lo cual trae como resultado no sólo una baja relativa de la producción real, de alcances catastróficos, sino también un endeudamiento progresivo y descomunal de las empresas y los particulares de todo el país con el mecanismo financiero extra- bancario.
La segunda consiste en un proceso masivo de desnaciona¬ lización, desabastecimiento y “ vaciamiento ” vertiginoso del país. Y si involucramos estas tres categorías de depredación en un sólo haz, es porque las mismas, con ser perfectamente diferen- ciables en cuanto a su técnica y operatividad, conducen a un mismo resultado: el despojo patrimonial masivo y acelerado del pueblo argentino y, por implicancia, la desintegración na¬ cional.
Analizaremos brevemente el contenido y significado de estas distintas y concurrentes maniobras del colonialismo-desin¬ tegrador.
En un reciente estudio académico realizado con la direc¬ ción del suscripto y publicado bajo el título: ‘'ha inflación argentina, 1946-1975 ”, refiriéndonos a la llamada inflexión del índice de precios, ocurrida hacia el año 194R, y que da co¬ mienzo al prolongado y crítico proceso inflaccionario argentino que hoy se encuentra en su apogeo (luego de cincuenta o más años de una estabilidad de precios —1895/1945— poco menos que sin parangón en el mundo), decíamos respecto de este pro-
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blema del estrangulamiento de la producción a que antes alu¬ diéramos. 1
“La causa del proceso inflacionario argentino debe bus¬ carse en la artificiosa e implacable contención y estrangula¬ miento de la producción, a través de la progresiva restricción del crédito bancario. Esta política, basada argumentalmente en los primeros atisbos inflacionarios allá por 1945 ó 46, que no eran sino la consecuencia lógica y temporaria de algunos estrangulamientos sectoriales acaecidos durante la segunda guerra mundial, sirvió de pretexto (o de fundamento) para iniciar la referida política de restricción crediticia progresiva, especialmente llamada a afectar al sector agropecuario. Y así comienza el retroceso apreciable de nuestra producción agrí¬ cola, que habría de hacerse extensivo en una u otra medida a todos los sectores de la producción. Por otra parte, el crédito fue manejado entre 1946 y 1955 con un criterio más político que económico y contribuyó, por tal causa, a azuzar el inci¬ piente proceso inflaccionario, pues no se brindaba precisamen¬ te para estimular ordenadamente la producción, sino más bien para favorecer especulaciones y extender favores.
”Con posterioridad a 1955 el proceso no hace sino agra¬ varse en el sentido señalado: el ritmo inflacionario de los años precedentes sirve de justificación para acentuar más aún la restricción crediticia bancaria, al tiempo que se elevan consi¬ derablemente las tasas de interés por el Banco Central. Todo ello se traduce en un estrangulamiento cada vez más grave de la producción.
”Se alcanza así el ritmo de inflación galopante que carac¬ teriza a la economía argentina en los últimos años. Y ¿en qué medida se aprovecha la experiencia del completo fracaso que representa la política de contracción crediticia a ultranza’ que se ha venido aplicando durante los últimos 20 ó 25 años? Pues, en ninguna medida. Lejos de pretender buscar los remedios de la decadencia económica argentina —inflación incluida— en otras medidas que la consabida contracción del crédito ban-
1 Edit. Manuel Belgrano, Bs. As., 1975, págs. 48/50.
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cario destinado a la producción , ésta sigue siendo la única y fundamental línea de ataque al referido proceso.
"Mientras tanto, se sigue publicitando el tema del déficit presupuestario y de la sobreemisión, pero se ignora sistemáti¬ camente el morboso crecimiento del SECTOR FINANCIERO EXTRABANCARIO, emergido con un potencial formidable, como consecuencia directa de la restricción crediticia banca- ria. Y se ignoran también las modalidades y los alcances mons¬ truosos del MECANISMO USURARIO instaurado e ‘institucio¬ nalizado’ por aquel sector, así como se ignora también el EN¬ DEUDAMIENTO GENERALIZADO DE EMPRESAS Y PAR¬ TICULARES para con los acreedores financieros extrabanca- rios, que paulatinamente se apoderan ‘legalmente’ de gran par¬ te del patrimonio físico y empresario de los argentinos. POR OTRA PARTE, NADIE IGNORA LA ESENCIA EMINENTE¬ MENTE EXTRANJERA DEL SECTOR FINANCIERO EX- TR ABAN CARIO, SELLANDO ASI LA DEPENDENCIA Y ALIENACION DE LA ECONOMIA ARGENTINA.”
5. La agresión imperialista al desnudo: desnacionalización, desabastecimiento, vaciamiento (1955-1975)
Los párrafos transcriptos sirven, así lo esperamos, de abreviada explicación al artificioso y deliberado proceso de estrangulamiento de la producción y sus correlativos: la con¬ tracción crediticia bancada, el apogeo de la usura organizada, la merma relativa de la producción real y el endeudamiento generalizado de empresas y particulares.
Respecto del desabastecimiento, bastaría decir que este consiste en la sustracción clandestina de bienes al consumo na¬ cional para lograr -en beneficio de quienes provocan la ma¬ niobra— varios resultados concurrentes y altamente remunera¬ tivos: 1) provocar la escasez de mercaderías en el mercado argentino, de manera de negociar las “mercaderías escasas” con pingües beneficios a través del “mercado negro”; 2) ex¬ portar o ‘‘contrabandear” las mercaderías adquiridas a bajo precio en el mercado argentino, para venderlas con excelentes beneficios en los mercados extranjeros, aprovechando el virtual
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‘'congelamiento” de precios, a nivel excepcionalmente bajo, en Argentina, en comparación con los precios vigentes en los mercados extranjeros1; 3) convertir en dólares los ingentes be¬ neficios derivados de los dos tipos de maniobras referidas pre¬ viamente (dado su carácter de “plata negra”) y remesarlos al extranjero , para evitar, entre otras cosas, contrariedades im¬ positivas.
De aquí, aquí, el insólito y gravísimo desabastecimiento ocurrido en estos últimos dos años y experimentando, por pri¬ mera vez , en nuestro país, en toda su historia, haya sido acom¬ pañado por una considerable merma relativa de nuestras ex¬ portaciones regulares, a la vez que por una fortísima presión sobre el mercado cambiario, en procura de '“dólares a cual¬ quier precio” ya que con plata robada a los productores y con¬ sumidores argentinos aún el dólar “a cualquier precio” resulta ventajoso! ...
La desnacionalización consiste desde luego en el cambio de titularidad de empresas y de bienes inmuebles 2, transferi¬ dos por argentinos a extranjeros. Y esta desnacionalización ma-
1 En la carta pública citada en el Prólogo de este libro, re¬ mitida por el suscripto al Comandante General de Marina, Alte. Emi¬ lio Massera, en diciembre de 1974, expresaba textualmente en uno de sus párrafos:
"La más reciente expresión de esta catástrofe nacional (prealu¬ dida en la carta) consiste en el vaciamiento económico que venimos experimentando y que se traduce en un “desabastecimiento” muy fácil de explicar: mientras la producción nacional es objeto de ‘pre¬ cios topes’, so pretexto del PACTO SOCIAL, muy inferiores a los que rigen en los mercados extranjeros, nuestros productos salen vertigino¬ samente del país (exportados o contrabandeados, que es lo mismo) y el resultado de estas ventas y del trabajo argentino se queda en el exterior para exclusivo beneficio del puñado de especuladores y de¬ lincuentes que digita la maniobra, sin que por otra parte y como lógica consecuencia el PACTO SOCIAL reporte beneficio alguno y sí grandes perjuicios al pueblo argentino.”
2 La desnacionalización incluye también valores mobilairios, obras de arte y toda clase de bienes imaginables. Téngase presente, por ejemplo, el “vaciamiento nacional” que viene operándose en los úl¬ timos años en materia de obras de pintores célebres. Diariamente, en los más importantes órganos de prensa de Buenos Aires se publican costosos avisos proponiendo la compra de cuadros de renombrados
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siva de bienes y empresas argentinas es el fruto de una ma¬ niobra cuidadosamente preparada y ejecutada por sus bene¬ ficiarios, a través de los últimos treinta años, al calor del se- verísimo proceso inflacionario en curso y de las complicidades más concretas de prominentes funcionarios del Banco Central de la República Argentina y hasta de otros altísimos jerarcas del gobierno nacional, incluyendo desde luego a Presidentes de la Nación (militares y civiles) y sus respectivos Ministros de Economía.
Explicaremos someramente la mecánica utilizada para concretar, a vil precio, la desnacionalización masiva de buena parte del patrimonio físico argentino, y también cómo está preparada la desnacionalización del resto (vale decir, de lo que aún no se ha enajenado forzadamente a los imperialistas y explotadores extranjeros).
El comienzo de la maniobra consistía en procurar que todas las empresas argentinas se tomaran antieconómicas en su explotación. Y eso se logró prácticamente en la totalidad de los casos, mediante lo que podríamos llamar un ataque ‘‘de pinzas”: por un lado, la inflación de costos, sistemática y ar¬ tificialmente provocada1, a partir de fines de la II guerra mundial; por el otro, la contracción progresiva del crédito ban-
artistas. Por algo será. Por otra parte la reciente venta en Londres de gran parte de la galería particular de los Santamarina, es una de las tantas pruebas de lo que sostenemos.
1 Al decir “sistemática y artificialmente provocada” no quere¬ mos implicar que todos los funcionarios o gobernantes que dispusieran estas medidas fueran conscientes, técnicamente hablando, de la ma¬ niobra a la cual estaban contribuyendo. Sabemos o pensamos que hay y habrá habido miles de “idiotas útiles” que inconscientemente se prestaron a este tipo de juego, pero no por ello resultan menos co¬ rresponsables. Por ejemplo, el Sr. Perón dijo en más de una oportu¬ nidad que para la conduoción de la economía nacional, él confiaba más en los “hombres de negocios” con “sentido práctico” (en esos momentos el motivo de su confianza era José Ber Gelbard) que en los técnicos. Indudablemente Perón no alcanzaba a vislumbrar las com¬ plejidades propias, por ejemplo, de una política monetaria, y las su¬ tilezas y trapisondas que pueden realizarse a través de la misma. Gelbard, a pesar de su analfabetismo intelectual, evidentemente sí lo sabía . . .
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cario, a bajo interés y plazos razonables2. De manera que, al inflar abruptamente los costos, en perjuicio del empresario (por ejemplo, a través de una devaluación del peso, lo cual encarece las materias primas y maquinarias importadas; o ele¬ vándole los impuestos, o las “cargas sociales”, o los salarios), sin suministrarle un margen de financiación bancaria, ágil, a bajo interés y plazo razonable, ya se le crea este, en principio, panorama de quebranto económico.
Podrá argumentarse que al empresario siempre le que¬ daba el recurso de aumentar los precios, y que la "inflación de precios” nunca fue inferior a la “inflación de costos”.
Sin embargo, adviértase una circunstancia importante: el empresario que afrontaba, digamos, una súbita inflación de costos y que no contaba con inmediata asistencia crediticia para solventar ese incremento, sólo tenía dos alternativas: o disminuir su producción hasta el nivel de su propia capacidad financiera, o recurrir a la financiación extrabancaria. Si hacía lo primero, el incremento de los precios de lo efectivamente producido, no impedía que la producción se encontrara ya disminuida; y tampooo mejoraba su panorama de ganancias, y por el contrario empeoraba, ya que la incidencia de los costos fijos sobre una menor cantidad producida, reducía su utilidad promedio por unidad. Por otra parte, dos circunstancias ac¬ tuaban como impedimento concretísimo para la elevación de los precios ( aparte de cualquier impedimento legal que pudiera existir): 1) la posible merma de la demanda, en respuesta a los mayores precios; 2) el elevado costo que le acarrearía la “ley de despido”, si él quería disminuir su personal, como re¬ sultado de la inevitable necesidad de disminuir la producción.
2 El interés bancario vigente, sin excepción, hasta 1946/47, era al 4 % anual y los plazos para el reembolso del crédito nunca infe¬ riores a tur año. Y por sobre todas las cosas, había crédito abundante, para producir, para quien lo solicitara, en numerosos casos sin otra garantía que la personal o moral del solicitante. Desde la primera presidencia de Perón, en cambio, se elevan los intereses bancarios, hasta llegar después de 1955 a tasas astronómicas; se acortan los pla¬ zos; y, sobre todo, los créditos bancarios (para producir) se restringen o directamente no se otorgan, sino por excepción.
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sin perjuicio de los conflictos obreros que podían suscitársele, con motivo de la decisión que habría de afectar al personal.1
Si hacía lo segundo —recurrir a la financiación extraban- caria— entonces, sí, se ponía la "soga al cuello” que al poco tiempo habría de “ahorcarlo”, económicamente hablando, obli¬ gándolo a liquidar su empresa “por lo que le dieran”. Porque la financiación o "préstamos extrabancarios” significaba y sig¬ nifica intereses elevadísimos, plazo reducido, garantías a vo¬ luntad del prestamista, etc. Y como el panorama económico no habría de mejorar —pues el “sistema” ya había decidido operar como señaláramos anteriormente y, por ende, las cosas habrían de ir (y fueron. ..) de mal en peor— al poco tiempo los apremios financieros se encontrarían multiplicados y los compromisos asumidos más onerosos; y así siguiendo hasta llegar al fin: el fin de la empresa , entragándosela "por nada” a sus propios acreedores o a quien la adquiriera, por el valor de las “deudas pendientes”.
El monto de los "quebrantos comerciales”, como se les llama, a través de los últimos veinte años, demuestra clara¬ mente que el desmantelamiento y la desnacionalización em¬ presario han obedecido a esa técnica cuidadosamente prepa¬ rada y ejecutada. No exageramos si sostenemos que el capital propio de las empresas quebradas, durante ese lapso, supera los DOS MIL MILLONES DE DOLARES. Y gran número de tales empresas eran la expresión de un comienzo importante en la industrialización de nuestro país.
¿En beneficio de quién se produce la desnacionalización ? Pues obviamente, de las empresas extranjeras y multinacio¬ nales.
En nombre del liberalismo económico se da la bienvenida
1 La “ley de despido” original, N? 11.729, fue reemplazada por otra en época del Presidente Illia, la cual hizo mucho más one¬ rosa la carga del “despido” para los empresarios. Fue uno de esos casos en que, inconscientemente, se ayudaba a la desnacionalización. Y a esto el régimen liberal le llama pomposamente ‘leyes sociales” o “mejoras sociales” . . . Otro tanto puede decirse, pero con intensidad crítica multiplicada, respecto de la Ley 20.744, llamada de “contrato de trabajo”, sancionada en septiembre de 1974.
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al país —y, desde luego, toda clase de facilidades que no se brindan a empresas argentinas— a firmas extranjeras que, como Coca Cola, Pepsi Cola y otras similares, vienen a fabricar “aguas gaseosas azucaradas”, jabones perfumados y otras ton¬ terías por el estilo, que desde años atrás se producían aquí con ventaja. Con el agravante de que tales empresas no im¬ ponen sus productos por la calidad de los mismos sino por el ingente gasto que realizan en una propaganda tan desmesu¬ rada como, en la mayoría de los casos, inmoral1. Pero no para ahí la cosa, las empresas multinacionales invaden tam¬ bién, al calor de la cipayería gobernante, ámbitos como el de la comercialización al menudeo, por ejemplo, el caso de los "supermercados” MINIMAX. Vale decir, que en un país que ostentaba ya varios “premios Nobel”, se nos viene a enseñar a ser almaceneros ... Y para qué decir la invasión en el terreno de las finanzas y de la banca. No solamente se satura al país de “financieras” y bancos extranjeros, sino que importantes bancos, establecidos desde muchos años atrás, pasan también a aquellas manos 2.
Con el agregado de que, el poco crédito que otorgan los bancos argentinos, en función de la restricción crediticia antes mencionada, va a beneficiar, precisamente, a las firmas des-
1 Suman cientos de millones de dólares, anualmente, las reme¬ sas al exterior en concepto de regalías por el uso de las marcas y las utilidades por presuntas inversiones practicadas en el país, por firmas como las mencionadas y otras, diseñadoras de pantalones tipo “va¬ quero”, jabones y detergentes, cigarrillos y nimiedades por el estilo. Por otra parte, se dice que un buen porcentaje de las “utilidades” multimillonarias que algunas de estas firmas obtienen en América latina es el que solventa los cuantiosos gastos de la famosa CIA (Central de Inteligencia Norteamericana ) en esta parte del mundo. Cabe añadir que los abundantes gastos en propaganda con que tales empresas invadieron el país y desalojaron a las empresas argentinas, fueron recuperados, con creces, posteriormente, al quedar como úni¬ cos proveedores del mercado; prueba de ello es que, en estos últimos años, una “ Coca ”, o una “Pepsi”, de litro, se venden al doble que la misma cantidad de leche.
2 Para una importante cantidad de datos sobre este tema, puede verse, Rogelio García Lupo, Mercenarios y Monopolios (de Onganía a Lanusse), Edit. Achaval, Bs. As., 1972.
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nacionalizadas y empresas multinacionales, con amplia predi¬ lección. Al punto que al Gral. Roberto M. Levingston, Pre¬ sidente con arrestos patrióticos durante un breve interregno entre dos conspicuos presidentes “entreguistas” —los generales Onganía y Lanusse— , lo sacaron del poder por haber sancio¬ nado un decreto-ley reprimiendo la usura y por haber inten¬ tado reducir los préstamos descomunales con que el Banco de la Nación beneficiaba la empresa multinacional Bunge & Born.
6. Técnicas contemporáneas del desmantelamiento económico argentino
El “ vaciamiento económico ” argentino, como realización cumbre del liberalismo tradicional, convertido ahora en colo¬ nialismo-desintegrador, se nutre con procesos como los recién explicados —desabastecimiento y '‘desnacionalización”—, pero incluye además cualquier otra forma de enajenación del pa¬ trimonio nacional o del “ poder de decisión ” sobre el mismo, en favor de los extranjeros. Y es obvio señalar que este proceso global al que llamamos genéricamente “ vaciamiento ” es tanto mas censurable cuanto más desfavorables son las condiciones de negociación en que ese patrimonio nacional resulta ena¬ jenado 2.
Porque nadie le puede negar derecho a un país soberano, o a sus nacionales, de negociar todo o parte del patrimonio, siempre que se acredite haber respetado normas éticas y po¬ líticas consagradas, de convivencia humana. Pero no resulta éticamente admisible (desde que mundialmente se ha pros¬ cripto el derecho de conquista”) que un país obligue a otro a enajenarle, digamos, “una provincia” o parte de su territorio luego de una guerra de agresión en que el vencedor resulta
2 En un artículo de Luis Iriarte Udaondo, referido a la vida y Memorias del Gral. Tomás de Iriarte, aparecido en el suplemento literario del diario La Nación, del 26-X-75, se reproduce la opinión adversa de este guerrero de la Independencia, en el sentido de que nuestro pueblo fuera a aceptar resignadamente, a la postre, que su patrimonio e intereses fuera sometido o malvendido a los ínteres ex¬ tranjeros.
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el "adquirente” y el vencido resulta el “cedente” o “vendedor”. Así como tampoco resulta admisible que un país (en este caso el nuestro) aparezca “vaciado” porque los '' vaciadores ”, aprovechando las condiciones libérrimas, o simplemente “libe¬ rales”, ofrecidas a éllos y “a todos los hombres del mundo que quisieran habitar en su suelo” se ingeniaron para instrumentar arteramente lo que, en definitiva, resulta un verdadero des¬ pojo. Hayan contado o no con complicidades por parte de al¬ gunos nacionales descastados del país “enajenante”.
Y que éste del “ vaciamiento ” no es un procedimiento im¬ previsto, ni novedoso, sino cuidadosamente planeado y eje¬ cutado, podemos probarlo con múltiples antecedentes. Véase, por ejemplo, lo que manifestara el suscripto en una conferencia pronunciada en la Escuela Nacional de Guerra, en Agosto del año 1960 1.
“Este empobrecimiento del país en el orden económico y el debilitamiento relativo que esto supone frente a las eco¬ nomías de otros países más desarrollados y prósperos que el nuestro, entraña gravísimos peligros, de los que me limitaré a señalar. . . la notoria desvalorización de nuestro peso, unida a la tremenda iliquidez que padecen la mayoría de las empre¬ sas y de los particulares —todos ellos en virtual estado de quiebra financiera—, hace que en estos momentos cualquier extranjero pueda adquirir, en cómodas condiciones de pago y por sumas irrisorias, riquísimas explotaciones o copiosas re¬ servas naturales en nuestro suelo. Puedo mencionar particu¬ larmente a este respecto, nuestras reservas mineras, desprovis¬ tas de crédito, de equipos, de facilidades de transporte y de estímulos de ninguna naturaleza: terminan por caer en manos, a vil precio, de inversionistas extranjeros. Es así que los de¬ pósitos más ricos de azufre y carbonatos de sodio, bases indis¬ pensables de la química pesada, están, como la mayoría de nuestros yacimientos minerales y metalíferos, en manos de ca¬ pitalistas foráneos. Uno de ellos adquirió, no hace mucho, con una entrega inicial de ocho millones de pesos derechos a tie-
1 Publicada bajo el título “El descalabro económico argentino” Edit. Abeledo-Perrot, Bs. As., 1960, págs. 14/15.
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rras y yacimientos argentinos con un valor potencial estimado en 10.000 millones de pesos.”
Sin perjuicio del párrafo antes reproducido, todo lo que hace al vaciamiento (ya realizado o a realizar) está signado por el espíritu de la estafa y del fraude. El desabastecimiento de bienes, sea que se lo practique por vía del contrabando o de la exportación fraudulenta (basada, por ejemplo, en la técnica de la “subfacturación”, o sea, en la venta al exterior de cantidades mayores que las declaradas) o en importaciones simuladas, en que se tergiversa la cantidad o la finalidad de la importación 1 2, es una forma de estafa o de despojo a la Nación. De la misma manera que lo es la desnacionalización practicada a vil precio. Y esta forma de enajenación a favor de los extranjeros —repetimos— fue cuidadosamente preparada, a través de los procedimientos ya explicados y de lo que di¬ remos a continuación.
La mecánica de “estrangular” a las empresas, provo¬ cando el aumento de sus costos y la imposibilidad de obtener auxilio crediticio para fnanciarlo resulta, en última instancia, una grave y notoria merma de rentabilidad. Y esta merma a su vez se traduce en una caída prácticamente automática del valor capitalizado, porque obviamente dicho valor —se trate de una empresa o de un bien inmueble— depende de su ap¬ titud para producir “frutos”, o sea, renta, y si ésta es relati¬ vamente pequeña, el valor del bien que la produce también se verá empequeñecido.
Pero no se crea que la maniobra para deprimir el valor de las empresas * en nuestro país consistió simplemente en disminuir su rentabilidad, a través de los medios señalados
1 Una operación, de las muchas detectadas por la Comisión Na- cionla para la represión del contrabando en fecha reciente, oonsistía en una importación por 79 millones de dólares, por una empresa “fan¬ tasma”, dotada de especiales franquicias por tratarse de materia pri¬ ma para bienes re-exportables, sin que a-posteriori se hubiera verifi¬ cado el destino de la mercadería importada.
2 Empresa, en este caso, significa cualquier entidad productiva, sea un quiosco de revistas, una idustria metalúrgica, una estancia, un inmueble o una mina, con capacidad de producción real o potencial.
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(“inflar” sus costos y privarlas de apoyo crediticio). Tal ma¬ niobra se complementó con la técnica de elevar las tasas de interés, sostenida y desmesuradamente, no sólo en el ámbito bancario, donde al fin y al cabo los créditos resultaban impo¬ sibles de obtener, sino —por vía indirecta— en el medio ex- trahancario, en el cual los prestamistas se emularían para co¬ brar, cada uno de éllos, los intereses más desmedidos y des¬ de luego usurarios. Con esta estrategia se lograba un efecto sutil e importantísimo —obviamente negativo— en todo el ám¬ bito de la economía nacional. Proveemos a continuación la explicación más simplificada posible sobre los alcances y el significado de esta técnica, contribuyente como pocas al “va¬ ciamiento” del país y la desnacionalización de empresas.
El valor actual de un bien o empresa está dado por una fórmula muy simple:
Renta anual del bien
VALOR ACTUAL — -
Tasa de interés corriente
En otras palabras, se estima que el valor actual de un bien o de una empresa resulta de dividir su rendimiento anual por la tasa de interés corriente, o sea predominante en la plaza de que se trata. Supongamos que una casa que en el año 1945 proporcionaba un rendimiento (o “alquiler”) anual de dos millones de pesos1 y sabemos que en aquella época el interés corriente, predominante y práctimente uniforme en plaza, era del 4 % anual. Por lo tanto, y aplicando nuestra fórmula, el valor de dicha casa era:
2.000.000 ($ m/n)
V. A. = - - 50.000.000.- (m/n)
0,04
1 Utilizamos en este análisis el peso moneda nacional de poder adquisitivo teóricamente "uniforme”, o constante.
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Supongamos ahora que la misma casa, en 1975, sigue dan¬ do el mismo rendimiento anual (habida cuenta de que para facilitar el cálculo, lo realizamos en pesos de poder adquisitivo constante). Pero como para este tiempo la tasa de interés co¬ rriente (anual) se ha elevado al 50 %, el valor actual de la casa resulta:
2.000.000 (fm/n)
V. A. = - - 4.000.000.- (fm/n)
0,50
Advirtamos que, en nuestro ejemplo, hemos supuesto que el rendimiento anual no aparece disminuido, sino estacionario. Lo único que ha ocurrido es la elevación desmesurada de la tasa de interés; y esto, por sí solamente, ha significado que el valor de la casa se vea reducido a menos de una décima parte (de 50 millones a sólo 4 millones, entre 1945 y 1975 )2.
Ahora bien, según el cuadro de “ estrangulamiento ” deli¬ berado de la economía argentina, la acción depresiva sobre el valor de todos los activos patrimoniales de nuestro país (empresas, inmuebles, minas, etc.) no sólo se ha practicado sobre el denominador de nuestra fórmula ( elevando la tasa de interés ), sino también sobre el numerador (disminuyendo la rentabilidad real o potencial de todas las empresas y ac¬ tivos, en el sentido más amplio de la palabra, a través del movimiento de “pinzas” al cual hiciéramos mención anterior¬ mente: elevación repentina de costos y falta de apoyo crediti¬ cio bancario para financiarlo).
De esta manera, deprimiendo el numerador (rendimiento anual) e inflando el denominador (interés anual), correspon¬ dientes a la fórmula antedicha, se ha logrado el efecto ape¬ tecido por el aparato imperialista operante en nuestro país, llevando de tal modo a un quebranto masivo del aparato pa-
2 Para una mejor comprensión de la relación entre la tasa de interés corriente y el valor actual o “capitalizado” de un bien, puede verse mi obra. Economía Política y Argentina, t. II, p. 68 y sig.
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trimoniál y empresario nacional y posibilitando, además, su adquisición a vil precio por los extranjeros, en desmedro de sus ex titulares argentinos.
Y desde luego, que el gigantesco proceso inflacionario ha servido como un mecanismo perfectamente idóneo para os¬ curecer el turbio y dramático desarrollo de estas circunstan¬ cias tan complejas, a medida que ellas se iban presentando. Sin perjuicio del triste papel que ha correspondido en todo ello a nuestros medios masivos de difusión solventados por el imperialismo-desintegrador, en su inmensa mayoría, y enrola¬ dos como éste en el “ liberalismo económico” más entusiasta y anti-nacional. Pero a este aspecto nos referiremos más adelan¬ te, cuando consideremos k ‘‘institucionalización de la depen¬ dencia”.
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CAPITULO IV
ESQUEMA POLITICO QUE INSTITUCIONALIZA LA DEPENDENCIA
1, El “tablado político” que oculta las “efectividades conducentes” económicas
La Constitución Nacional sancionada en 1853, constitu¬ ye el basamento institucional sobre el que se construye la ARGENTINA-COLONIA, en la que habrá de reinar el libe¬ ralismo económico como la meta más importante e inconmo¬ vible de aquella estructura..
Pero más que las formas consagradas en aquel documen¬ to, lo que cuenta y ha de marcar rumbos categóricos hasta el momento actual, es la mentalidad de los hombres que triunfaron en Caseros y que tuvieron a su cargo la organiza¬ ción constitucional del país. Esa logia liberal-masónica , com¬ prometida con sus mentores ingleses, tenía en la Constitución el instrumento flexible y categórico para asegurar la conti¬ nuidad en el poder —en nombre de la democracia-electorális- ta— de quienes garantizaran la “libertad de comercio ”, esa apa¬ rentemente inofensiva y hasta atractiva formulita que habría de asegurar a los imperialistas anglo-norteamericanos, y even¬ tualmente a sus asociados y mandantes, que la Argentina ha¬ bía de convertirse en un subordinado y eficiente productor y exportador de materias primas, a la vez que dócil tributario de cuantiosas “inversiones” inglesas y norteamericanas así como un robusto importador de manufacturas de esos mismos orígenes.
Al fin y al cabo, “la constante histórica del imperailismo es la siguiente: utilizar la forma o fachada política como se¬ ñuelo o ‘sebo psicológico’ y, en definitiva, como ‘cobertura
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dialéctica* para encubrir sus verdaderos designios de domina¬ ción y expoliación económica. Así eí LIBERALISMO promovió, desde antes de 1810 la ‘liberación política’ de las ex colonias españolas y portuguesas en América, a fin de alcanzar más cómodamente el sometimiento económico de las mismas —que a la postre también resultaría político— al IMPERIALISMO CAPITALISTA. En la misma forma que el MARXISMO o SO¬ CIALISMO INTERNACIONAL promueve la ‘liberación polí¬ tica’ de los países latinoamericanos respecto del imperialismo capitalista, a fin de lograr con menos esfuerzo su sometimien¬ to económico —y eventualmente político— al IMPERIALISMO COMUNISTA1.”
“lnstitucionálmente” hablando, la Constitución de 1853 consagró la Nación a la preeminencia extranjera; el liberalis¬ mo económico y la subordinación colonial no serían si no una lógica consecuencia de aquella postulación implícita.
“En el Plata, las libertades ofrecidas al extranjero no anu¬ laban su condición de tal. Un extranjero en los Estados Uni¬ dos, para ser propietario de bienes raíces había de renunciar a su nacionalidad. Aquí quedaba siempre al amparo de su cónsul. Los criollos no tienen cónsul, fue el comentario más profundo de la Constitución del 53. Significaba la condición de vasallaje a que se sometía al pueblo argentino. En los Estados Unidos nadie tiene cónsul, el hijo del país conserva allá su predominio; aquí abdica de su derecho natural. El ins¬ trumento que en el Norte servía para extenderse hasta el Pa¬ cífico, hasta el Golfo de México, hasta la extrema Alaska, que de un pequeño núcleo de colonos establecidos en la costa del Atlántico hacía el Senado de un Imperio, se usaba en el Pla¬ ta para perder el dominio legítimo sobre el río epónimo, para sancionar la amputación definitiva de tres provincias.1”
Y toda la sensibilidad del rf cipayaje ” liberal , emanada de
1 W. Beveraggi Allende, “ Contenido y justificación del Naciona¬ lismo Económico”, Edit. Centro de Estudios Económicos M. Belgrano, Facultad de Derecho, Univ. de Buenos Aires, 1971, pág. 2.
1 Rodolfo y Julio Irazusta, La Argentina y el Imperialismo Bri¬ tánico, Edit. Tor, Bs. As., 1934, págs. 189/90.
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aquella carta magna, tuteladora e inspiradora de los actos de gobierno que jalonan la conducción desde entonces hasta nues¬ tros días, está condensada en esta expresión cumbre del libera¬ lismo-masón , Bartolomé Mitre, al manifestar:
“Pido solamente, al terminar mis tareas, dejar al país con doce millones de rentas, con treinta mil inmigrantes, con qui¬ nientas millas de ferrocarril, gozando de paz y prosperidad, y quedaré satisfecho como ahora lo estoy, al brindar por el fe¬ cundo consorcio del capital inglés y del comercio británico”.2
Poco cabe agregar a lo ya expresado, respecto del progre¬ so condicionado de nuestro país durante la “belle époque” — últimas décadas del siglo pasado y tres primeras del presente siglo—, en que el reinado del “patrón oro” y la ausencia de problemas importantes en los países dominantes permitió un desenvolvimiento agropecuario sin más sobresaltos que las con¬ trariedades económicas que acompañaron el lapso de la I gue¬ rra mundial, con cuyo motivo nuestro país, dependiente de la importación hasta en les productos manufacturados más sim¬ ples (jabones finos, caramelos, chocolates, galletitas, cigarrillos, etc.), se vio temporariamente precisado a prescindir de ellos. Cierto es que en ese ínterin las circunstancias impulsaron una tímida industrialización, pero ésta sin más alcances que suplir las carencias momentáneas de los productos habitualmente im¬ portados, sin que mediara la menor inspiración de parte de nuestros gobernantes de aprovechar la coyuntura para proceder a “ diversificar ” racionalmente nuestra economía , alentando un proceso coherente de desarrollo industrial y estructurando una protección adecuada para las nacientes industrias.
Muy por el contrario, vanos fueron los esfuerzos de al¬ gunos visionarios como Alejandro Bunge 1, que pugnaron de¬ nodadamente, luego de finalizada la primera guerra, para que nuestros gobernantes alentaran y apoyaran con medidas con¬ cretas el proceso de industrialización que por fuerza de las
2 Citado por Juan J. Hernández Arregui, ¿Qué es el ser nacional?, Edit. Plus Ultra, Bs. As., 1973, p. 135.
1 Véase, por ejemplo, su libro, La Economía Argentina, Bs. As., 1928.
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circunstancias había tenido comienzo en nuestro país durante la contienda. Puede sostenerse, en cambio, que menudearon las iniciativas particulares para establecer pequeñas explota¬ ciones industriales, rompiendo así el esquema total de la de¬ pendencia económica que nos caracterizaba. Y a ello se debió, podemos afirmar, el establecimiento de un número considera¬ ble de modestas industrias durante la década de los años 20. Pero no solamente carecieron ellas de protección y estímulo, sino que bien podemos afirmar que fueron simplemente “tole¬ radas” por los gobiernos de la época, en razón de que las mis¬ mas no llegaban a perturbar el statu quo que los imperialistas “liberales” nos habían impuesto2 3 * *.
La gran crisis mundial (1929-1934) conmovió la plácida es¬ tructura de la ARGENTINA-COLONIA, “institucionalizada” en 1853. En diciembre de 1929, el gobierno suspendió la “con¬ vertibilidad” de la moneda; en octubre de 1931, estableció el control de cambios, con el fin primordial de racionar el oro y las divisas, a fin de atender según una escala de prioridades sus compromisos con el exterior y las importaciones 8; en 1933, concertó los empréstitos de desbloqueo” , para atender el pago de fondos congelados correspondientes a acreedores extranje¬ ros, y suscribió el Pacto Roca-Runciman con Gran Bretaña (el ya mencionado “estatuto del coloniaje’); en 1935, estableció el Banco Central y reorganizó el sistema monetario.
Toda, la amarga experiencia de la gran crisis no sirvió para inspirar una reorientación de la funesta política económica liberal, adoptada 80 años antes, ni para rever las “institucio¬ nes en un sentido favorable a la diversificación de la produc¬ ción y a la liquidación de la dependencia.
2 No debe inducir a error la mención a un número relativamente elevado de “industrias” que se formula, como existentes en Argentina, antes y después de comienzos del presente siglo. La mayoría de ellas consistía en establecimientos artesanales y talleres domiciliarios. Conf., por ejemplo, J. C. Pereira Pinto, Aspectos de la historia económica de la R. Argentina durante los últimos setenta años ( 1900-1971), Ed. El Coloquio, Bs. As., 1973, Cap. IV.
3 Sobre este tópico puede verse, W. Beveraggi Allende, El ser¬
vicio del capital extranjero y el control de cambios, Fondo de Cultura
Económica de México, México, 1954, Cap. 8.
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“La crisis mundial —dice Julio Irazusta- y las revolucio¬ nes que conmovieron a la Argentina en las décadas subsi¬ guientes fueron mejor campo de cultivo para la influencia bri¬ tánica que todas las viscisitudes nacionales anteriores, excepto la que siguió a la disolución del gobierno central en 1820. Mien¬ tras la mayoría de los gobiernos civilizados, sin tener en cuenta su mayor o menor fuerza, enfrentaban las circunstancias con espíritu renovador, entre nosotros ocurrió al revés t.
Otto Niemeyer, Director del Banco de Inglaterra, fue quien proyectó nuestro Banco Central y en su Informe oficial al go¬ bierno argentino expresó: “He creído conveniente. . . para pre¬ sentar mis sugerencias en forma concreta, resumir la esencia de mis diversas recomendaciones dándoles la forma de proyec¬ tos de ley”. A la vez que el Poder Ejecutivo Nacional, en su mensaje al Congreso, proponiendo la creación del Banco, se preciaba de haber recibido el asesoramiento pertinente del “poderoso y tradicional Banco de Inglaterra”, el cual, en defi¬ nitiva, legislaba para nosotros! . . . Poco puede sorprender que en el Directorio del Banco, integrado por catorce miembros, uno sólo era designado por el Poder Ejecutivo; y que la ma¬ yoría de votos en la Asamblea de bancos accionistas, según las previsiones estatutarias, correspondía a los bancos extran¬ jeros y de colectividades extranjeras 1 2.
2. Los “fuegos artificiales” de 1945-1955
“Dos novedades importantes jalonaron el período de la se¬ gunda pos guerra: 1945-1955, al menos como innovaciones tras¬ cendentes en el orden institucional: la nacionalización del Ban¬ co Central y la amplificación del I.A.P.I. (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio), hasta el punto de conver¬ tir a éste en una agencia oficial para todas las negociaciones comerciales con el exterior. Lamentablemente de estas dos creaciones o innovaciones no se derivó prácticamente ningún provecho concreto y tangible para la configuración de una
1 Influencia económica británica en el Río de la Plata, pág. 89.
2 Jorge A. Difrieri, ob cit., VI Parte, Cap. I.
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política económica nacional: no sabemos si por incapacidad u orfandad ideológica de quienes tuvieron a su cargo aplicar ta¬ les mecanismos durante el período de referencia o si ello se debió, en cambio, a una falta de valor de los responsables de tan plausibles reformas, para ponerlas vigorosamente en prác¬ tica, lo cual hubiera importado desafiar y conmover la estruc¬ tura colonial de dependencia que aún estábamos —y estamos— soportando 1.
Algunos autores pretenden identificar como logros impor¬ tantes de la década 1946-1955 el aumento de producción in¬ dustrial, la nacionalización de servicios públicos, la disminu¬ ción de la deuda externa y la redistribución de los ingresos 2. En cuanto a lo primero, la propia referencia de los autores aludidos hace ascender al 12 % el incremento de la produc¬ ción industrial en el período mencionado, respecto de la dé¬ cada precedente (1935-1945 ) 3 lo cual por sí mismo da la pau¬ ta de lo insignificante que habría sido dicho progreso. En cuan¬ to a la nacionalización de los servicios públicos en el capítulo II hicimos una referencia al desastroso negocio para nuestro país que fue la “compra” de los ferrocarriles y pensamos que las restantes “nacionalizaciones” (teléfonos, gas, etc.) adole¬ cieron de los mismos vicios. Baste decir que en todos los casos se materializaron con gran beneplácito de los “expropiados”. En cuanto a la disminución de la deuda externa —y sin per¬ juicio de lo qüe pueda representar en ella las “nacionalizacio- nes prealudidas— lo importante no es que se amengüe la deuda externa a cualquier precio, sino precisamente las con¬ diciones en que la disminución se logra; caso contrario, puede representar un excelente negocio adicional para los acreedores imperialistas y una muestra adicional de la dependencia. Por ultimo en cuanto a la redistribución social del ingreso ” pre¬ suntamente lograda, nos limitaremos a decir que tal conclusión
1 W. Beveraggi Allende, Contenido y justificación del Naciona¬ lismo Económico, pág. 3.
2 Roberto Lavagna y Tulio Rosembuj, La independencia econó¬ mica, 1945-1955, Edit. Rancagua, Bs. As., 1973.
8 Ibid, pág. 42.
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aparecía basada en la información fraudulenta del Instituto Nacional de Estadística y Censos , respecto de lo que fue el aumento del índice de precios entre 1946 y 1955, pues una computación veraz nos llevaría a la conclusión de que tal redistribución, en beneficio del sector laboral, no habría sido sino ilusoria 1.
3. El retorno a la “verdad desnuda”: 1955*1915
“La instalación del gobierno de la llamada Revolución Li¬ bertadora año 1955, marca un decidido retroceso a las peores y más irritantes formas del esquema colonial por parte de la Nación Argentina. Vale decir, que nuestro país es retrograda¬ do a las formas más crudas del subdesarrollo , o más propia¬ mente del atraso económico, con toda la secuela de caracterís¬ ticas que son propias de tal condición: consagración a la pro¬ ducción y exportación de alimentos y materias primas, desti¬ nados a ser suministrados al mercado internacional —o más bien, a las potencias imperialistas— al más bajo precio posible, impuesto por éstas; importación por nuestro país de todo gé¬ nero de artículos, en lo posible destinados al consumo super- fluo o 'de lujo’ y no de bienes que pudieran faciliatr nuestra industrialización^ amplia libertad de comercio exterior y de cambios , destinadas ambas a beneficiar a nuestros explotado¬ res extranjeros y no, desde luego, al pueblo argentino, que para nada se beneficia con ninguna de estas presuntas libertades’; desaforada importación de capitales extranjeros’ (fingida, en la mayoría de los casos), destinados a presuntas inversiones de desarrollo y fomento en nuestro país; pauperización pro¬ gresiva de todos los sectores de la población argentina al punto de llegar, como ocurre en el momento actual, a estrictos lími¬ tes de supervivencia, que hacen empalidecer los esquemas de Ja ley de bronce’ para los salarios, elaborada por la variedad más deshumanizada del capitalismo monopolista y explotador 2.
1 Conf. W. Beveraggi Allende, La inflación argentina, 1946- 1975, puntos 5 y 6 de las Conclusiones, págs. 61/2.
2 W. Beveraggi Allende, Contenido y justificación del Naciona¬ lismo Económico, pág. 3.
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Todo ello sin perjuicio de cuanto hemos expresado en el Capítulo precedente acerca del estrangulamiento de la produc¬ ción, el desabastecimiento, la desnacionalización y el calami¬ toso “vaciamiento” del país, practicado con altibajos hasta 1973 y sin interrupción desde entonces hasta la fecha (fines de 1975), ya que lo expresado en la cita precedente se aplica por igual a los acontecimientos económicos de estos últimos cuatro años.
El incremento de la deuda externa entre 1955 y 1973 al¬ canzó, aproximadamente, a 5.000 millones de dólares 1 2, pero desde Mayo de 1973 hasta mediados del año 1975, o sea en poco más de un par de años, se habría elevado prácticamente al doble: 10.000 millones de dólares, más o menos, aún cuan¬ do en las actuales circunstancias es tan evidente el falseamien¬ to de los guarismos, sea para “beneficiar” circunstancialmente al gobierno o para disimular sus desaciertos, que es harto di¬ fícil saber cuál es la verdad estadística de nuestro desenvol¬ vimiento económico y financiero como Nación.
Mientras tanto, la catástrofe de las devaluaciones reitera¬ das, en que incurierron pertinazmente, los gobiernos civiles y militares entre 1955 y 1973, y que llevaron nuestro peso moneda nacional de la relación 15:1 con el dólar (o sea 15 pesos = 1 dólar N.A.), aproximadamente, a la relación 1.000 pesos m/n :dólar, en ese lapso, se ha visto también amplia¬ mente superada por los acontecimientoos en los últimos 36 meses (Mayo 1973/Mayo 1975), ya que la actual relación de cambio esta en bastante más de 20.000 pesos m/n por dólar?
Por otra parte, todas las leyes y decretos que acompañan este proceso económico dantesco que acabamos de describir y que son el complemento “institucional” de la Constitución de 1853, enmarcan la ARGENTINA-COLONIA, que abarca
1 Según expresiones de Perón y Gelbard, en mayo de 1973.
2 El dólar norteamericano llegó a cotizarse en octubre/75 a más de 16.000 pesos m/n.; en los primeros días de noviembre/75 bajó a 14.000 pesos m/n., más o menos, y hoy su cotización oscila entre los 25 y 30 mil pesos, con perspectivas de subir indefinidamente. Siempre hablando del mercado “libre” o “financiero”, en mayo de 1976.
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de 1853 a 1955, y el COLONIALISMO-DESINTEGRADOR, característico de los últimos veinte años: 1955-1975.
4. Complicidades por idiotez o por venalidad
Desde luego que nos hemos referido a las instituciones económicas del LIBERALISMO, instaurado después de Ca¬ seros, y vigente hasta el día de hoy, y tan sólo tangencial¬ mente a las “instituciones políticas” que acompañan el holo¬ causto de la economía nacional. Pero algo debemos agregar en este sentido, para completar el cuadro que nos propusimos trazar.
El “desvarío" liberal (y conste que aplicamos el cali¬ ficativo ‘“desvarío" a quienes consideramos torpes y equivo¬ cados, pues refiriéndonos a los promotores conscientes de las implicancias del liberalismo, corresponde hablar de “felonías”) se había expresado ya elocuentemente en las palabras de Esteban Echeverría:
“El camino para llegar a la libertad es la igualdad: la li¬ bertad y la igualdad son los principios engendradores de la de¬ mocracia. La democracia es por consiguiente el régimen que nos conviene y el único realizable entre nosotros” O). Agre gando más adelante con ceguera dogmática:
“Política, filosofía ciencia, RELIGION, arte, industria, TODO DEBE ENCAMINARSE A LA DEMOCRACIA, ofrecerle su apoyo y cooperar activamente a robustecerla y ci¬ mentarla.1 2
Vale decir que TODO, hasta la RELIGION, se supeditaba a la DEMOCRACIA. Y esta era hija de la libertad, y por ende TAN INTOCABLE COMO AQUELLA. Por donde el “DOGMA LIBERAL" quedaba perfectamente planteado, abar¬ cando la POLITICA, la CIENCIA, el ARTE y la INDUSTRIA. En forma tal que LIBERALISMO ECONOMICO IRRESTRIC- TO, móvil práctico y concreto de los colonizadores e imperia¬ listas, estaba asegurado “contra todo evento”.
1 El Dogma Socialista, Edit. Perrot, Bs. As., 1958, pág. 134.
2 Ibid, págs, 169/70. El subrayado es mío.
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El liberalismo político, SIRVIENTE INCONDICIONAL del liberalismo económico, quedaría garantizado en la práctica, a través de la intriga de los agentes ingleses y de los manejos esotéricos de las logias masónicas.
A la luz de tales antecedentes resultará, tal vez, perfecta¬ mente clara una expresión contenida en una reciente carta pública que el suscrito le enviara a la Presidencia de la Repú¬ blica, solicitándole —desde luego, infructuosamente— un espa¬ cio razonable a través de cualquier medio masivo de difusión, a fin de exponer el punto de vista Nacionalista, en materia económica, frente a la dramática y severísima crsis que atra¬ viesa nuestro país en los actuales momentos:
“La ‘partidocracia’ liberal —le decía—, que incluye a todos los partidos políticos actuantes en la escena nacional, desde el Conservadorismo hasta el Partido Comunista, sin omitir por cierto el Nacional Justicialista o Peronismo, pretende asumir la defensa de la economía y remediar sus males desde adentro del sistema, vale decir, aceptando la filosofía e instituciones liberales vigentes en nuestro país desde más de un siglo; mien¬ tras que el Nacionalismo considera que sólo habrá soluciones si abrogamos o aplastamos tal sistema, responsable de nuestras desdichas fundamentales —pasadas y presentes— en el orden económico’^1).
5. Los grandes accesorios <fcel imperialismo económico: Universidad, medios masivos de difusión, estructuras gremiales
“Expuesto sintéticamente, he aquí e! problema ( universita¬ rio , o genéricamente cultural): la República Argentina carece hasta la fecha de auténticas escuelas o facultades de Eco¬ nomía, en las que se estudie adecuadamente esta importante ciencia; y es mi convencimiento que ello es el resultado de una premeditada acción del ‘régimen’, tal como se llama al complejo de intereses de carácter imperialista que desde más
1 Fechada el 31 de julio de 1975.
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de un siglo atrás viene operando soberanamente en nuestro país, con el sencillo propósito de que, privado de economistas, el mismo sea ms fácilmente vulnerable al embaucamiento de los técnicos extranjeros, al tiempo que su pueblo, desprovisto de esclarecimiento al respecto, quede, por ende, en las con¬ diciones más precarias para asumir su autodefensa en materia económica y financiera”.2
Insistentiendo sobre este particular, expresaba reciente- temente en la carta a la Presidenta, aludida anteriormente:
”E1 régimen. . . ha tenido éxito en impedir en nuestro país la formación de economistas. Nos ha permitido sí, formar médicos, abogados, arquitectos, ingenieros y otros profesiona¬ les universitarios a nivel de los mejores del mundo; pero no nos ha permitido capacitar verdaderos economistas sino tan sólo contadores públicos disfrazados de ‘doctores en cien¬ cias económicas . . . Esta circunstancia explica, entre otras co¬ sas .. . porqué los encargados de la conducción económica desde tiempo inmemorial pueden ser aficionados de cualquier ex¬ tracción (abogados, ingenieros, ex capitanes o semianalíabetos como Gelbard). Y explica, sobre todo, la desastrosa conduc¬ ción económica que ha caracterizado a nuestro país, sin que jamás un ex ministro o funcionario haya provisto aclaraciones satisfactorias sobre el porqué de su fracaso, ni quién desde el gobierno se les haya pedido”.
Respecto de la distorsión de la información, a través de los medios de difusión masiva, la técnica imperialista que nos mantiene en la dependencia y nos aproxima a la eventual “desintegración nacionaT’, resulta claramente perceptible.
Nominalmente, todos los medios de difusión son libres y, más aún, libérrimos, como para publicar todo género de in¬ formaciones y los más diversos puntos de vista desde el án¬ gulo de la cultura, la política, la economía y cualquier tema que haga al interés público. Sin embargo, en la práctica, la parcialidad y unilateralidad informativa, así como la orienta¬ ción tendenciosa cultural, surge con toda evidencia. Y si esto es la norma respecto de todos los campos del conocimiento,
2 W. Beveraggi Allende, El Dogma Nacionalista, Edit. Manuel Belgrano, Bs. As., 1969, págs. 61/2.
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la regimentación se especializa sin ninguna duda en todo lo que atañe al liberalismo económico y a los intereses concretos que éste está llamado a servir.
Es así como en nuestro país, a partir de 1825, se acuña una “historia oficial ”, en función de la cual resultan ‘ángeles’ todos los que han estado y están al servicio de la estructuración liberal del país y ‘reprobos” los que con tanta razón y denuedo se han opuesto a ella. Y no deja de ser trabajoso, prolongado y ciclópeo el esfuerzo que, paso a paso, y luego de casi ochenta años, permite llegar a un revisionismo histórico, maduro y ver¬ tebrado, que pone en evidencia el fraude escandaloso con que aquella “historia oficial” embaucadora sin cortapisas, durante muchos decenios, a la cultura nacional.
Respecto del tema “economía nacional”, en relación con los medios de difusión masiva, decía yo recientemente en la aludida carta pública a la Presidente Isabel Perón:
“El sistema liberal, igualitario y justiciero en teoría, su¬ pone la libertad individual de todos para producir, comer¬ ciar, consumir, exportar e importar, de manera que cada uno puede enriquecerse o empobrecerse (a nivel personal, em¬ presarial o nacional) según su esfuerzo, su constancia y su austeridad ahorrativa. Pero en la práctica las cosas ocurren de muy distinta manera: la desigualdad económica determina que el pez grande se coma al mediano y al chico’ y, a la postre, no existe igualdad de ninguna especie y sólo subsisten —co¬ mo hoy, entre nosotros— por una parte, el monopolio finan¬ ciero y las empresas multinacionales y, por la otra, la liber¬ tad del pueblo tan sólo para morirse de hambre. Con la acla¬ ración de que la ‘desigualdad económica’ no ha resultado, las más de las veces, del ahorro o esfuerzo acumulado, sino de circunstancias y oportunidades nada ‘igualitarias’, como puede ser el usufructo o control de resortes oficiales, de bancos y recursos financieros o bien de apoyos internacionales.”
”Por otra parte, los grandes usufructuarios de este sistema, esencialmente hipócrita, desalmado y antinacional, según evi¬ dencias que hoy nadie osará discutir, acompaña su estrategia de progresivo acaparamiento y estrangulamiento económico con la monopolización progresiva de los medios de difusión masiva.
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Y en esto no sólo juega un papel decisivo el poder y la desi¬ gualdad económica referida {contémplese, por ejemplo, si la fuente de avisos pagados en los diarios, radio y televisión, en nuestro país, en los últimos años, no son precisamente las em¬ presas financieras —que ofrecen suculentos intereses a los aho- rristas— y las empresas multinacionales), sino también la cuan¬ tiosa publicidad y propaganda oficial, administrada a menudo por funcionarios subordinados al ‘sistema’.
”De manera que tales medios de difusión se han conver¬ tido en voceros obstinados de la dialéctica regiminosa, o sea de la versión que interesa difundir, exclusivamente, a los com¬ prometidos en el mantenimiento del sistema, mientras per¬ manecen vedados a quienes —en defensa del país y del pueblo- pretendemos cuestionarlo. Por tal motivo, desde luego, los úni¬ cos que tienen acceso a dichos medios de difusión son los integrantes de la ‘partidocracia’, pero jamás lo tenemos los Na¬ cionalistas, que nos permitimos denunciar el sistema y sus in¬ fames manejos”.
En resumen, los medios de difusión masiva, sean ofi¬ ciales o privados, son absoluta y totalmente manejados por quienes desde la sombra administran los intereses liberales e imperialistas. Si son oficiales, porque los gobernantes, casi sin excepción, son consciente o inconscientemente subordinados al “sistema” (1). Y si son privados, el asunto es mucho más sim¬ ple aún, porque los intereses regiminosos apoyan con publicidad y recursos de toda índole (por ejemplo, la provisión del papel para imprimir) exclusivamente a quienes les sirven dócil y sumisamente.
Por ejemplo, el país entero tiene conciencia de que una gi¬ gantesca red financiera usuaria viene operando discrecional-
1 De ahí que las únicas controversias que trascienden a la opi¬ nión pública respecto a monopolización de los medios de difusión son las que se originan entre “subordinados del régimen”, sea porque a los radicales el actual oficialismo no les asigna espacios suficientes, o por la misma razón, pero a la inversa, en épocas pasadas. Pero el monopolio liberal, el verdaderamente grave y pernicioso para la Na¬ ció®, ese nadie lo discute, al menos a través de los “medios de infor¬ mación masiva”.
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mente desde hace años, estimulada por la contratación cre- dítica bancaria antes referida, y que prácticamente la totalidad de los empresarios y de los particulares son víctimas directas de esa estructura. Algunos economistas, con incuestionable au¬ toridad técnica y fundamentación estadística, hemos venido denunciando esa lacra social y perturbación económica. Sin embargo podemos praguntar qué medios de difusión masiva, editorialmente o de otra manera, se han hecho eoo de la gravísima y justificada preocupación. La necesaria respuesta es: ninguno! Y la explicación es muy simple: los medios ma¬ sivos de difusión oficiales y privados, están al servicio ex¬ clusivo de la estructura imperialista y de los intereses “li¬ berales” que los alimentan; y mientras esa dependencia sub¬ siste, mal podemos esperar que tales medios se hagan eco cíe! clamor nacional y popular, en ese y en cualquier otro as ¬ pecto.
Por ejemplo: la pavorosa inflación que el país viene su¬ friendo en las últimas décadas, es atribuida, invariablemente, en los medios informativos habituales, al presunta exceso de moneda circulante. Sin embargo, se ha demostrado palmaria¬ mente que la inflación obedece, no a esa causa, sino precisa¬ mente a la contraria: la insuficiencia de medios de pago, que ha engendrado la “usura generalizada" y es ésta , precisamente, con sus altísimos “costos de financiación”, la que ha engendra¬ do la inflación!.1
Un órgano tan indubitablemente regiminoso y al servicio del imperialismo como es “THE REVIEW OF THE RIVER PLATE”, nos dice en su edicición del 12 de junio de 1975, en un editorial (pág. 787) que “LA CANTIDAD DE DINERO EXISTENTE, MEDIDA EN TERMINOS DE MONEDA CONSTANTE, ERA (EN MAYO DE 1975) LA TERCERA PARTE DE LA QUE EXISTIA en 1950)". Lo cual nos da claramente la pauta de la drástica contracción monetaria alu-
1 Véase, por ejemplo, sobre dicho tópico: Marcelo Lascano, El crecimiento económico, condición de la estabilidad monetaria en la Argentina, EUDEBA, Bs. As., 1970; W. Beveraggi Allende, La in¬ flación Argentina, 1946-1975.
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dida por nosotros. Ello no obstante, toda nuestra prensa (oral, escrita y televisada), esencialmente cipaya y regiminosa, no se ha hecho eco prácticamente en una sola oportunidad, de esta circunstancia que explica la USURA y la INFLACION, que es su consecuencia, y que explica además la DRAMATI¬ CA POSTRACION Y SUBPRODUCCION DE LA ECONO¬ MIA ARGENTINA.1
Una reciente evidencia de que la inflación puede deberse —y en nuestro país se debe — a causas muy ajenas al exceso de moneda, nos la ha proporcionado el “golpe de timón” de ese insólito Ministro de Economía del “régimen”, Celestino Rodrigo, quien a través del llamado “shock” (o “Rodrigazo”, como más criollamente lo apoda nuestra población), consi¬ guió incrementar los precios, término medio, en un 200 % por lo menos, en el lapso de pocos días, sin que en ese ín¬ terin se hubiese operado prácticamente, ningún incremento de moneda .2 Para ello bastó que el aludido Ministro tri¬ plicara el precio de los principales combustibles y aumen¬ tara en una proporción semejante las tarifas de los servicios públicos (transportes, gas, electricidad, teléfonos, etc.).
Por supuesto que tal circunstancia no ha servido para que los medios corrientes de difusión rectifiquen su consa¬ grada teoría de la “INFLACION POR EL EXCESO DE MO¬ NEDA’, ni busquen una explicación novedosa y coherente al drama económico que está viviendo la Nación entera y que tiene “en vilo’ a la totalidad de nuestra opinión pública. Lejos de ello, la “red informativa regiminosa’ prosigue con su
1 No es infrecuente que los órganos periodísticos pertenecien¬ tes a los imperialistas sean más francos para exponer los problemas que ellos mismos contribuyen a crear, que lo que lo son los órganos subalternos del “colonialismo” (o sea, la llamada “prensa argentina”).
2 El hedho de que para entonces se emitieran 10.000 millones de pesos “viejos” (m/n.) diariamente, o más, no modifica para nada nuestro argumento,” pues jamás, en el lapso de días, o de meses, po¬ día duplicarse o triplicarse el caudal monetario, en forma tal que dicho caudal (conforme a la “teoría cuantitativa” del valor de la moneda), apareciera justificando el formidable incremento de precios ocurrido en tan brevísimo lapso.
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argumento habitual de reclamar "economías en el gasto pú¬ blico”, a fin de evitar que el "déficit fiscal” siga originando la “sobreemisión monetaria”. . .
Así como tampoco levantaron su voz —ni dieron opor¬ tunidad a quien estaba dispuesto a hacerlo— para condenar la USURA, la CONTRACCION ALEVOSA DEL CREDI¬ TO BANCARIO, los EMPRESTITOS EXTERNOS QUE SI¬ GUEN CONTRATANDO SIN INTERRUPCION, la IM¬ PLANTACION DE LA MONEDA EXTRANJERA (principal¬ mente, el dólar norteamericano) COMO MONEDA DE CON¬ TRATO y DE PAGO POR CAUSA DE LA TOLERANCIA Y JURISPRUDENCIA UNANIME DE NUESTROS TRIBU¬ NALES, la DESNACIONALIZACION MASIVA DE EMPRE¬ SAS Y DE BIENES ARGENTINOS, el DES ABASTECIMIEN - TO Y EL "VACIAMIENTO” ECONOMICO EN ESCALA NUNCA VISTA ANTERIORMENTE, todo ello en beneficio del IMPERIALISMO Y DEL “COLONIALISMO-DESINTE¬ GRADOR”.
En cuanto al manejo de las “estructuras gremiales” o sin¬ dicales, destinado a conformar sus principales órganos de con¬ ducción conforme a los designios del liberalismo económico o, en términos más amplios del “régimen liberal, la comprensión del tema no ofrece mayores dificultades.
En primer término, las instituciones políticas del Estado liberal y la estrategia de la “ partidocracia ’ —que constituye su principal instrumento de conducción del proceso— se las arreglan de tal manera para interferir la selección de las di¬ recciones sindicales que bien puede considerarse que, a la postre, los llamados a dirigir “el molimiento obrero ’ son los dirigentes seleccionados por el régimen. Se necesita realmen¬ te de personas o dirigentes “de excepción’ para que sean ca¬ paces de burlar la "maraña institucional” y burocrática, a tra¬ vés de la cual el régimen fiscaliza y regentea tan importante asunto.
La “ley de asociaciones profesionales”,1 sancionada duran-
1 Nos referimos a la Ley 14.455, parcialmente modificada luego por la Ley 20.615, del año 1973.
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te la presidencia de Frondizi, ha sido uno de los más eficaces medios para institucionalizar la dependencia regiminosa de las estructuras gremiales obreras. En primer lugar, porque la agremiación obligatoria, “de hecho”, en un sindicato úni¬ co,2 permite incluir a todos los obreros y empleados de cualquier actividad en “una única bolsa”, con un pretexto legal. Luego bastará que un organismo burocrático del gobierno —el Ministerio de Trabajo, —con amplias facultades para fis¬ calizar la “corrección” e “imparcialidad” de las elecciones, discrimine qué candidatos y qué “listas” son las que están “bien encuadradas” en las “disposiciones legales” (o sea, en las prefencias del “gobierno de turno”, y en definitiva,’ del régimen), para que la representación sindical única esté in¬ vestida, en última instancia en quien cuenta con el favor o al menos con la tolerancia oficial.3
Por otra parte, la estructuración del sindicalismo pero¬ nista, según el propio Perón “columna vertebral” del Movi¬ miento Justicialista, es una prueba más de la subordinación aludida —del orden gremial a la estructura política “partido- cr ática , y por vía de ésta a los designios fundamentales del liberalismo económico.
Por la simple razón de que, sin perjuicio de todas las ex¬ presiones amables del ex-Presidente Perón para con los obre¬ ros y sus organizaciones, la “LEY DE LA VERTICALIDAD” regía para todos, según afirmaciones reiteradas y recordadas
2 Decimos que “de hecho” el trabajador está obligado a afiliar¬ se, pues en oaso contrario se ve prácticamente privado de beneficios que derivan de las convenciones colectivas de trabajo (art. 8 de la Ley 14.250) o de las “obras sociales” que administra el sindicato con personería gremial. Por otra parte, las agrupaciones gremiales disiden¬ tes y opositoras de aquellas que, con anuencia oficial, ocupan las di¬ recciones de los sindicatos y federaciones con “personería gremial”, se encuentran prácticamente desprovistas de representación. Y en nume¬ rosos casos, tales agrupaciones suman un número de voluntades abru¬ madoramente mayoritario en los respectivos gremios.
3 Son bien conocidos diversos casos en que ni la decisión de los jueces ha conseguido evitar los manejos de la “cúpula sindical”, actuando en combinación con la burocracia oficial.
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hasta el cansancio por los dirigentes sindicales peronistas. Y en esa verticalidad —vigente no solamente en vida del caudillo, sino también y con más vehemencia aún después de su muer¬ te— estaba y está la médula de lo aseverado por nosotros: la sumisión, con el carácter de una verdadera “INSTITUCION POLITICO-SOCIAL” de las organizaciones sindicales de tra¬ bajadores a las estructuras políticas, y por vía de éstas a la concepción y hegemonía del SISTEMA ECONOMICO LI¬ BERAL.
Repetimos que se necesitan calidades verdaderamente ex¬ cepcionales para llegar a los más altos niveles de la conduc¬ ción sindical sin subordinarse enteramente a los dictados del régimen liberal. Y cuando esa circunstancia se da, el dirigente que pretende desacatarse contra las directivas y orientación del “sistema”, particularmente en el orden económico, puede sufrir graves contratiempos. Estamos persuadidos de que el asesinato alevoso, en el año 1973, del señor José Ignacio Rucci, Secretario General de la Confederación General del Trabajo, constituye un ejemplo dramático de lo expresado.
Meses atrás, se pudo presenciar en nuestro país un cho¬ que evidentemente grave entre la “estructura sindical” y el gobierno de la Nación, con motivo del intento de éste úl¬ timo de desconocer los convenios salariales, resultantes de las convenciones paritarias celebradas en Mayo y Junio de 1975. Una huelga general a principios de Julio de ese año que con¬ citó la virtual unanimidad del sector laboral, obligó al go¬ bierno a rever su decisión. Sin embargo, una vez que se res¬ tablecieron las buenas relaciones entre el gobierno y la “cú¬ pula sindical”, y ésta última se hizo presente ante la Presi¬ dencia de la Nación con sugerencias específicas para sortear la grave crisis económica que atraviesa el país, sus proposicio¬ nes parecían emanadas de los más conspicuos cenáculos del liberalismo económico. En relación con las medidas propues¬ tas, el suscripto dirigió a los dos máximos dirigentes, de la C.G.T. y de las “62 Organizaciones Peronistas”, respectiva¬ mente, Sres. Casildo Herreras y Lorenzo Miguel, una carta pública, uno de cuyos párrafos expresa:
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“Seguramente que por defecto de asesoramiento técnico, dichas medidas económicas aparecen inspiradas en el más crudo liberalismo —el mismo que en alguna otra paite del do¬ cumento ustedes critican severamente y con razón— de tal ma¬ nera que dicho documento, en la parte a que me refiero, tanto por lo que dice como por lo que calla, podría haber sido perfectamente elaborado por Alvaro Alzogaray, Arturo Fron- dizi, José Ber Gelbard o Celestino Rodrigo”.1
La especial referencia que acabamos de hacer al meca¬ nismo sindical obrero —dentro del contexto genérico de las organizaciones gremiales , aludidas anteriormente y como for¬ mando parte de los principales accesorios “intitucionales” del régimen liberal— no significa, desde luego, que esta sea, la única ni la más regiminosa de esas estructuras. Para probarlo, bastará tener presente la “organización gremial empresaria” —la Confederación General Económica— y otros tipos de en¬ tidades, como las profesionales, sea el Colegio de Abogados, el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas, el Centro Argentino de Ingenieros, etc.
Casi todas ellas —incluidas las “ Academias 2— consti¬ tuyen ejemplos de pequeños o medianos “grupos de presión”, concebidos hábilmente por el “régimen liberal”, y que si bien en la mayoría de los casos son de ninguna representatividad política y económica, ello no obstante, sirven como impor¬ tantes instrumentos de “acción psicológica” ante la opinión pública, especialmente en cuanto se trate de defender (con su presuntamente “autorizada opinión”) a la democracia, las ins¬ tituciones liberales”, el liberalismo económico, o bien la “Cons¬ titución de 1853” y “nuestro tradicional sistema de vida”. . .
Respecto de la C.G.E., bastará para convencemos de su escasa o nula “representatividad” auténtica, leer los diarios
1 Fechada ©1 23 de julio de 1975.
2 Por ejemplo, las “de la Historia”, “de Derecho”, “de Ciencias Económicas”, de “Ciencias Morales y Políticas”, etc. En cuanto al valor científico que tales entidades invisten, cabría recordar aquí la anécdota de Luis XIV, a quien le preguntó su bufón predilecto, Pirrón, cuál podía ser el epitafio de su tumba, replicando al célebre monarca: “Aquí yace Pirrón, que nunca fue nada, ni siquiera académico”.
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de Octubre y Noviembre del año 1975, en que rotas ya cier¬ tas compuertas de inhibición o de temor, numerosas entida¬ des se despacharon violentamente contra dicha central, que pretende representar a los empresarios argentinos y es mane¬ jada a su vez, desde muchos años atrás, por dos extranjeros, judíos, de antecedentes comunistas: José Ber Gelbard y Ju¬ lio Broner. Además de la repulsa del sector agropecuario, en esos momentos, en pleno “paro ganadero”; el 22 de Octubre, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresa¬ rios, negaba severamente a la C.G.E. verdadera representati- vidad, y en el mismo sentido se pronunciaban otras organi¬ zaciones, como la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires, la Comisión Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios, Bebidas y Afines, la Cámara Ar¬ gentina de la Construcción. Esta última, según puede leerse en el diario La Nación (Oct. 21-75, p. 4), expresaba, al co¬ mienzo de una agresiva declaración: “Repugna a quienes sos¬ tienen tal irrenunciable derecho (el de la libertad de agre¬ miación), la acción de grupos o sectores que atribuyéndose una representatividad ilegítima (por la C.G.E. ), han ejercido y pretenden seguir ejerciendo toda clase de presiones con¬ ducentes a imponer sus puntos de vista, en buena medida responsables del desastre económico que ha sumido al país en una de las crisis más profundas de su historia”.1
RECAPITULANDO: el liberalismo económico , herramien¬ ta por excelencia utilizada por el imperialismo extranjero que ha forjado nuestra DEPENDENCIA, ha instrumentado como sus armas principales de dominación y permanencia: la “INS- TITUCIONALIZACION”, cimentada en la Constitución de 1853 y toda la estructura legal complementaria; así como en
1 Cabe recordar asimismo que el paro empresario, de carácter nacional, dispuesto por la Asamblea Permanente de Entidades Gremia¬ les Empresarios (APEGE), el 16 de febrero de 1976, alcanzó un éxito completo, significando la virtual paralización de toda actividad en el país, no obstante que el gobierno —y desde luego la C.G.E.— negaban verdadera significación y representatividad a dicho nucleamiento em¬ presarial.
estructuras “operativas” subalternas y accesorias —partidos políticos, Universidad, medios masivos de difusión y organi¬ zaciones gremiales—, cuyo funcionamiento tiende a darle al “sistema” una presuntamente importante apariencia de DE¬ MOCRACIA y LIBERTAD.
6. Una acotación necesaria
Todo cuanto hemos expresado, respecto del curso de nues¬ tro país en materia económica y política, en los últimos 123 años, no significa, desde luego, que no hayan ocurrido en ese ínterin algunos acontecimientos positivos, que constituyen jalones aislados y muy valiosos en la lucha —nunca abdicada por nuestro pueblo— hacia nuestra plena liberación política y económica. Tales casos, podemos afirmar, constituyen la "excepción que confirma la regla”.
Podemos mencionar, en tal sentido, como concreciones de empresas públicas de gran significación para un desarrollo nacional independiente, los casos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y Fabricaciones Militares , debido a los esfuerzos es¬ pecíficos de los generales Mosconi y Savio, respectivamente. Y son incontables, también, los denodados intentos individua¬ les, civiles y militares, las más de las veces frustrados, no sólo para concretar empresas de gran valor y proyección eco¬ nómica, en el sentido señalado, sino también para crear una conciencia pública en el mismo sentido.
Sus principales protagonistas, por cierto, debieron luchar heroicamente contra las dificultades propias de tales empre¬ sas y la falta de apoyo, de cualquier naturaleza, sino tam¬ bién contra la sórdida hostilidad de las autoridades de turno, políticas y económicas, que siempre y a lo largo de este opro¬ bioso interregno, fueron celosos “cancerberos” de la hegemo¬ nía de la estructura liberal y de los poderes imperialistas fo¬ ráneos que, hasta el presente, constituyen sus implacables tu¬ tores y usufructuarios.
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CAPITULO V
DE LA “ARGENTINA-COLONIA” A LA POSIBLE DESINTEGRACION NACIONAL
1. Alternativas del desmembramiento: desde la “Andinia israelí” a cualquier variante mraxista
El 28 de abril de 1975, la opinión pública de muchos lugares de nuestro país se sobresaltó con una noticia por demás llamativa: “CREACION DE UN ‘ESTADO DE IS¬ RAEL’ EN ARGENTINA”. La información provenía del ex¬ terior, y la transmitía la agencia oficial de noticias Télam, de manera que no podía dudarse de la seriedad de la mis¬ ma y del carácter fidedigno atribuible a la fuente. El des¬ pacho de Télam fue publicado por numerosos e importantes diarios del interior del país; prácticamente por ninguno de la Capital Federal. Pese a la gravedad de la noticia y a la respetabilidad de su procedencia, nadie planteó un “pedi¬ do de informes” en el Congreso de la Nación. Evidente¬ mente, los “frenos y contrapesos” del régimen funcionaban perfectamente: tanto a nivel de “instituciones políticas” co¬ mo de medios masivos de difusión.
Reproducimos a continuación, textualmente, el mensaje de la Agencia Télam, tal como fuera insertado en una media docena de diarios que tenemos a la vista sin que se advierta entre las versiones reproducidas por todos ellos variante alguna1.
1 "PREGON”, de S. S. de Jujuy; “EL DIARIO”, de Paraná; “LA GACETA”, de Tucumán; “EL LIBERAL”, de Santiago del Estero; "CORDOBA”, de Córdoba, entre otros, todos del 28 de abril de 1975.
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“BARCELONA, España, 27 (Télam-EFE).— La creación de un Estado de Israel en Argentina es revelada por el pe¬ riodista español Miguel de la Cuadra Salcedo en unas de¬ claraciones publicadas en el diario Xa Vanguardia Española’, de Barcelona. ‘En el sur de Argentina —afirma el periodista— se está ultimando el ‘Proyecto Andinia’, que es nada más y nada menos que el intento de creación del Estado de Israel; la zona es muy rica en petróleo, no puedo decirles más. Ante la insistencia del entrevistador, Miguel de la Cuadra, puntualiza que no puede dar más detalles, y afirma, sin em¬ bargo, haber visto los documentos que acreditan el nuevo Estado, ‘que se llama precisamente —dice— Andinia, incluso, puedo obtener fotografías de los mismos’. ‘Además —añade—, he estado allí y he visto con mis propios ojos lo que se está haciendo, cómo se está trabajando’.”
Con todo lo impresionante que esta noticia podía pare¬ cer, lo importante es que no se trataba de algo enteramente novedoso , sino, por el contrario, de la simple confirmación , por vía de una fuente periodísitca responsable y perfectamen¬ te identificada, del extranjero, de informaciones que mucho tiempo atrás habían tomado estado público en nuestro país. Por ejemplo, el l9 de noviembre de 1971, el autor de esta obra, envió una carta pública al señor José Ignacio Rucci, en¬ tonces Secretario General de la C.G.T., la cual tuvo amplísi¬ ma difusión en todo nuestro territorio, no precisamente por la vía periodística, pues, fue cuidadosamente “silenciada” por los medios masivos de difusión, sino por la impresión y re¬ producción en millones de ejemplares, espontáneamente em¬ prendida por nuestros conciudadanos. Además, y debido a esta circunstancia —que frustró la “orquestación de si¬ lencio” respecto de mi grave denuncia—, la DELEGACION DE ASOCIACIONES ISRAELITAS DE LA ARGENTINA (D.A.I.A.), se sintió obligada a desmentir las afirmaciones contenidas en mi carta a Rucci, en una presentación oficial ante el Ministerio del Interior. Por supuesto que esta presen¬ tación de la D.A.I.A., sí, contó con la más amplia divulgación por parte de todos o casi todos los medios informativos del país. El argumento central de esta entidad, que de ningún modo pudo refutar mis aseveraciones, estaba referido a mi
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presunta condición de “antisemita” o “antijudío”, condiciones que gratuitamente se me atribuyen y que he negado siem¬ pre, con fundados argumentos1.
Pero he aquí que, poco tiempo después, un eminente autor judío (ello es, de religión judía), el señor Jacques Zoi¬ lo Scyzoryk, publica en Buenos Aires un libro titulado “EL IMPERIO JUDEO-SIONISTA Y LA DESINTEGRACION ARGENTINA”2, quien en el Capítulo Vil de esa publicación, saturada de pruebas documentales, no sólo avala las afirma¬ ciones contenidas en mi carta a Rucci, respecto del “PLAN ANDINIA”, sino que provee abundantes demostraciones y ar¬ gumentos que corroboran las intenciones atribuidas al SIONIS¬ MO INTERNACIONAL de crear un “Estado de Israel” a ex¬ pensas del territorio argentino. Evidentemente, al señor Scy¬ zoryk, nieto de un rabino, y destacado publicista nacionalizado argentino, tampoco se le puede achacar con ningún fundamen¬ to serio ser “antijudío" o “antisemita”.
No abordaremos aquí ningún planteo polémico sobre el “PLAN ANDINIA”, ni es la oportunidad para desmenuzar ese tema. Tan sólo nos interesa al respecto destacar dos cosas: 1) que nuestro país viene sufriendo estos últimos años un asedio económico gravísimo, que se ha traducido internamente en una serie de circunstancias catastróficas y padecimientos sin límite para el pueblo argentino, a la vez que una serie de convulsiones políticas (particularmente la guerrilla subversi¬ va marxista), que han ocasionado ya millares de víctimas; 2) que una fuente extranjera, presumiblemente seria, avalada por una agencia informativa oficial argentina, revela un PLAN DE DESINTEGRACION TERRITORIAL DE NUESTRO PAIS; y que ese Plan había sido objeto ya de fundadas denuncias en nuestro propio medio.
Con esto queremos significar, simplemente, que contra todas las expectativas razonables. Argentina —un país inmen¬ samente rico, sin problemas raciales, religiosos o sociales de ninguna naturaleza— se encuentra de buenas a primeras en
1 Véase, por ejemplo, diario LOS PRINCIPIOS, Córdoba, ll-XI-69.
2 Edit. Continente Indoamericano, Bs. As., 1972.
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una situación caótica y amenazada por grupos “guerrilleros”, que pretenden pedir ante los organismos internacionales ( Na¬ ciones Unidas, Organización de Estados Americanos, etc.) su reconocimiento como “beligerantes”, en términos de las con¬ venciones internacionales, y “ocupantes de una franja liberada” del territorio argentino.
2. Agresión económica "nuevo modelo” o la burla de “Argentina potencia”
¿Qué responsabilidad puede caberle al imperialismo eco¬ nómico, promotor y sostén del “régimen liberal ” en nuestro país, acerca de estas inusitadas perspectivas de DESINTE¬ GRACION TERRITORIAL del mismo?
Evidentemente, la respuesta no puede ser del todo cate¬ górica, si es que pretendemos mantenernos, como hasta aquí, en un análisis objetivo de las circunstancias económicas pro¬ pias de nuestro pasado y del presente, además de circunstan¬ cias de otro carácter, pero que hacen también estrechamente al desenvolvimiento de los hechos económicos.
Formulada esta aclaración, podemos, sin embargo, ade¬ lantar algunas proposiciones realistas de extrema importancia, y que nos pueden ayudar a develar la estrategia de nuestros enemigos como Nación.
En primer lugar, resulta evidente que durante los últi¬ mos veinte años, al calor de una supuesta ortodoxia económica liberal, que siempre fue perniciosa para nuestro país —aun en los momentos más prósperos de “ARGENTINA-COLONIA”—, han tenido y siguen teniendo lugar acontecimientos que ex¬ ceden ampliamente el marco del “colonialismo económico tra¬ dicional”, y que importan una DESVERGONZADA AGRE¬ SION ECONOMICA CONTRA LA NACION, lo cual por una parte nos debilita y empobrece internamente, y por la otra nos endeuda severamente y nos desprestigia en el orden in¬ ternacional.
Dentro de este aspecto corresponde computar: el proce¬ so de estrangulamiento artificial de nuestra producción que ve¬ nimos experimentando; el desabastecimiento de bienes para consumo intemo, no obstante tratarse de mercaderías íntegra-
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mente producidas en el país; la desnacionalización de empre¬ sas y valiosos activos patrimoniales que fueran hasta ahora propiedad de argentinos; el “vaciamiento” de bienes y de di¬ visas que venimos sufriendo sistemáticamente; modalidades todas éstas de la agresión aludida, que hemos explicado con anterioridad.
A tales antecedentes, debemos sumarle otra serie de AC¬ TOS CONFIGURATEOS DE LA ALUDIDA GUERRA ECONOMICA CONTRA LA NACION, a saber: los conve¬ nios con las empresas eléctricas (CADE, CIADE y ANSEC), y los contratos petroleros , celebrados en 1958 y 1959 bajo la Presidencia de Frondizi, totalmente lesivos para los intere¬ ses y soberanía nacionales1; la sustracción clandestina de ma¬ teriales críticos y crítico-estratégicos, como el bórax y el plu¬ tonio (uranio enriquecido), enviados en importantes canti¬ dades a la Unión Soviética y al Estado de Israel, respectiva¬ mente;2 las cuantiosas expoliaciones ‘ a crédito” destinadas a Cuba, por un monto quizá superior a los 1.000 millones de dólares, en el curso de los años 1973/74.
Respecto de este tópico, manifestaba el autor de esta obra, en un documento dirigido a los “Camaradas Naciona¬ listas de las Fuerzas Armadas de la Nación”, el 16 de febrero de 1974:
"El . . . proyecto en ejecución no es menos absurdo y ca¬ nallesco: DOTAR A UN PAIS COMUNISTA: CUBA (por muy país hermano, latinoamericano, que sea) de 500 ó 1.000 o más MILLONES DE DOLARES -A CREDITO- de mer¬ caderías elaboradas con el esfuerzo y trabajo argentinos (tractores, automóviles, fábricas, maquinarias, artículos ho¬ gareños, etc.). ¿Por qué no se brindan esas mismas mercade¬ rías, en las mismas condiciones, o sea, a CREDITO, a los millones de argentinos que carecen de ellas, con las cuales
1 Sobre este punto puede verse, Jorge Del Río, El por qué de la crisis, Edit. Cátedra Lisandro de la Torre, Bs. As., 1961.
2 Sobre manipuleo antinacional de materiales críticos y frustra¬ ción sistemática de inversiones esenciales en nuestro país, véase, Ri- naldo Ubertalli, Alianza contra el progreso, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1974.
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podrían emprender miles de tareas útiles y productivas, o bien mejorar un nivel de vida, que en las ‘villas miserias”, y en muchos otros lugares del país se acerca a lo calamitoso?”
El hecho de que hubiera reales o presuntos ciudadanos argentinos involucrados en negociaciones, tales como las enunciadas precedentemente, en perjuicio de la Nación, y como parte de un INMENSO SABOTAJE A LA MISMA, no modifica para nada las circunstancias que referimos y que configuran un verdadero estado de guerra económica contra nuestro país, cuyos móviles mediatos no estamos aún en con¬ diciones de precisar con suficiente claridad.
3. La guerrilla marxista y sus efectos económicos
En segundo término, el alarmante deterioro económico experimentado por Argentina desde 1955, gravemente acen¬ tuado en estos últimos tres años, coincide sospechosamente con una orquestación subversiva de carácter marxista que, en definitiva, y desde el punto de vista económico, ha con¬ tribuido muy concretamente a empeorar más aún las cosas.
El sabotaje indiscriminado contra sembrados, fábricas, servicios públicos y bienes particulares; el ataque contra la vida y la libertad de numerosas personas, así como los subi¬ dos rescates en pesos y en dólares cobrados para liberar a secuestrados1; la impresionante movilización de personas des¬ tinadas a custodiar a funcionarios, dirigentes sindicales y eje¬ cutivos de empresas, lo cual resta a decenas de miles de in¬ dividuos a una actividad productiva en múltiples sectores de la economía; la indudable intervención que han tenido y tienen tales organizaciones subversivas en prolongadas huelgas obreras, con una incidencia gravemente perjudicial sn los índices de producción; son, entre otras, manifestacio¬ nes concretas de lo que sostenemos más arriba, y, en con¬ secuencia, un LLAMATIVO Y EFICAZ COMPLEMENTO
1 Es bastante sabido que más de un secuestro por el que se pagaron —o simularon pagarse— sumas millonadas en dólares fue sospechado por las autoridades de encubrir discretas “evasiones en divisas” por parte de algunas empresas mvhinacionales.
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DE LA GUERRA DE AGRESION ECONOMICA CONTRA LA NACION.
Podría a primera vista sostenerse que, no obstante la justificación de las aseveraciones precedentes, no resultaría clara la vinculación entre tales manifestaciones marxistes del “COLONIALISMO-DESINTEGRADOR” que afecta a la Ar¬ gentina desde 1955, como una modalidad contemporánea de la dependencia, y el LIBERALISNO ECONOMICO de neto cuño IMPERIALISTA que el país viene soportando históri¬ camente. Sin embargo, esta apreciación no constituiría si no un enfoque ingenuo y superficial de los acontecimientos, na¬ cionales y mundiales.
4. Las coincidencias liberales y marxistas en cuanto al desmantelamiento de Argentina
El sello distintivo de todos los imperialismos modernos, y lo que podríamos llamar su “común denominador” es el MATERIALISMO. Y tan materialista es el LIBERALISMO CAPITALISTA como el COMUNISMO MARXISTA o SO¬ CIALISMO INTERNACIONAL. Pero además de ello, re¬ sulta enteramente obvio que, más allá de las superficialida¬ des teóricas, el CAPITALISMO LIBERAL y el COMUNIS¬ MO MARXISTA están tan emparentados y encadenados, te- leológicamente1, como lo están o pueden estar en la prác¬ tica sus máximos jerarcas en todas las latitudes de la tierra.
Vale la pena reproducir aquí un comentario estrecha¬ mente relacionado con este tópico y que involucra a uno de los más sutiles e influyentes personajes de la “partidocracia liberal ” argentina, el ex Presidente Arturo Frondizi.
“Las coincidencias liberales (capitalistas) y marxistas (comunistas, trotzkistas, maoístas, etc.) son demasiado cono¬ cidas para necesitar aquí explayarnos sobre ellas. El común denominador materialista, los vasos comunicantes múltiples
1 Entre la copiosa y brillante literatura que puede consultarse acerca del estrecho parentesco LIBERAL-MARXISTA, véase, por ejem¬ plo, George Knupffer, La lucha por el poder mundial, Ed. NOS, Ma¬ drid, 1964.
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y la tutela que sobre ambos ejerce el sionismo, revelan su identidad ‘finalista’. Una reciente exposición del Dr. Artu¬ ro Frondizi — personero conspicuo del capitalismo internacio¬ nal— evidencia, por ejemplo, su semejanza esencial con Car¬ los Marx. En efecto, Marx, en su conocido alegato contra el sistema económico liberal, censura severamente el despojo que el empresario realiza, en perjuicio del obrero, reteniendo lo que él llama la PLUSVALIA del salario, vale decir, la par¬ te del salario aue el primero retiene a expensas del segundo. Pero nada dice Marx de la PLUSVALIA DEL CREDITO, o sea, del despojo que el capital financiero realiza por vía del interés (y si es USURARIO, con más razón), beneficiando al prestamista y al usurero, en perjuicio del tomador del préstamo. Y eso que, desde mucho antes de Marx, el CAPI¬ TAL FINANCIERO GOBERNARA EN EUROPA, hacía y deshacía imperios, provocaba guerras y tutelaba a sus anchas la escena política. Claro que de la mayor parte de dicho capital eran titulares la BANCA ROSTCHILD, LAZARD FRERES, y otros prominentes judíos-sionistas, y no convenía a los designios de Marx destacar esa circunstancia. El Dr. Frondizi, en su reciente análisis de las causales del deterioro económico argentino (La Opinión, julio 3/71, pág. 7), men¬ ciona múltiples causales de nuestra crisis actual: presión tributaria, déficit presupuestario, balanza de pagos y hasta la división internacional del trabajo. Pero ni se acordó de mencionar a la USURA, a la restricción crediticia y a todas las verdaderas caúsale financieras y monetarias de nuestro desastre económico. Y en este caso también, la titularidad del grueso del capital financiero y usurario es judío-sionista. La coincidencia táctica Marxista-Frondicista revela una vez más la afinidad liberal-marxista .”2
Por otra parte, en la operatividad de la guerrilla mar- xista que viene desempeñándose activamente en nuestro país en los últimos años, se dan casos concretos, de suma impor¬ tancia, en los cuales la estrategia de la guerrilla coincide perfectamente con los intereses de la “cúpula” liberal , sub-
2 W. Beveraggi Allende, Contenido y justificación del Naciona¬ lismo Económico, nota 1, al pie de la pág. 2.
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ordinada al IMPERIALISMO EXTRANJERO. Mencionare¬ mos a continuación un caso concreto de extrema significa¬ ción.
A mediados de 1973, en todas las paredes de Buenos Aires aparecieron leyendas condenatorias y amenazantes con¬ tra la “BUROCRACIA SINDICAL”, y los máximos dirigentes obreros que presuntamente estaban “vendidos” a la burgue¬ sía capitalista; y esa campaña acusatoria-intimidatoria fue en aumento durante dos o tres meses, con el apoyo de vo¬ lantes e impresos suscriptos por las más importantes organi¬ zaciones guerrilleras marxistas. A fines de setiembre de 1973, es asesinado José Ignacio Rucci, Secretario General de la C.G.T., incuestionablemente el más valiente e insobornable dirigente sindical argentino de los últimos años, quien había tenido ya el valor de oponerse —y anunciar su decisión de denunciar— al llamado “PACTO SOCIAL”, una trapisonda netamente “ liberal” utilizada por el binomio Gelbard (Mi¬ nistro de Economía de la Nación )-Broner (Presidente de la Confederación General Económica, empresaria) para esquil¬ mar a los trabajadores argentinos, con el cuento de que por un par de años no se incrementarían los precios (“inflación cero”). Muerto Rucci, no se produjo ningún nuevo atenta¬ do contra los más altos dirigentes de la “burocracia sindical”, la campaña contra ésta por parte de la guerrilla cesó, y la conducción cegetista desistió por completo de sus planteos contra el “Pacto Social”. Tal vez, por rara coincidencia, los balazos mortales contra Rucci partieron de una escuela ju¬ día-sefardita — “Maimónides”— , ubicada en la Capital Fede¬ ral.
5. El debilitamiento <J,e la Defensa Nacional
En tercer término, corresponde destacar como una téc¬ nica adicional del IMPERIALISMO ENCAMINADO A DE¬ SINTEGRAR TERRITORIALMENTE A LA NACION el desguarnecimiento progresivo de nuestras defensas, cuya res¬ ponsabilidad corresponde por igual al LIBERALISMO EM¬ PEÑADO EN NUESTRO DESMANTELAMIENTO ECO¬ NOMICO, y al COMUNISMO INTERNACIONAL, DEDI
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CADO A SOCAVAR Y DEBILITAR NUESTRA ESTRUC¬ TURA DEFENSIVA.
Dos aspectos es importante señalar a este respecto: 1) el deterioro progresivo de nuestro equipo defensivo militar; 2) la desatención de nuestras fronteras y la penetración masiva de extranjeros a través de las mismas.
Respecto del primer tópico —deterioro progresivo de nuestro equipo defensivo militar— corresponde señalar, en primer lugar, la serie numerosa de bajas ocasionadas por la guerrilla marxista, a través de asesinatos alevosos de oficiales, suboficiales y soldados de nuestras Fuerzas Armadas y fuer¬ zas de seguridad, así como la perturbación que significan las “medidas excepcionales de prevención” que deben tomarse permanentemente para evitar que el número de víctimas — asesinadas a mansalva— sea mucho mayor, lo cual resiente, sin duda, en buena medida, el normal desenvolvimiento de las actividades y la preparación de los cuadros correspon¬ dientes a las tres Armas, así como a la Gendarmería Nacio¬ nal y a las fuerzas policiales de todo el país. Muestra elocuen¬ te de todo ello la constituye el frente permanente y relati¬ vamente “estabilizado” de lucha que nuestras Fuerzas Ar¬ madas mantienen contra la guerrilla marxista en la provincia de Tucumán, desde hace aproximadamente dos años.
En relación con el gradual y evidente empobrecimiento del material que vienen experimentando los órganos natura¬ les de la Defensa Nacional, nos limitaremos a reproducir a continuación algunos párrafos de una reciente publicación del autor de la presente obra1:
“Y de todas las implicancias desastrosas y perversas que tal maniobra de estrangulamiento (económico) viene signifi¬ cando, queremos destacar una excepcionalmente grave. . . (y es) el progresivo desguarnecimiento de nuestro país en mate¬ ria de DEFENSA NACIONAL. En efecto, la parálisis eco¬ nómica en curso y la decadencia de la producción real han venido aguzando la lucha de los diversos sectores en pos de un producto nacional cada vez más restringido y más dilapi-
1
La inflación argentina, 1946-1975, “Prólogo”, págs. 3 y 4.
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dado en favor de los especuladores y malandrines. Esto sig¬ nifica, en buen romance, que nuestras Fuerzas Armadas se vean progresivamente privadas de posibilidades de moderni¬ zación y renovación de sus materiales, a la vez que de una adecuada consideración presupuestaria para sus elementales necesidades de mantenimiento. Y a pesar de ello, a través de una habilidosa acción psicológica’, las mismas han sido y son exhibidas —en ese panorama de creciente empobrecimiento- como voraces e indiferentes a las necesidades de la pobla¬ ción civil. De manera, pues, que no solamente se ha deteriora¬ do formidablemente —a la par que muchas otras cosas— la DEFENSA NACIONAL, sino que también se ha acompaña¬ do sutilmente ese proceso con una destructiva campaña de desprestigio contra uno de los pilares esenciales de nuestra seguridad y supervivencia.”
6. El desguarnecimiento de nuestras fronteras
Respecto del segundo tópico —desantención de nuestras fronteras y penetración masiva de extranjeros a través de ellas — , señalaremos, para comenzar, que la omisión de una “política de fronteras” no es más que un complemento de la negligencia deliberada desplegada desde Buenos Aires —la “Capital Federal”— por el “ régimen liberal ” imperante desde 1852, con vistas a mantener en una condición de sub¬ desarrollo tributario a TODO EL INTERIOR DEL PAIS. Porque con un interior falto de desarrollo y relativamente em¬ pobrecido —pero sobre todo pendiente de los “favores” que pueden dispensarse desde la Capital portuaria— estaba lo¬ grada la mejor “garantía” de que la hegemonía del liberalis¬ mo económico porteño no tendría dificultades en manejar los asuntos económicos y políticos del país conforme a los me¬ jores deseos de sus “mandantes extranjeros”1 II.
Lo cierto es que esta desatención coincide, en los últi-
1 Será próximamente publicado un trabajo del suscr'pto, Impe¬ rialismo porteño e imperialismo extranjero , que fuera presentado en el
II CONGRESO DEL FEDERALISMO ARGENTINO, en La Rioja, en noviembre de 1974.
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mos años, con el ingreso clandestino, a toda la periferia na¬ cional fronteriza, de un verdadero aluvión de nacionales de los países limítrofes. Y si bien tal afluencia corresponde a personas provenientes de países hermanos de América latina, su condición personal no resulta normalmente una garantía para nosotros, por las siguientes circunstancias: 1) en la ma¬ yoría de los casos se trata de población ‘marginal” en sus respectivos países de origen, en el sentido económico, social y particularmente cultural; 2) la afluencia de tales vecinos no está de ninguna manera controlada por autoridades fron¬ terizas argentinas, y, por ende, buena parte de los inmigran¬ tes pueden pertenecer al “submundo” social y político de los países colindantes2; 3) lamentablemente, la situación de los países vecinos de Argentina, política y económicamente ha¬ blando, no es mucho más ventajosa o favorable que la nuestra, en lo que hace a “INFLUENCIAS IMPERIALISTAS”, y siendo así no tenemos seguridad de que tal afluencia esté exenta de móviles económicos y políticos que trascienden a los sentimientos fraternos que nos vinculan a los países ib'ero- indoamericanos, convirtiendo a éstos en instrumento circuns¬ tancial, no ya de una intención imperialista de una Nación hermana, sino de núcleos imperialistas extranjeros dominan¬ tes en las mismas.
Por otra parte, es virtualmente nula la acción de nuestras autoridades en lo que hace a la posible asimilación de los grupos incorporados a nuestro país por el área de fronteras. Por ejemplo, en el sector correntino y misionero, lindante con el Brasil, no son pocas las escuelas en que se enseña a los niños en portugués, antes que en nuestra propia lengua nacional castellana.
Centenares de miles de nacionales de los países circun¬ vecinos han ingresado a través de nuestras fronteras en los últimos años. Entre otros problemas, este aluvión humano ha contribuido eficazmente a facilitar el deterioro de nuestra
2 Es bien conocida la inmigración masiva de “tupamaros uru¬ guayos, comunistas chilenos, bolivianos y brasileños, así como de ele¬ mentos subversivos extracontinentales, a través de nuestras dilatadas y poco vigiladas fronteras.
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economía a través del contrabando en escala superlativa. Aparentemente, el tráfico ilegal de mercaderías, a nivel de “grupos migratorios fronterizos’, era una tarea inofensiva: el llamado "contrabando hormiga’, con efectos económicos y ren¬ tísticos muy limitados. Pero en años recientes el aluvión in¬ migratorio y la explotación del contrabando en gran escala, por parte de los usufructuarios y promotores del DESABAS- TECIMIENTO y del VACIAMIENTO ECONOMICO NA¬ CIONAL, han convertido aquella inofensiva profesión y la inmigración fronteriza masiva en un problema de insospecha¬ ble magnitud. Por sus implicancias directas en el orden eco¬ nómico y por las eventuales intenciones políticas de los IM¬ PERIALISTAS QUE OPERAN DESDE ADENTRO Y DES¬ DE AFUERA DE NUESTRO PAIS1.
7. La pertinacia “entreguista” de nuestras autoridades económicas y políticas: el “descontrol de cambios”
Hemos puntualizado hasta aquí múltiples circunstancias demostrativas del activo desempeño de lo que llamamos IM¬ PERIALISMO DESINTEGRADOR. Y creemos que esta pér¬ fida agresión a nuestro país consiste en el último tramo de las realizaciones de un LIBERALISMO ECONOMICO Y POLITICO, que empezó por subordinarnos al triste papel de ARGENTINA-COLONIA, y que hoy, excediendo quizá las intenciones de muchos cipayos e idiotas útiles que se pres¬ taron a su juego, AMENAZA SERIAMENTE NUESTRA PROPIA INTEGRIDAD TERRITORIAL. Lo lamentable es que quienes desde la conducción de los partidos políticos (“partidocracia”), o desde las logias masónicas, o desde las redes de una complicidad financiera que vincula a todos los imbéciles y sensuales involucrados en aquellos esquemas, que
1 Un estudio realizado por un competente equipo de técnicos argentinos ha permitido estimar que el drenaje de bienes elaborados en nuestro país y sustraídos al consumo interno (“desabastecimiento”) o a la exportación legal por medio del contrabando, durante el año 1975 solamente, alcanzaría la fantástica suma de entre 20.000 y 25.000 MILLONES DE DOLARES.
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hoy demuestran hasta la evidencia su identidad antipatrió¬ tica, NO SABEN COMO SALIR DE SUS COMPROMISOS Y COMO FRENAR SU CIEGA OBSECUENCIA PARA CON LOS ENEMIGOS DEL PAIS.
Tal vez la muestra más palmaria, más demostrativa, de la verdad de cuanto decimos —el pasaje de ARGENTINA- COLONIA al COLONIALISMO-DESINTEGRADOR- nos sea provista por la distinta actitud de quienes desde el go¬ bierno IMPLANTARON EL “CONTROL DE CAMBIOS” EN EL AÑO 1931, y quienes, también desde el gobierno (“oficialismo” y “oposición”, incluidos), NO LO IMPLAN¬ TARON -Y NI SIQUIERA LO INTENTARON- DESDE 1955 HASTA EL PRESENTE.
En efecto, en los primeros días de octubre de 1931 el peso argentino se desvaloriza —en pleno transcurso de la crisis mundial— un 10 %, aproximadamente, en relación al dólar norteamericano1, como consecuencia de los efectos in¬ ternos de la crisis y de la compra especulativa de divisas, para remitir fondos al exterior. Repetimos, el peso se desva¬ loriza un 10 %, y la “oligarquía” conservadora y liberal, que entonces gobernaba el país, ENCUENTRAN RAZON SUFI¬ CIENTE PARA DECRETAR EL “CONTROL DE CAM¬ BIOS” vale decir, el racionamiento de divisas, a efectos, en primer término, de estabilizar el valor internacional de nues¬ tra moneda2.
Por el contrario, entre 1955 y 1975, el peso argentino se desvaloriza un 99 % y fracción —entiéndase bien: SOBRE 100, PIERDE 99 PARTES Y PICO DE SU VALOR-, y los sucesivos gobiernos (“revolucionarios” y “constitucionales”, militares y civiles, peronistas y no peronistas) EN NINGUN MOMENTO CONSIDERARON LA POSIBILIDAD DE ES¬ TABLECER EL “CONTROL DE CAMBIOS”, aclarándose que tal “omisión” la comparten por igual los oficialistas y opositores de tumo, expresiones, todos ellos, de la “partido- erada liberal”.
1 La convertibilidad del peso había sido suspendida en diciem¬ bre de 1929.
2 W. Beveraggi Allende, El servicio del capital. . ., págs. 154/55.
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¿A quién beneficia esta indiferencia total de los gobiernos imperantes RESPECTO DE LA HECATOMBE DE LA MO¬ NEDA ARGENTINA EN LOS ULTIMOS VEINTE AÑOS? Esencial y exclusivamente a los ESPECULADORES, DESA¬ BASTECEDORES, “FINANCISTAS” y “VACIADORES” de la Nación, para quienes lo mismo da pagar el dólar a 100 pesos que a 100.000 pesos, con tal de poder evacuar su di¬ nero del país, luego de haber cometido para adquirirlo toda clase de tropelías y atracos.
Mientras tanto, los sucesivos ministros de Economía co¬ rren diligentemente a Washington, Nueva York, París, Lon¬ dres y al FONDO MONETARIO INTERNACIONAL, a su¬ plicar unos millones adicionales en moneda extranjera, en onerosos préstamos, que en definitiva NO ESTAN DESTI¬ NADOS A MITIGAR LOS MALES ECONOMICOS DE LA NACION, SINO A PROVEER AL PAIS DE NUEVOS CON¬ TINGENTES DE DOLARES, QUE HABRAN DE POSIBI¬ LITAR EL CONTINUADO “VACIAMIENTO” DE DIVI¬ SAS -CON LA MENOR DESVALORIZACION POSIBLE- A LOS ADQUIRENTES DE “DOLARES A CUALQUIER PRECIO EN EL “MERCADO PARALELO” O “MERCADO NEGRO”.
Al tiempo que por todos los medios de difusión, oficiales y privados, se exhorta desaforadamente a la ciudadanía a IN¬ TENSIFICAR LAS EXPORTACIONES. ¿A quién beneficia¬ ría ese posible incremento? Pues, también, en última instan¬ cia, no a los argentinos, que prácticamente ya nada pueden importar para su propia satisfacción mediante tal incremen¬ to, sino a los acreedores financieros extranjeros, proveedores las más de las veces de préstamos imaginarios , y sin excep¬ ción innecesarios, así como a la caterva de malandrines a que aludimos previamente.
¿Son éstos, o no, síntomas concretos e incontestables de que del estado de ARGENTINA-COLONIA hemos pasado vertiginosamente al COLONIALISMO-DESINTEGRADOR, y a cualquier perspectiva que haga al DESMEMBRA¬ MIENTO DE NUESTRO TERRITORIO O A LA ABDICA¬ CION DEFINITIVA DE NUESTRA SOBERANIA?
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PARTE II
De la “LIBERACION NACIONAL”
CAPITULO VI
ESQUEMA ECONOMICO DE LA LIBERACION NACIONAL
Hemos descripto en los capítulos anteriores cómo se fue estructurando nuestra DEPENDENCIA COLONIAL y las características dramáticas que ella ha cobrado en los últimos años. Esa explicación era a nuestro juicio indispensable para comprender el por qué y la naturaleza de las medidas revo¬ lucionarias destinadas a subsanarla, ello es, a alcanzar la LI¬ BERACION NACIONAL, largamente acariciada por el pue¬ blo argentino, y tantas veces prometida como un simple “engañabobos” por el régimen liberal”.
1. El “Ordenamiento Revolucionario Económico Nacionalista” <O.R.E.N.): Decálogo de nuestra liberación
Como resultado del estrangulamiento y despojo progresi¬ vo que viene sufriendo nuestro país, especialmente por par¬ te del APARATO FINANCIERO USURARIO, la actividad productiva global marcha a un ritmo sumamente restringido, estimado por nosotros entre el 10 y el 15 % de su capacidad real presente. Vale decir, que, de no mediar los frenos e im¬ pedimentos mencionados, nuestras disponibilidades corrientes de recursos productivos de todo orden nos permitirían incre¬ mentar en forma inmediata el Producto Nacional Real en un 250 %, aproximadamente, o sea, MAS QUE TRIPLICAR EL NIVEL DEL PRODUCTO ACTUAL.
Para lograr tan brillantes y accesibles resultados tene¬ mos, en primer término, que desmantelar los impedimentos responsables de nuestro raquitismo y empobrecimiento eco-
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nómico, y, en forma simultánea, introducir los estímulos que nos permitan alcanzar las metas establecidas, en el más bre¬ ve plazo posible.
La moratoria general interna y el reordenamiento pa¬ trimonial pondrán término, no sólo a la expoliación desorbita¬ da del pueblo argentino, practicada esencialmente a través de la USURA LEGALIZADA, resultante de un Banco Cen¬ tral Cómplice y de un Poder Judicial domesticado, sino tam¬ bién al estancamiento de nuestra producción y a la inflación descomunal de precios que la acompaña, a la vez que dará nuevas perspectivas al trabajo argentino, frustrado hoy en la desocupación o en una burocracia tan superabundante como superflua y onerosa, revolucionando a la vez el sistema fiscal, al reintegrar a su cauce natural una situación hacendística prácticamente rayana en la bancarrota y el caos.
Nos referiremos a continuación, ordenadamente, a las diversas metas inmediatas y a las diez medidas conducentes a lograrlas. De aplicarse este recetario —bien podemos hablar así tratándose de un “enfermo”, reducido deliberadamente a esa condición—, la reacción psíquica y psicológica del pue¬ blo será instantánea, y con ello el renacimiento de su con¬ fianza en la plena rehabilitación de la economía nacional, en beneficio de todos los argentinos; y los efectos saludables y concretos, resultantes de la aplicación de este Ordenamien¬ to se habrán de experimentar, algunos, muy fundamentales, también en forma instantánea ; otros, en pocas semanas o me¬ ses; y el resto —los objetivos de más largo plazo— en un tér¬ mino máximo de dos o tres años.
1. DESMANTELAMIENTO DE LA USURA Y DE LOS EFECTOS CAUSADOS POR ELLA: MORATORIA GENERAL INTERNA
La primera medida, destinada a desbaratar de un “plu¬ mazo” los efectos del pavoroso endeudamiento interno, tanto de empresas como de particulares, para con acreedores de toda índole —y especialmente los prestamistas usurarios— dentro de nuestras fronteras, es la MORATORIA GENERAL y consiste en la postergación —por un lapso prolongado— de la exigibilidad de cualquier tipo de crédito vigente contra
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las personas físicas y jurídicas que forman nuestra población. Al decir que es “general” queremos significar que todos los créditos vigentes deben quedar comprendidos en ella; salvo algún caso excepcionalísimo exceptuado, aun cuando desde ya sostenemos la conveniencia de no hablar de una sola excepción.
Es difícil realizar un cálculo estimativo de la magnitud global del endeudamiento interno, actual, comprendiendo a empresas y particulares. En primer término, por la clandes¬ tinidad en la cual se refugia una gran proporción de los préstamos extrabancarios, típica del mecanismo usurario. En segundo lugar, porque debido al empobrecimiento general y a la escasez relativa de moneda circulante a que nos he¬ mos referido con anterioridad, una elevadísima proporción de las adquisiciones de inmuebles, así como bienes de uso, de consumo y de producción, de todo tipo, se ha realizado desde varios años a esta parte (y se sigue realizando) a través de los más variados instrumentos de crédito,1 inclu¬ yendo desde luego los que se concretan en esa forma res¬ pecto de viajes, servicios, comidas, etc., y que otorgan esas entidades que han proliferado de manera increíble en nues¬ tro país en los últimos doce a quince años: tipo CREDIBO- NO, CREDIFE, CITYCARD, CREDITUR y otras semejan¬ tes, las cuales deben sumar miles en estos momentos en todo el ámbito nacional.
Desde luego que la MORATORIA incluye a todas las deudas, cualquiera sea la forma de garantía que respalda la promesa de reembolso (hipotecaria, prendaria, personal, co¬ mercial, etc.).
Aclarados estos detalles, podríamos efectuar una esti¬ mación que, desde ya, suponemos que pecaría de reducida y no precisamente de exagerada, basada en un cálculo sim¬ ple y aproximativo: si hay 15 millones de personas adultas en nuestro país, en las actuales circunstancias, pensamos que el endeudamiento promedio de cada una de ellas no sería inferior a 1 millón de pesos m/n. Esto significaría un endeu-
1 Particularmente los llamados “carnets de crédito”.
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damiento global vigente de 15 BILLONES de pesos m/n, o sea, 15 millones de millones de pesos. Y esta estimación, referida a fines del año 1965, y al peso m/n con el poder ad¬ quisitivo de aquella época, insistimos parece extremadamen¬ te prudente.
Si suponemos ahora que el interés anual, promedio, que los deudores pagan con motivo de sus obligaciones pendien¬ tes no sería jamás inferior al 66 %, tenemos que concluir que lo que la comunidad abona al sector financiero, nada más que en concepto de intereses, alcanzaría a DIEZ BI¬ LLONES DE PESOS POR AÑO! Y reiteramos nuestro con¬ vencimiento de que nos quedamos cortos, también en este caso, respecto a la estimación de la carga relativa global por este sólo concepto. Aún así, dicha carga, que excluye amor¬ tizaciones de ningún género, representa a nuestro juicio en¬ tre un20 y un 25 % del Producto Nacional corriente. O sea que, de lo que el pueblo argentino produce habitualmente, UNA CUARTA (O QUINTA) PARTE APROXIMADA¬ MENTE VA A PARAR A MANOS DE LOS USUREROS, EN CONCEPTO DE INTERESES SOLAMENTE!1
Ahora bien, es una característica muy propia del sector financiero usurario la de NO SER NI PRODUCTOR, NI CON¬ SUMIDOR; vale decir, que como “consumidor” es estricta¬ mente frugal y como “productor” no cuenta, pues su especia¬ lidad es el “préstamo en dinero” y no la producción de bie¬ nes. De manera que la sustracción de poder adquisitivo de que se hace objeto a la población resulta ser neta y perma¬ nente, pues el prestamista no gasta (en ninguna de las dos maneras en que es posible “gastar” contribuyendo dinámi¬ camente al proceso económico: consumiendo y producien¬ do).2 Por lo tanto, la masa de intereses cobrados constituye
1 Es nuestro más íntimo convencimiento que si a esto se suma lo que se sustrae a la comunidad actualmente en concep o de “vacia¬ miento” (desabastecimiento, contrabando, etc.) el porcentaje del Pro¬ ducto Nacional corriente del cual se despoja sin interrupción a la po¬ blación argentina no sería inferior al CINCUENTA POR CIENTO.
2 Lo que sí hace este sector, incansablemente, es canjear esas “utilidades” producto de la USURA, por dólares y otras divisas, para mantenerlas depositadas en bancos del exterior.
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un drenaje formidable y permanentemente reiterado respec¬ to del caudal circulatorio (o sea, del dinero en circulación con motivo de la producción y el consumo ).
Por consiguiente, mientras el pueblo y las empresas ar¬ gentinas permanezcan atados a ese engranaje diabólico, una parte muy importante de los ingresos de cada uno (empresas y particulares) irá a parar sin interrupción a manos de este sector parasitario, pasando a un estado de inmovilidad hasta el momento de ser "prestado” nuevamente, en cuyo caso —obviamente— se amplían y afianzan las posibilidades de “succión del ingreso” de este verdadero vampiro monetario. Corresponde destacar, por otra parte, que esta continuada sustracción de poder adquisitivo actúa como un PODEROSO FACTOR DEPRESIVO PERMANENTE EN LA ECONO¬ MIA NACIONAL.1
Por lo tanto, y a fin de contrarrestar el pernicioso efecto aludido, 2 es necesario crear una valla temporaria entre acre¬ edores y deudores que impida la merma ininterrumpida del poder adquisitivo de éstos y, por ende, del “circulante en giro” aue utiliza la economía. Y esa “valla’ es la MORATO¬ RIA GENERAL INTERNA, cuyas características generales de aplicación serían las siguientes:
a) El plazo de la moratoria no debe ser inferior a cinco años. Recién con posterioridad a ese lapso, los acreedores podrían requerir de sus respectivos deudores el reembolso de sus créditos.
b) Mientras dure la moratoria, los deudores sólo tendrían la obligación de abonar a sus acreedores el 4% anual de interés, sobre el monto total de cada deuda, cualquiera hu¬ biera sido el interés pactado, con motivo de los préstamos o créditos pendientes.
1 Prueba elocuente de tal influencia, durante los últimos años, son los elevados índices de quiebras empresarias, la creciente desocu¬ pación, la presión de los candidatos a ocupar empleos públicos y el número pavoroso de ejecuciones judiciales contra deudores "morosos”.
2 Por supuesto que a la motivación señalada —de carácter estric¬ tamente técnico-económico— corresponde sumarle las razones de orden moral, tan o más valederas que aquéllas para justificar la moratoria.
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c) La moratoria deberá incluir todas las deudas docu¬ mentadas, cualquiera sea su origen, contraídas con organis¬ mos bancarios, financieros, empresarios o con particulares, o bien las que se hallaren pendientes de pago con el Estado Nacional o los gobiernos provinciales y municipales de todo el país.
d) A efectos de concretar el “ Censo del endeudamiento interno”, los acreedores privados deberán presentar sus títu¬ los de crédito ante la autoridad correspondiente, dentro del plazo de diez días hábiles desde la entrada en vigencia de la moratoria. Dichos instrumentos de crédito deberán ser sellados e identificados por la autoridad, sin cuyo requisito perderán por completo su validez. Los créditos nacionales, pro¬ vinciales o municipales, así como los de las empresas oficia¬ les o mixtas, si bien no necesitan cumplir con el requisito precedentemente descripto, deberán ser computados en su totalidad, dentro del plazo de treinta días de sancionada la moratoria, a fin de posibilitar el mencionado censo del en¬ deudamiento interno.
e) El “descongelamiento” de los títulos de crédito sólo podrá efectuarse ante las entidades bancarias, atendiendo las causas que en cada caso los originaron y el destino que pre¬ tenda darse a los recursos monetarios que se procuran con el descongelamiento, en cuyo caso la entidad bancaria se subrogará en los derechos del acreedor.
La MORATORIA GENERAL, tal cual ha sido descrip¬ ta superficialmente, aliviará de inmediato la situación de mi¬ llones de personas agobiadas, no sólo por la inflación, sino por la onerosidad relativa que a causa de ella han adquirido todos los "compromisos de pago en cuotas” a los cuales desde hace por lo menos una década se vio obligada a acudir nues¬ tra población, con motivo de la restricción monetaria pro¬ gresiva a que hemos aludido previamente.
Por otra parte, uno de los objetivos capitales de la res¬ tauración económica nacional es el impulso masivo de la producción mediante el crédito ágil y barato; pero tal crédito jamás podría dar los frutos apetecidos de revitalizar inme¬ diatamente nuestra economía semiparálizada, pues todo o
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gran parte del caudal crediticio que se volcara —de no me¬ diar la MORATORIA— iría a parar inexorablemente a las manos de los prestamistas usurarios que desde hace más de una década vienen asolando al país.
Las personas o empresas que tienen créditos que podría¬ mos llamar “legítimos”, o sea que no son el fruto del prés¬ tamo usurario habitual , lo cual no es difícil de acreditar, son las que podrían acudir a los bancos en pos del “descongela¬ miento” de sus títulos de crédito comprendidos en la mora¬ toria, a cuyo fin bastará poner de relieve la necesidad del solicitante y el fin socialmente útil que se dará a los fondos que se procura obtener.
2. REORDEN AMIENTO PATRIMONIAL NACIONAL
El reordenamiento patrimonial habrá de enmendar la gravísima distorsión que ha producido en la distribución pa¬ trimonial, en nuestro país, no solamente el delito económico en su sentido más amplio, sino también la vigencia del libe¬ ralismo, que ha premiado la avaricia e inescrupulosidad de unos y la indiferencia de otros para con los progresivos pa¬ decimientos del país y de sus conciudadanos.
La mención que acabamos de hacer respecto del des¬ pojo monumental practicado por la usura organizada, en per¬ juicio de empresas y particulares, ha dado como fruto según hemos visto que una elevada proporción del Producto Na¬ cional de los últimos lustros haya pasado a manos de una gigantesca banda financiera extrabancaria. Si a ello le su¬ mamos el “festín patrimonial” que han perpetrado en su pro¬ vecho los especuladores, agiotistas, desabastecedores, “vacia¬ dores”, etc., tenemos razón para descontar que gran parte del haber patrimonial de la Nación se encuentra en poder de la “superdelincuencia” que, sin duda alguna, juega un papel protagónico fundamental en el desarrollo del COLO¬ NIALISMO-DESINTEGRADOR, forma contemporánea de la dependencia económica argentina.
La LIBERACION ARGENTINA es incompatible con una estructuración patrimonial legada por casi un siglo y cuarto de vigencia del LIBERALISMO, culminado por un verda¬ dero apogeo del delito económico, el cohecho, la corrupción y todo género de vicios y aberraciones adicionales.
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De manera que podríamos sentar a este respecto una premisa general: todos aquellos que han incrementado en ese lapso, desmedidamente, su haber patrimonial (particu¬ lares y empresas) o que han mantenido incólume un patri¬ monio considerable, o bien han aprovechado las circunstan¬ cias inmorales ofrecidas por el liberalismo a los desaprensi¬ vos, o simplemente han vivido de espaldas a los problemas crecientes de la Nación y a los padecimientos siempre en aumento del pueblo argentino. Todo ello resulta moralmente condenable y debe ser enmendado, pues el poderío patri¬ monial de quienes hoy lo detentan, además de conspirar contra la restauración económica de la Nación que con la LIBERACION se pretende, entrañaría una amenaza latente para los objetivos esenciales de la economía nacionalizada.
Consideramos, desde luego, que todo el patrimonio na¬ cional recuperado DEBE DESTINARSE A LA PROPIEDAD PRIVADA DE MILLONES DE ARGENTINOS, ya que re¬ chazamos de plano cualquier género de “colectivización” o “estatización” como meta del REORDENAMIENTO. Y la re¬ asignación del patrimonio debe tener, además de un cons¬ tructivo propósito social, un fin concreto de propender —a través de dicho REORDENAMIENTO— a alcanzar los me¬ jores y más abundantes frutos en aras de la restauración económica argentina.
El reintegro de bienes al patrimonio nacional, a los fines del REORDENAMIENTO, deberá hacerse en especie y no en dinero. En tanto que las proporciones a reintegrar debe¬ rán ser de carácter fuertemente progresivo, en función de la magnitud del patrimonio. Las empresas, tanto nacionales como extranjeras, deberán sujetarse a este replanteo del patrimonio nacional y en el caso de las sociedades “por acciones", su redistribución deberá servir de base a dicho proceso.
En todos los casos, el REORDENAMIENTO deberá abs¬ tenerse de lesionar en ningún sentido las “unidades econó¬ micas de explotación”, de manera tal que los elevados pro¬ pósitos ético-políticos de este replanteo patrimonial no le¬ sionen para nada o atenten contra los urgentes objetivos de la restauración económica argentina.
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3. IMPULSO DE LA PRODUCCION PARA ALCANZAR DE INMEDIATO LA PLENA OCUPACION:
DERECHO AL TRABAJO
La rehabilitación de la producción nacional estará ins¬ pirada en las siguientes metas permanentes: 1) Racionaliza¬ ción en la utilización de los recursos productivos; 2) Plena ocupación; 3) Estabilidad de precios, y 4) Costos decrecientes.
Para la concreción de la inmediata rehabilitación e im¬ pulsión de la producción nacional el instrumento primordial será la ágil, fluida y generosa (aunque siempre criteriosa) provisión de crédito verificado, vale decir, crédito en que el beneficiario está permanente sujeto a la comprobación del uso correcto del mismo, en relación con el destino para el cual lo solicitara. La infracción a esta norma condicionan¬ te del crédito constituirá una nueva figura del delito de “fraude criminal”, con severa sanción de cárcel, no redimi¬ ble por multa o reintegro de ninguna naturaleza.
La base de la política de crédito a que nos referimos consistirá en el “Inventario global de recursos disponibles, por sectores productivos, a nivel nacional”, el cual deberá ser confeccionado de inmediato y mantenido permanente¬ mente “al día” por las autoridades responsables del mismo.
La adecuada asignación de recursos productivos, por sectores, según la disponibilidad de factores que surja del “Inventario”, y el crédito concomitante, conforme a los des¬ tinos alternativos posibles, deberán tener en cuenta en todo momento las prioridades esenciales en la programación de la producción nacional, cuales son, por ejemplo, las inver¬ siones de infraestructura, la industria pesada y la defensa nacional.
En relación con el tópico prealudido, siempre deberá tenerse en especial consideración la “zonificación de la pro¬ ducción”, en función del federalismo y del regionalismo eco¬ nómico, particularmente porque debemos recordar en todo momento que una de las técnicas más perversas del libe¬ ralismo económico, de inspiración extranjera e imperialista, fue la de lograr el marginamiento permanente de casi todo el interior de nuestro país, para acentuar el "desarrollo eco-
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nómico” del puerto de Buenos Aires y sus aledaños, que era el único que interesaba a los dóciles regenteadores do¬ mésticos de ARGENTINA-COLONIA.
Cumplidos estos sencillos objetivos para rehabilitar e im¬ pulsar nuestra maquinaria productiva, creemos que en los tres primeros años posteriores al acto de voluntad que con¬ crete la LIBERACION ECONOMICA NACIONAL, Argen¬ tina podrá duplicar anualmente el volumen físico de su Pro¬ ducto Nacional, al menos en materia de bienes (de uso, de consumo y de producción). Y que ésta no es una aspiración exagerada lo podemos entender si tenemos presente que el ritmo corriente de nuestra producción no excede del 10 al 15 % de su capacidad actual, como resultado de los turbios y negativos manejos del IMPERIALISMO-DESINTEGRADOR que estamos padeciendo.
Una innovación que creemos importante, con el carác¬ ter de total enmienda de la filosofía económica liberal vigente, es la implantación de los que llamaríamos “DERECHO AL TRABAJO”. En efecto, según aquella filosofía el ordena¬ miento de la producción y el grado de ocupación de los fac¬ tores, incluida —desde luego— la mano de obra, están dados por los márgenes de rentabilidad de las empresas y por el libre albedrío de las autoridades económicas y políticas del país. Y como en nuestro medio, por las razones antes expli¬ cadas, la mayoría de las empresas han dejado de ser “ren¬ tables” y los gastos en obras públicas no pueden ampliarse por insuficiencia de los presupuestos oficiales, ha venido cun¬ diendo la desocupación, a punto tal que hoy debe exceder del millón omillón y medio la cantidad de personas sin tra¬ bajo, solamente en el ámbito de la Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Esta rémora típica del sistema liberal debe desaparecer. Todo argentino, en condiciones de trabajar, tiene que tener asegurada la posibilidad de hacerlo, en base a una remune¬ ración digna y suficiente. Cualquier país que se arroga el derecho de convocar a sus ciudadanos en su eventual defen¬ sa, debe considerarse en la obligación de suministrar a los mismos lo menos que la dignidad humana puede reclamar: trabajo! Solamente bajo la consigna liberal —“SERVIRSE
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DEL PUEBLO”— pueden darse situaciones paradojales de este calibre. Por el contrario, en un país estructurado sobre los principios ético-religiosos del Cristianismo, como el nues¬ tro pretende serlo, la consigna del Estado es "SERVIR AL PUEBLO” y en tal caso, como dijimos, lo menos que puede asegurársele a la ciudadanía es ¡trabajo para todos!
4. INVESTIGACION ¥ DEPURACION DE LA DEUDA EXTERNA
Gran parte de la deuda externa argentina ha sido frau¬ dulentamente contraída o renegociada, en ostensible perjui¬ cio del interés nacional. Y conste que al decir “fraudulenta¬ mente” queremos significar, concretamente, con dolo, con fraude, con simulación; o sea que, lo que se simula adeudar, no es realmente adeudado, porque no hubo una “contrapres¬ tación” que sirviera de justificación y antecedente a la deuda, sino que se trata, por ejemplo, de presuntas importaciones argentinas —al contado o a crédito— que nunca se concre¬ taron. Sin embargo, lo que sí se concreta es la deuda en moneda extranjera que pasa a engrosar la lista de nuestras obligaciones con el exterior.
En otros casos, la simulación se plantea a propósito de imaginarias inversiones extranjeras, basadas en franquicias aduaneras otorgadas por nuestro país y que permitieron a firmas extranjeras recoger pingües beneficios en moneda ar¬ gentina, haciéndolas aparecer como si en realidad se tratara de “inversiones de capital extranjero” í. Sobre tales presuntas “inversiones” se crean derechos de girar “utilidades” y tam¬ bién se acumulan “utilidades no giradas” que engrosan nues¬ tros compromisos con el exterior.
Pero aun la mayoría de las deudas que sí se basan en una contraprestación, como los préstamos financieros, no sólo resultan obligaciones injustificadas, sino que han sido tam¬ bién pactadas en desmedro —y no en beneficio— del país. Obligaciones injustificadas porque el pretexto utilizado para contraerías —aportar capitales para financiar nuestro desenvol-
1 La mayoría de las presuntas “inversiones extranjeras” en nues¬ tra industria automotriz, reconocen este espúreo origen.
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vimiento económico— es absolutamente falso, ya que excep¬ cionalmente y en pequeña escala podemos necesitar créditos o préstamos extranjeros para financiar importaciones indispen¬ sables, pero no préstamos o créditos en gran escala para fun¬ dar en ellos nuestra expansión monetaria, siendo que tal ex¬ pansión no necesita respaldo alguno y sí, en cambio, propó¬ sitos productivos que la justifiquen 2. Y pactadas en desme¬ dro del país porque, al no justificarse en términos de nuestro desenvolvimiento económico, se explican sólo en función del interés de los prestamistas extranjeros, por una parte, y, por la otra, del aprovisionamiento de divisas, o moneda extran¬ jera, para suministrarla a los especuladores y “vaciadores” del país.
Por ejemplo, en nuestro país se han contraído emprés¬ titos extranjeros muy voluminosos para realizar algunas gran¬ des obras públicas, como ser 300 millones de dólares para construir el Chocón. Sin embargo, el 95 % del gasto que de¬ mandaba la represa, hasta su terminación, era íntegramente financiable con moneda argentina: o sea, con pesos como los que se emiten desde hace casi cincuenta años, sin ningún respaldo de oro o monedas extranjeras; por cuanto con ese dinero se paga la mano de obra, argentina, el hierro, el ce¬ mento, la madera, el transporte y otras mil erogaciones, todas de materiales argentinos. Si las turbinas, supongamos, de las represas a instalarse, necesitaban ser importadas, ese costo y no otro (digamos 15 ó 20 millones de dólares) podía nece¬ sitar excepcionalmente “financiación” externa; y estamos se¬ guros que esa pequeña suma la podíamos extraer de nuestras fuentes de ingresos habituales de divisas (vale decir, las ex¬ portaciones argentinas) . ¿Por qué entonces se contrajeron em¬ préstitos extranjeros por 300 MILLONES DE DOLARES EN ORGANISMOS FINANCIEROS INTERNACIONALES? Pues, sin perjuicio del importante interés implícito en los presta-
2 En tiempos del “patrón oro”, con sus relativas exigencias de “convertibilidad” de la moneda, podían justificarse, en determinadas condiciones, los préstamos o créditos externos como base de la expan¬ sión monetaria interna, sea que estos se concretaran en oro o en mo¬ nedas convertibles en dicho metal precioso.
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mistas internacionales 1, simplemente porque esa suma la apetecían los interesados en comprar divisas (en Argentina) al más bajo precio posible, para girarlas al exterior y con¬ cretar así un “éxodo de capitales” que no satisface sino los anhelos del IMPERIALISMO ECONOMICO y quienes ofi¬ cian de sirvientes y cómplices locales del mismo: los econo¬ mistas y políticos liberales.
Así se ha elaborado, particularmente en los últimos vein¬ te años, un endeudamiento externo casi enteramente ficticio y totalmente “inflado”, que en nada ha beneficiado al país y al cual se han prestado, en abierta complicidad, ENTIDA¬ DES INTERNACIONALES DE CREDITO, como el “FON¬ DO MONETARIO”, el “BANCO MUNDIAL”, el BANCO INTER AMERICAN O DE DESARROLLO” y también cier¬ tos bancos extranjeros, como el “EXPORT-IMPORT BANK” de los Estados Unidos, o “consorcios de banqueros” como el “Club de París”.
Con el gravísimo agregado de que tales agencias fi¬ nancieras internacionales, cómplices conscientes en una ma¬ niobra tremendamente lesiva para nuestro país en su es¬ tructura económica y monetaria, al poco tiempo —cuando Argentina ha adquirido ya la fisonomía de “Nación ago¬ biada por sus deudas internacionales”— adoptan la postura de “perdonavidas” y nos dan consejos (o “recomendaciones”) o nos imponen condiciones para suministrarnos “préstamos con qué atender los intereses y amortizaciones de préstamos anteriores” —como está ocurriendo en las actuales circuns¬ tancias- y QUE RESULTAN TREMENDAMENTE PER¬ JUDICIALES Y TOTALMENTE CONTRAPRODUCENTES PARA LAS DIFICULTADES QUE ATRAVESAMOS Y PARA SALIR DEL ATOLLADERO QUE ELLOS MISMOS NOS HAN TENDIDO \
1 En estos casos, el propósito del prestamista trasciende el inte¬ rés específico de lucro, propio de una entidad bancaxia común, orien¬ tándose hacía el control más amplio posible de la economía y de las transacciones internacionales del país deudor.
1 Sobre este tópico en particular, puede verse, W. Beveraggi Allende, El ocaso del patrón oro, EUDEBA, Bs. As., 1969, Cap. VI.
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De ahí que propiciemos nosotros la investigación exhaus¬ tiva y la consiguiente depuración de nuestra deuda externa, pues estamos convencidos de que, como resultado de ellas, la presunta deuda externa argentina se verá reducida a la mitad (¡o mucho menos!), sin perjuicio de permitir así que se des¬ linden adecuadamente las responsabilidades del caso, en este verdadero festín del “COLONIALISMO-DESINTEGRADOR”2.
5. NACIONAIIZACION DEL COMERCIO EXTERIOR ARGENTINO
Hemos explicado, con profusión de datos y circunstancias, la forma en que el liberalismo económico “extranjerizó” nues¬ tro comercio exterior, de manera que al productor argentino sólo le estaba reservado el papel más dificultoso y complejo: el de elaborar los bienes. Más allá de eso, todo quedaba li¬ brado, en última instancia, al comerciante y exportador ex¬ tranjero, quien habría de reservarse para sí y para los meca¬ nismos imperialistas a que él estaba subordinado la “parte del león” en las utilidades.
Y cuando las “Juntas Reguladoras ” o simplemente “Jun¬ tas” (de granos o de carnes, por ejemplo) fueron establecidas para presunto beneficio y defensa de los productores, la con¬ cepción económica y política de nuestros gobernantes libe¬ rales determinó que tales organismos funcionaran, también, al servicio de los intereses extranjeros 3.
En adelante, toda operación comercial con el exterior se¬ rá materia de estricta fiscalización estatal, a fin de garanti¬ zar las mejores condiciones posibles, en los mercados exte-
2 Es simplemente un disparate, técnico y político, la perspectiva de que hablan algunos angustiados con nuestra “deuda exterior” de declarar una moratoria externa. Cómo va a proponerse tal cosa, cuando ni conocemos el monto de la deuda real!
3 Salvo durante breves períodos “de excepción” y con motivo de estar al frente de tales organismos autoridades también de excepción. Otro tanto puede decirse del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), organizado en 1943 y cuyas funciones fueron am¬ pliadas durante el primer gobierno de Perón.
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riores e interno, respectivamente, para los productores ar¬ gentinos.
Dicha fiscalización estará dirigida no solamente a los precios, sino también a las condiciones de venta o compra, identidad del país proveedor o destinatario, y cualquiera otra circunstancia que haga a la mejor defensa del interés, no sólo de los productores locales, sino de la economía argen¬ tina en su conjunto.
Entiéndase bien que el planteo precedente no supone estatizar el comercio exterior, lo cual creemos que no garan¬ tizaría el logro de los objetivos apuntados y sí aumentaría astronómicamente la burocracia estatal, con todos los peligros que eso entraña. Los particulares o empresas, nacionales, serán los encargados de la comercialización, particularmente y sin excepción con el exterior, pero la fiscalización corres¬ ponderá en todos los casos al Estado Argentino.
Nuestro comercio exterior estará en adelante concebido en función del interés social nacional, a la vez que del interés económico general; con ello queremos significar que, prime¬ ramente, habrán de considerarse las conveniencias del país en su conjunto, en materia de consumo y producción, así como de preservación de reservas naturales de recursos pro¬ ductivos (particularmente los "no renovables”), antes que el interés individual o sectorial circunstancial; en segundo tér¬ mino, el interés económico general, deberá ser considerado no solamente en relación con nuestro panorama económico interno, sino también con la posición relativa de los países con que comerciamos y el balance de las conveniencias mu¬ tuas resultantes de las transacciones y decisiones fundamen¬ tales a adoptarse.
Además de las operaciones comerciales propiamente di¬ chas (exportación e importación de mercaderías), todas las transacciones internacionales de las que puedan resultar cré¬ ditos o débitos para la Nación quedarán sometidas a análoga fiscalización, con los fines apuntados.
Será restablecido el “control de cambios ”, a efectos de que el mismo tome la intervención que le es propia en todas las operaciones internacionales, comprando y vendiendo di¬ visas, de manera de asegurar el mejor uso de éstas en función
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de los objetivos económicos y sociales de carácter prioritario; procurando siempre, una vez asegurado el cumplimiento de las metas fundamentales que lo inspiran, la coincidencia de la cotización internacional de nuestra moneda en ambos mer¬ cados, “oficial” y ‘libre”, respectivamente.1
6. NACIONALIZACION DE LOS BANCOS PRIVADOS ARGENTINOS Y LIMITACION DE LOS BANCOS EXTRANJEROS
La principalísima junción a cargo de los bancos —el otor¬ gamiento de crédito con fines productivos— constituye una tarea y responsabilidad que trasciende ampliamente la esfera “privada" y el interés individual o “afán de lucro” que ins¬ piran la concepción de la “banca privada”, de manera que en ningún modo se justifica el mantenimiento de los hasta aquí llamados bancos privados en nuestro país.
Por otra parte, el desempeño de tales bancos en nuestro medio, durante los últimos años y con motivo de los tras¬ tornos económicos y monetarios que son de dominio público y que hemos analizado previamente con bastante extensión, confirma plenamente nuestra aseveración: dichas entidades no se destacaron por ninguna actitud constructiva, ni siquiera por el aporte de alguna idea o recomendación ponderable al gobierno nacional, en función de los intereses generales, sino que se limitaron a lo que era dable esperar de parte de ellas, dentro de la concepción liberal imperante hasta el presente: procurar su propio “negocio” sumándose en la mayoría de los casos al mecanismo usurario. Para cuyo fin tales bancos establecieron “compañías financieras paralelas”, que son des- tinatarias de los fondos prestables de cada uno de ellos, a un interés relativamente bajo, y lesde las financieras proveen crédito a las empresas y a particulares, al mayor interés posible.
Todas las circunstancias, por ende, demuestran la con¬ veniencia y justificación de estatizar el sistema bancario na-
1 Sobre este tema puede verse mi libro, El servicio del capital extranjero y el control de cambios, Ed. Fondo de Cultura, México, 1954.
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cional, de manera que en adelante el único móvil inspirador de estas entidades sea el desenvolvimiento de la economía nacional. En lugar del “motivo de lucro” que hasta aquí ins¬ pirara al banquero privado , muchas veces en desmedro de cualquier otro interés más importante, el otorgamiento del crédito será orientado por el interés general, dentro de una concepción coherente de la evolución económica deseable.
Nadie puede negar que el Banco de la Nación Argen¬ tina fue desde su creación el verdadero motor del notable desarrollo agropecuario del país. Y que una ejecutoria coin¬ cidente —aunque en menor escala— es atribuible a los gran¬ des bancos provinciales, como el de la Pcia. de Buenos Aires o el de la Pcia. de Córdoba. Pues bien, nuestra proposición supone la estructuración de todo un sistema nacional de ban¬ cos que secunde, desde el punto de vista de la moneda y el crédito, los grandes objetivos que habrán de trazar el Es¬ tado y los órganos representativos de todos los sectores de la producción.
7. ORDENAMIENTO DE LA COMERCIALIZACION
Además de los móviles tan reiterados y nunca cumplidos de liquidar tajantemente la “intermediación parasitaria ” y las ganancias abusivas, resultantes del agio y la especulación, el móvil principal de esta meta de nuestro programa de LIBE¬ RACION NACIONAL será el de redimensionar adecuada y racionalmente las “unidades de comercialización” en todo el país. Entre otras cosas, para evitar el desaprovechamiento de esfuerzos y factores productivos; y para evitar la super¬ posición de unidades de venta al menudeo, lo cual inevita¬ blemente redunda en perjuicio de la calidad del servicio y del bolsillo del consumidor.
Para todos estos fines se pondrá en funcionamiento el “Comisariato Nacional de Precios y Abastecimiento”, entidad que tendrá también a su cargo la liquidación de la interme¬ diación superflua y la prevención del encarecimiento abu¬ sivo de los precios en las distintas etapas del proceso de comercialización.
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8. ESTABLECIMIENTO DE UN SISTEMA DE «SEGURO SOCIAL INTEGRAL” EN TODO EL TERRITORIO DE LA NACION
Dicho sistema proveerá a todos los ciudadanos argenti¬ nos de asistencia adecuada, desde el nacimiento hasta la muerte, particularmente en materia de salud, pero en ge¬ neral contra todas las contingencias que hacen a la incapa¬ cidad eventual de las personas, cualquiera sea su origen. El sistema jubilatorio, por ende, pasará a formar parte del sis¬ tema de seguro social , lo mismo que las pensiones graciables de toda índole.
De la misma manera, todos los sistemas de “obras so¬ ciales” de las entidades sindicales serán transferidas al seguro social, al menos en lo tocante a la parte de salud.
Es el propósito de este sistema, no solamente proveer a todos los ciudadanos argentinos de una asistencia adecuada frente a las principales contingencias adversas de la existen¬ cia (incluida, desde luego, la “desocupación temporaria” de cualquier beneficiario), sino también unificar los mecanis¬ mos de asistencia y previsión social, respecto de los cuales no solamente se evidencian una serie de desniveles irritantes, a la vez que una anarquía y dilapidación de recursos, alarmante.
Estimamos aconsejables el establecimiento, como parte del sistema enunciado, de un Banco Social con alcances en todo el territorio nacional, cuya base inicial podría ser la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, estructura que una vez completada y ampliada convenientemente podría ser el eje administrativo de la totalidad de la organización.
9. REORGANIZACION DE NUESTRO SISTEMA FISCAL E IMPOSITIVO
Uno de los objetivos importantes del programa de LI¬ BERACION NACIONAL es sin duda alguna la estructura¬ ción de un sistema equitativo para todos los argentinos, en materia impositiva, ya que el que tiene vigencia hasta ahora, si es que puede llamársele “sistema”, ha sido totalmente re¬ gresivo e injusto, castigando al contribuyente honrado y mo¬ desto y eximiendo, prácticamente, al poderoso e inescrupuloso.
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La mejor demostración de ello es la adopción en los últimos veinte años, casi como una práctica consagrada, de los “ blanqueos de capital”, vale decir, la “legitimación” de capitales ocultados fraudulentamente, con el principal propó¬ sito de eludir cargas impositivas. Y es de destacar el volumen descomunal de fondos “blanqueados” en cada una de las varias oportunidades en que se recurrió al otorgamiento de esa franquicia, mediante el pago de una suma ínfima, y par¬ tiendo de la base de que lo ‘legitimado” era en cada caso un verdadero delito.
Otro de los objetivos a tener en cuenta es el de la sim¬ plificación del sistema impositivo, sin perjuicio de aligerar las cargas que son, no solamente abrumadoras —para quienes las pagan— y totalmente perjudiciales, en nu¬ merosos casos, para el desenvolvimiento económico del país. Obviamente, el pago correcto por parte de todos aliviará las cargas actuales en más de un 50%, simplemente con la su¬ presión de la evasión que, desde hace años, se ha convertido en una de las aventuras colaterales de todos los delincuentes económicos que pululan en el país, al amparo de las insti¬ tuciones liberales vigentes.
Sin perjuicio de la reestructuración del sistema impositi¬ vo, todo el sistema fiscal argentino debe ser reorientado, para adaptarlo a las nuevas miras de un programa de LIBE¬ RACION NACIONAL, particularmente convirtiéndolo en un sostén ágil y eficiente de todo el programa de agresivo de¬ senvolvimiento integral de la Nación.
10. RUPTURA CON EL “FONDO MONETARIO
INTERNACIONAL” Y CUALQUIERA OTRA
TUTELA TECNICA EXTRANJERA
Dado que el objetivo central de la LIBERACION NA¬ CIONAL es el logro sin retáceos de la autodeterminación económica, no deberá admitirse bajo ningún concepto la in¬ jerencia en nuestras determinaciones internas de organismos internacionales y, menos aún, da aquellos que con un pre¬ texto técnico —el recomendarnos medidas para la solución de nuestros problemas económicos— asumen un papel tute-
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lar de nuestras decisiones, las cuales no solamente son la más grosera expresión de nuestra DEPENDENCIA, sino que también han demostrado reiteradamente ser funestas en su aplicación, desde todo punto de vista.
Por otra parte, sería un error suponer que la vinculación con dicha entidad implica para nuestro país un nexo de verdadera significación, desde el punto de vista de un even¬ tual apoyo crediticio para el momento en que se presentaran di¬ ficultades de envergadura en nuestra balanza de pagos o en el cumplimiento de compromisos acumulados, a propósito de nuestra deuda externa.
El Fondo Monetario está concebido como una típica agencia bancaria capitalista liberal : la “asistencia crediticia” está limitada a un múltiplo reducido de lo que cada país contribuye para integrar su capital ; más allá del equivalente de lo que cada país integra en ese carácter, la asistencia queda prácticamente condicionada a que el país solicitante cumpla con las “recomendaciones” del Fondo en lo tocante a su política económica interna; y esta regla, que juega ri¬ gurosamente con respecto a los países de “mediana y peque¬ ña envergadura económica”, no juega para los “grandes”, co¬ mo Estados Unidos de América, Francia o Inglaterra. Por eiemplo, la última devaluación importante de la libra esterlina por parte de este último país, en 1971, coincidente con una importante asistencia crediticia del Fondo, se prac¬ ticó sin que Gran Bretaña realizara las consultas prelimina¬ res estipuladas, ni prestara ulteriormente atención a los cri¬ terios del ente internacional.
Pero más grave que todo ello sería la circunstancia in¬ cuestionable de que la gran organización financiera suprana- cional sinárquica (comúnmente llamada “internacional del dinero” y de neta contextura sionista), que posee una in¬ fluencia determinante sobre las decisiones de los más grandes países (Rusia comunista incluida), ha consolidado también, a través del Fondo Monetario y otras entidades similares, un poderoso margen de injerencia en los asuntos y decisiones internas de los países asociados a él, y a entes afines, bajo la inocente y aparentemente benéfica cobertura de tales or-
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ganizaciones, destinadas a la "cooperación y asistencia finan¬ ciera mutua” en el orden internacional1.
2. Algunas breves consideraciones sobre el “Ordenamiento Revolucionario Económico Nacionalista”
Una de las más difundidas diatribas del LIBERALISMO ECONOMICO (y POLITICO) contra el NACIONALISMO es la de que éste último promueve el "estatismo” y destruye la “libertad económica individual”. Nada más falso y distante de la realidad.
Ni el NACIONALISMO promueve el estatismo, ni cons¬ pira contra la libertad económica. Por el contrario,, afianza la libertad económica y destruye el estatismo, o contribuye a hacerlo progresivamente innecesario.
Para dirimir este punto crucial sería necesario realizar una breve acotación a nuestra exposición, pero juzgamos el tema de tanta importancia y trascendencia, que jamás nos permitiríamos omitirla.
El LIBERALISMO postula una adhesión verdaderamen¬ te dogmática e irrestricta a la libertad económica. Ahora bien, ¿a quién tiende a favorecer ese “tipo” de libertad económica? Pues tal como expresáramos antes, a los más poderosos in¬ tereses financieros internacionales (prestamistas consuetudi¬ narios y banqueros, como la Casa Rostchild, Lazard Freres, Baring Brothers, Morgan, Rockefeller, Schiff, Kuhn & Loeb, etc., pilares hoy —todos ellos— de la organización sionista mundial), vigente desde los albores del capitalismo moderno (segunda mitad del silgo XVIII, en adelante), o a los agen¬ tes locales de tales organizaciones, diseminados por todos los países del mundo en los que existía algo susceptible de “ex¬ plotar” o “someter”. En otras palabras, la libertad para que “el pez grande se coma al mediano y al chico”.
1 Existe abundante y excelente literatura sobre el tema de las com¬ binaciones financieras “supranacionales”. Además de las valiosas encícli¬ cas papales — “Mater et Magistra, Quedragesimo anno”, entre otras— puede verse: Henry Coston, El secreto de los dioses (Con dinero rueda el mundo), Ed. Almena, Bs. As., 1975; Víctor Raúl Scyzoryk, Patria y Política Mundial, Ed. Tercera Teoría, Bs. As., ’974, especialmente pág. 33.
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¿Es compatible dicha ‘libertad” con el estatismo P Des¬ de luego que sí; y no solamente compatible, sino que los in¬ tereses internacionales que se mueven detrás de ese tipo de libertad (o sea, del LIBERALISMO ECONOMICO Y POLI¬ TICO), son los inventores y estructuradores del “estatismo moderno”, en materia económica: un estatismo enteramente al servicio de aquellos intereses, financieros y empresarios, mundiales o “multinacionales”. Pero obviamente tal estatis¬ mo, que favorece la estrategia y los intereses aludidos, es pro¬ lijamente disimulado y orquestado, a través de la “prensa di¬ rigida” a nivel mundial y nacional, de manera que no apa¬ rece como lo que es, sino como prudentes medidas tendien¬ tes a favorecer las economías nacionales o la “economía mun¬ dial”, conforme a los dictados de la preceptiva liberal.
Por ejemplo, toda la mecánica intervencionista del Es¬ tado, o “dirigista”, o simplemente “estatista”, puesta en fun¬ cionamiento desde la crisis de 1930 en nuestro país, obedece claramente a los designios del neo-liberalismo económico mun¬ dial, que no es sino el liberalismo a secas, pero adaptado a las nuevas circunstancias. Decíamos en una obra nuestra, algu¬ nos años atrás1:
“Mientras los países más adelantados y poderosos han evolucionado hacia una coherente y vigorosa acción estatal, que incluye un efectivo planeamiento de su desenvolvimiento económico presente y futuro, así como medidas proteccionis¬ tas de variada índole en sus relaciones internacionales, los países menos desarrollados —o directamente ‘estrangulados’, como el nuestro, por los países imperialistas— han permane¬ cido relativamente fieles al recetario clasico-liberal, y tan sólo tímidamente se permiten buscar ciertas ‘panaceas’ de tipo intervencionista, pero sin dejar de aparecer fieles a un libe¬ ralismo ‘de exportación que las grandes potencias capitalistas siguen imponiendo a sus estados tributarios”1.
1 Economía Política y Argentina, Tomo II, pág. 150.
En una nota al pie de aquel texto, expresábamos: Hablar del im¬ perialismo de los países capitalistas no supone desconocer o delibera- mente ignorar el imperialismo tan o más drástico aún de potencias co¬ munistas, como Rusia, respecto de sus "satélites”.
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Dentro de las características de la economía moderna, con propiedad privada, libre iniciativa y amplias posibilida¬ des de acumulación de capitales y concentración industrial, todas las circunstancias están dadas para que progresivamente el sistema económico marche hacia el monopolio, la compe¬ tencia monopolística y las más variadas “combinaciones” mo- nopolísticas. Si la intervención estatal, en nombre de intereses ético-políticos y sociales superiores y de la sana convivencia no “asume” una función “arbitral” y fiscalizadora, evitando aquellas desviaciones y la consiguiente desnaturalización del sistema que hace posible la verdadera y honrada “libertad eco¬ nómica”, tal sistema se degrada y lleva no solamente a los excesos y vicios antes apuntados, sino a la primacía de las estructuras capitalistas y financieras multinacionales y, desde luego, antinacionales.
Y la degradación que es propia del liberalismo no sólo conspira y arrasa con la “libertad económica”, sino que hace necesario el “estatismo” o sea, la intervención estatal perma¬ nente, económica y política, con características cada vez más ti¬ ránicas no sólo para asegurar la vigencia del “ sistema de¬ gradado”, sino para mantener —a través de los medios de difusión y la “acción psicológica”— una apariencia de “li¬ bertad” que no es sino una caricatura.
Vale decir que el Estado debe “ intervenir ” para ase¬ gurar la libertad’ y eso es simplemente lo que el NACIONA¬ LISMO ARGENTINO se propone, en función de principios ético-políticos —los del CRISTIANISMO—, superiores a cual¬ quier dogma individualista, y también de principios de con¬ vivencia que hacen a la salud económica y social de toda la Nación. De no “intervenir” el Estado, “intervendrán” inexo¬ rablemente los intereses individuales y de grupo más pode¬ rosos, en su exclusivo provecho. Y eso es lo que han venido haciendo, durante la larga permanencia de ARGENTINA- COLONIA y desde la más reciente implantación del COLO¬ NIALISMO-DESINTEGRADOR 2.
2 Ibid, Tomo II, “Introducción” al Cap. XXI y pág. 178.
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CAPITULO VII
ESQUEMA POLITICO DE LA LIBERACION ECONOMICA NACIONAL
1. Del “parloteo político” al Parlamento Económico
El primer aspecto político importante correlativo de la liberación económica nacional es la clara “toma de concien¬ cia’ de que la DEMOCRACIA LIBERAL, además de ser un monumental sofisma, no constituye más que la “cobertura dialéctica”, el “pabellón que oculta la mercadería”, respecto del LIBERALISMO ECONOMICO; mientras que éste con¬ siste simplemente en la estrategia que conviene a los “intere¬ ses creados”, nacional e intemacionalmente hablando, según antes lo hemos explicado.
La mejor prueba de ello la tenemos, por ejemplo, en la Constitución Nacional Argentina de 1853. La casi totalidad de su articulado está destinado a configurar la estructura de los tres poderes —ejecutivo, legislativo y judicial— y las nor¬ mas para integrar los mismos según los cánones de la “sobe¬ ranía popular”. Esta, desde luego, se limita a elegir cada varios años candidatos a algo, sin posibilidades ulteriores de exigir a los elegidos la “rendición de cuentas” respecto de la labor realizada y la fidelidad en el cumplimiento de sus mandatos. Prácticamente todo consiste en un rebuscado an¬ damiaje político, mientras que las disposiciones económicas brillan por su ausencia. Tan sólo algunas libertades y dere¬ chos se enuncian en esa materia, ratificando la ortodoxia li¬ beral (“dejar hacer, dejar pasar”), pero ni un sólo enunciado del cual surja una salvaguardia económica para la Nación, para las provincias, o para el pueblo argentino en su con¬ junto.
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Así nos ha ido: bien de conformidad al molde “consti¬ tucional”. De la ARGENTINA-COLONIA vigente durante más de un siglo (1852-1955), hemos pasado al COLONIA¬ LISMO-DESINTEGRADOR (1955-1176), y si no logramos la LIBERACION ECONOMICA NACIONAL en fecha pró¬ xima, ¡Dios sólo sabe dónde iremos a parar!
Dentro del “páramo” económico constitucional, la im¬ plantación del artículo 14 bis, a través de la reforma de 1949, suena casi a “burla sangrienta”. Bastaría preguntarles a los titulares de los derechos allí garantizados, cómo les ha ido luego de las administraciones económicas de Gelbard, Gó¬ mez Morales, Rodrigo, Cafiero y Mondelli, mandatarios del “gobierno del pueblo”. Y para qué decir, luego, con la del liberal-conservador Martínez de Hoz, no obstante el hecho de que todos pertenecían a gobiernos que juraron solemne¬ mente respetar y defender la CONSTITUCION DE 1853 (y sus complementos).
Una de las grandes lagunas institucionales del país, a la sombra del liberalismo constitucional, es sin duda alguna la no legislación de los delitos económicos. Pero no para allí la “orgía liberal”: en 1961, en un tratado diplomático celebra¬ do entre Argentina e Israel, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, se excluye a los “delitos económicos” entre los que pueden dar lugar a la extradición de los respectivos naciona¬ les.
Toda esa falta de estructuración de las instituciones eco¬ nómicas tiende a una finalidad esencial: dejar al pueblo y a la Nación Argentina sin defensas en este campo tan funda¬ mental. Mientras se le da, sí, a guisa de “entretenimiento”, la facultad de participar en el “conventillo político”, que cuanto más activo esté, mejor habrá de servir como “factor de distracción”.
Y la verdad es que todo lo superfluo que resulta, con¬ forme a la experiencia, el Parlamento político, sería con¬ veniente e indispensable el Parlamento económico, o Consejo Económico-Social permanente, en el cual estarían en todo momento representados los principales sectores económicos de la Nación, cuyas decisiones deberían ser de carácter obligato-
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rio para el Poder Ejecutivo Nacional. Mediante un par de ejemplos, explicaremos el por qué de nuestra proposición.
En el actual Parlamento político no se hallan represen¬ tados sectores (económicos, sociales o de otra índole), sino facciones políticas, conocidas con el nombre de “partidos”, y que pretendiendo representarlo todo, en definitiva y por su misma heterogeneidad —ya que en todos ellos caben los in¬ tereses más contrapuestos—, no representan a nada ni a na¬ die1. Cuando se planteó en la Cámara de Diputados un pro¬ yecto de ley, en 1964, por iniciativa del diputado de Córdoba Héctor Llorens, sobre represión de la usura (que ya para entonces abrumaba a la Nación entera), dicho proyecto — que fue objeto de la más insólita variedad de “despachos” en la Comisión legislativa correspondiente— en definitiva no consiguió la aprobación en el recinto. Vale decir, que, con el sutil pretexto de la “variedad de criterios” que trasuntaban los distintos “despachos”, se concretó un verdadero y vergon¬ zoso sabotaje, a nivel de Cámara de Diputados de la Nación, respecto de un tema “REPRESION DE LA USURA” que la salud moral y económica de la República exigía, no ya que fuera convertido en ley en 1964, sino que hubiera sido mo¬ tivo de especial consideración en la Constitución Nacional, desde más de un siglo atrás.
Pretextos y simulaciones aparte, lo cierto es que los “re¬ presentantes del pueblo”, en función de “partidocracia” , ne¬ garon su apoyo (por amplia mayoría) a un proyecto de ley tendente a condenar una lacra social —la USURA—, compa¬ rable con el tráfico de drogas, la trata de blancas o la per¬ versión sexual, pero infinitamente más difundida que estos delitos y aberraciones sociales y con efectos ya comprobada¬ mente desastrosos sobre la economía argentina.
Otro caso. Hemos visto en las últimas décadas una pré¬ dica bastante activa, concerniente a la “nacionalización” de
1 Hacia fines del “período parlamentario” 1975 podía apreciarse el laberinto de opiniones en que estaba dividido cada partido político, de los muchos representados en ambas cámaras del Congreso, a propósito de la prórroga de la ley de alquileres, por ejemplo, en una nueva ins¬ tancia de “renovación” de la misma, mientras se sigue sin dar ni esbozar siquiera solución al pavoroso problema de la vivienda en el país.
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empresas de servicios públicos, a la vez que concretarse al¬ gunas nacionalizaciones importantes en ese sector: ferroca¬ rriles, energía eléctrica, teléfonos, gas, entre otras. Y hemos visto también en el mismo lapso un verdadero apogeo de mala administración, a la vez que un gigantesco proceso de sabotaje, tanto en las empresas nacionalizadas como en las empresas “nacionales” desde su origen ( YPF , Marina Mercan¬ te, Aerolíneas Argentinas) , por los cuales el “costo operativo” de tales empresas se ha tornado desproporcionado y a veces astronómico (causantes de abultados déficit que se suman al del presupuesto nacional), a la vez que la calidad de mu¬ chos servicios resulta pésima y su costo intolerable para el público.
¿Cuál ha sido, en general, la actitud de nuestro Parla¬ mento político frente al panorama dantesco que acabamos de describir, y que, no ya un senador o diputado nacional, sino el más modesto de los profanos podida ignorar? Pues- ninguna. Absolutamente ninguna. Y no podría ser de otra manera, porque el conglomerado de “compromisos políticos” que ata a cada uno de los integrantes de ese tipo de Parla¬ mento “ partidocrático ” le impide a los representantes del pueblo exigir “economías operativas”, “despido de personal superfluo”, “mayor eficiencia técnica”, “fiel cumplimiento de los deberes laborales”, o cualquiera otra de las medidas que podrían ser conducentes a un saneamiento empresario. Y cons¬ te que al decir “saneamiento empresario” estamos aludiendo a la preservación misma de la empresa como ente nacional , pues el sabotaje intencionado, la más de las veces, está diri¬ gido a provocar un estado de cosas “intolerable”, o sea, la “acción psicológica”, cuyo destinatario es el gran público, en¬ caminada a justificar la “privatización” de la o las empresas nacionales, que es lo que los saboteadores —o quienes los sub¬ vencionan— persiguen1.
1 Es obvio que en estos casos “privatización” equivale a “extran- jerizaeión” o “desnacionalización" de tales empresas, pues solamente las firmas extranjeras o multinacionales, con sólido apoyo financiero, pueden abordar operaciones de esa magnitud.
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Ahora bien, ¿para qué sirve un Parlamento que se abs¬ tiene de votar una ley contra la USURA; o que es incapaz de tomar posiciones frente al panorama de desastre de las “empresas nacionales”; o que se inhibe de hacer nada con¬ creto para evitar la catástrofe provocada por un Ministro Rodrigo, o bien —consumada la catástrofe— de sancionar a ese traidor e irresponsable; y que no se atreve o interesa¬ damente se abstiene de dar una solución categórica y ejem- plarizadora en el “caso ALUAR”, que más que un “proble¬ ma económico” es un atraco contra la Nación; y, por fin, que es absolutamente impotente para aportar una idea o morige¬ rar algunos errores de una política económica oficial que nos ha llevado precipitada y sistemáticamente al abismo y al caos?
Desde luego que para nada. Y si no sirve para nada en ese orden de cosas tan fundamentales para el desenvol¬ vimiento y futuro de la Nación, ¿en qué radica su utilidad y su elevadísimo costo para el país? ¿En el devaneo o “di¬ letantismo” político de “enfrentamientos partidistas” o en la discusión de “pensiones graciables”?
En fin, nuestro país está en la necesidad, ahora más que nunca, de soluciones y definiciones claras, categóricas, con¬ tundentes. Ya ha sufrido bastante las miserias e imposturas de la DEMOCRACIA LIBERAL, así como del LIBERALIS¬ MO ECONOMICO. Y con una copiosa experiencia a cues¬ tas, ya no necesita recibir de pensadores y teóricos extranje¬ ros las directivas para manejar sus asuntos internos. Frente a un mundo convulsionado y por muchos motivos decadente, tampoco necesita guiarse por una pseudo “opinión pública mundial”, orquesta por la “cúpula sinárquica”, que se “raz- ga las vestiduras” cuando el gobierno nacionalista español fusila a cinco extremistas acusados de asesinatos a mansalva, pero que guarda prudente silencio cuando las potencias ca¬ pitalistas impulsan “guerras limitadas” en diversos confines del mundo, a fin de dar salida a sus excedentes de “produc¬ ción bélica’, y mantener así altos niveles de ocupación inter¬ na, o cuando las potencias comunistas efectúan sangrientas purgas y masacres dentro de sus respectivos territorios o en los de sus países satélites.
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De ahí que hayamos llegado a la madurez que exige nuestra LIBERACION ECONOMICA NACIONAL, y a la conveniencia de apuntalar ésta con instituciones políticas ade¬ cuadas y propias, como el Parlamento Económico Nacional , en el cual deberán estar representados todos los sectores fun¬ damentales de la vida y la economía nacional; de manera que en él cada sector plantee con franqueza sus puntos de vista en aras de soluciones efectivas y no, como el Parlamen¬ to político, donde los pseudo representantes del pueblo sigan lsiendo meros “cazadores de votos”, a la vez que instrumen- tadores de la demagogia más desvergonzada y perniciosa para la salud moral y los destinos de la Nación.
Por supuesto que la Constitución Nacional deberá ser reformada, o mejor dicho, abrogada, para suplantarla por una Carta Constitucional rectora e inspiradora de la Nueva Argentina, que será un retoño de la que concibieron y pro¬ curaron alcanzar los verdaderos prohombres de la nacionali¬ dad.
2. “Derechos” y “obligaciones económicas” de particulares y empresas
En el texto constitucional deberán insertarse los derechos y obligaciones fundamentales, tanto en relación con las per¬ sonas físicas o jurídicas, como con el mismo Estado. La ins¬ piración central en materia económica dentro de la concep¬ ción NACIONAL ARGENTINA es la de que todas las par¬ tes ínter cimentes en dicho proceso deben desempeñarse ar¬ mónicamente, con sentido solidario de bien común y de res¬ ponsabilidad social, dentro de la legítima promoción de los derechos personales, familiares y sectoriales.
Dicha concepción rechaza, por ende, los esquemas de “ luchas de clases”, propio del marxismo o socialismo inter¬ nacional y del “ liberalismo individualista”, que es propio del sistema capitalista. La solidaridad nacional y responsabilidad social , que será el eje de nuestro desenvolvimiento futuro se basa en una concepción ético-moral de la convivencia, esen¬ cialmente fundada en el CRISTIANISMO, que es númen
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espiritual de nuestra comunidad política desde sus mismos albores como Nación.
Estimamos que entre los derechos de la persona deben insertarse los siguientes:
a) derecho al trabajo, propio de todo ciudadano argenti¬ no, mayor de edad, cualquiera sea su sexo, y en condiciones psico-físicas de desempeñarlo.
b) derecho a la propiedad privada, con las solas limi¬ taciones que podrá establecer el Estado en aras del interés social y nacional.
c) derecho a los beneficios del seguro social integral, que alcanza a los ciudadanos de ambos sexos, desde su na¬ cimiento hasta su muerte, y que cubrirá todas las contingen¬ cias propias de la incapacidad total o relativa, sea por razo¬ nes de minoridad, salud, o ancianidad, así como las jubila¬ ciones, provisión de trabajo y asistencia social familiar. Las prestaciones del Seguro Social Integral no impedirán la im- plementación voluntaria de servicios análogos por parte de la actividad privada.
d) derecho al salario digno y a condiciones decorosas y salubres de trabajo, debiendo actuar en esta materia como árbitro supremo e inapelable el Parlamento Económico Na¬ cional.
e) derecho a organizarse en “gremios” o “sindicatos” (obreros, empresarios, profesionales, etc.), y a peticionar en nombre de éstos ante el Parlamento Económico Nacional, o bien —según la naturaleza del problema— ante los Jueces económicos.
f) derecho de los sectores laboral y técnico-profesional a participar en la conducción empresario, con vistas a mejorar la organización y los resultados de la producción o la presta¬ ción de servicios, en el interés social, o bien de sus respecti¬ vos sectores, en razón de ventajas alcanzadas en materia de productividad y utilidades.
g) derecho a la vivienda higiénica y confortable, que alcanza a todos los ciudadanos argentinos, mayores de edad,
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y que habrá de ser progresivamente satisfecho, a medida que se subsana el pavoroso déficit habitacional que sufre el país, a cuyo fin se dará preferencia a las familias constituidas, atendiendo el número de hijos, y a los moradores de las zo¬ nas más inhóspitas del país o aquellas en las cuales la Na¬ ción está interesada en promover grupos poblacionales y de actividad económica regional.
Consideramos, a su vez, que deben enumerarse entre las obligaciones de las personas (particulares y empresas), a pro¬ pósito de la actividad económica, las siguientes:
a) cumplir responsable y eficientemente con las tareas inherentes al trabajo de cada uno.
b) poner